MAYORES

Los 70 son los nuevos 50

Muchos jubilados viven dispuestos a no desperdiciar ni un segundo de esta maravillosa fase

MadridActualizado:

Los mayores de hoy son diferentes. Hacen deportes de riesgo, empiezan a estudiar una carrera a una edad muy avanzada, se convierten en voluntarios entregados, son absolutamente innovadores, participativos, digitales, elegantes... Y sobre todo, «son personas a las que les encanta intercambiar conocimiento, sabiduría, y experiencias», tal y como asegura Eleonora Barone, fundadora de mYmO, una entidad experta en colocar el talento senior en las organizaciones del siglo XXI. «La sociedad ha cambiado mucho, pero la palabra "mayor" sigue significando lo mismo. Habría que revisar el vocabulario, y las etiquetas que este conlleva. Hay que ver ahora si son adultos mayores, o senior, y que las mujeres se puedan reconocer en ese discurso o lenguaje del talento». «Ser mayor ya no significa querer estar solo jugando al mus o a la petanca en el parque disfrutando del júbilo de la vida. Lo que necesitan muchos mayores son espacios de integración y de participación».

También las empresas deberían ser conscientes, a su juicio, «de que es ridículo considerar mayor a una persona de 50 años. El futuro pasa por la convivencia de equipos de todas las generaciones, donde haya una transferencia del conocimiento, cosa que no se suele gestionar con mucho acierto». Por eso, concluye Barone, «es crucial favorecer al máximo el intercambio generacional. Tenemos que construir una sociedad todos juntos, de otra forma no llegaremos a ningún lado. Tenemos mucho que aprender de los mayores».

La realidad es que antes la jubilación significaba el fin de la etapa activa de la vida. Hoy, muchos están a pleno rendimiento y dispuestos a no desperdiciar ni un segundo de esta maravillosa fase Es, por ejemplo, el caso de Enrique Fominaya. Este jubilado recorre casi a diario los 70.000 metros cuadrados del recinto que el Museo del Aire tiene en Cuatro Vientos. Se sabe la historia de todas y cada una de las más de 140 aeronaves, así como de los uniformes, condecoraciones, motores, maquetas y otros fondos relacionados con la aviación que allí se muestran. No en vano es, además del secretario general de la Asociación Amigos del Museo del Aire, el formador de los guías que enseñan el centro.

Entregado en cuerpo y alma a su afición

Él mismo acompaña y coordina tanto las visitas habituales como las que los altos cargos del Ejército realizan al centro. Fominaya se levanta todos los días hacia las 6 de la mañana, y asegura que trabaja más horas que cuando tenía un cargo como alto directivo de una empresa del sector médico. «Eso te lo puedo jurar. Antes además tenía secretaria. Ahora no, estoy entregado en cuerpo y alma a todo lo que tiene que ver con las necesidades del museo, cuyo principal fin es divulgar el conocimiento de la Aviación».

Por este hecho, la Asociación ha recibido este año el premio que de forma anual entrega el Ejército del Aire a la difusión y fomento de la cultura aeronáutica. Desde el hangar tres, donde tiene ubicado su particular despacho, este jubilado madrileño dedica todos sus esfuerzos a incrementar los fondos bibliográficos, a tratar de incorporar piezas u objetos de probado valor histórico, técnico y artístico, y a organizar las distintas actividades culturales en relación con la Aeronáutica y Astronáutica. Además de, por supuesto, redactar y editar todo lo que tienen que explicar los guías voluntarios a los nuevos visitantes, «para que todo vaya en una misma línea», remarca.

«Aquí en Cuatro Vientos también restauramos los aviones y algunos fondos museísticos. En este momento estamos trabajando con un avión americano de 1930, Stinson Reliant, un JU-52 y próximamente comenzamos los trabajos en un reactor T-33», relata. Desde el Museo también fomentan las relaciones con otras instituciones equivalentes nacionales y extranjeras. «Yo mismo soy miembro de la Air Force Asociation de los Estados Unidos y del Smithsonian Institute», señala Fominaya.

El Ejército no ha dudado en reconocer la brillante labor de este hombre para nombrarle recientemente como miembro correspondiente del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (SHYCEA). Pero esta pasión de Fominaya por el mundo de la aeronáutica no es nueva. De hecho, él mismo recuerda como su hermano mayor le tiraba desde el radiador de casa «para que aprendiera a volar con apenas dos años». Los derroteros de la vida le llevaron por el camino empresarial, pero en cuanto pudo, no dudó en sacarse la licencia de piloto privado y paracaidista deportivo, salir a surcar los cielos los fines de semana con amigos, sobre todo en una CESSNA 172, a hacer vuelo sin motor, a no perderse una exhibición aérea... «Por eso pienso que no te levantas un día recién jubilado y dices, ¡voy a tener una afición maravillosa! Creo que hay que ir fomentándola desde etapas anteriores de la vida. No es bueno pensar que cuando dejes de trabajar voy a viajar... Si no has hecho turismo antes, a los 70 te dará mucha pereza moverte».

Los nuevos «jubi-ocupados»

Otros, como Ricardo Lage, acuden puntuales dos veces por semana, desde hace ya cinco años, a sus clases de Humanidades en la Universidad de Mayores de los Colegios Profesionales de la Comunidad de Madrid, nacida con el propósito de conseguir que aquellas personas de más de 55 años de edad que así lo deseen tengan la oportunidad de volver a disfrutar del conocimiento.

Lage forma parte de la primera promoción de este centro, y asegura que el 95% de aquellos que comenzaron la aventura con él allá por 2012 no demuestran síntomas de cansancio o aburrimiento. Más bien al contrario. «Esta experiencia nos llena totalmente, porque supone compartir un tiempo precioso con personas con las mismas inquietudes. Es una excelente forma de tener nuevas experiencias y de integrarse, algo que no debería perderse nunca. Volver a estudiar es reengancharse a la vida», advierte este licenciado en Físicas, calificado de muy inquieto por sus compañeros de pupitre.

Ricardo Lage, «estudiante» de la Universidad de Mayores de los Colegios Profesionales de la Comunidad de Madrid
Ricardo Lage, «estudiante» de la Universidad de Mayores de los Colegios Profesionales de la Comunidad de Madrid

Para Lage, con una carrera muy vinculada además al sector del comercio y la empresa, esta experiencia supone una mirada hacia temas en los que no había podido detenerse con anterioridad. «Después de una actividad laboral intensa en otros campos, esta era la oportunidad de completar aquello que entonces se quedó fuera del camino. En mi caso, era toda la actividad humanística. Acudir a la Universidad de Mayores me permite poder avanzar en Literatura, en Historia, en Arte, en Música. En clase tenemos grandes debates de religión, de Filosofía...».

La involucración de este hombre llega hasta tal punto que se ha convertido en el delegado de su curso. «Hace poco me encontré con la sorpresa de que me habían designado delegado vitalicio. Es una responsabilidad pero es cierto que sarna con gusto no pica. El grado de compañerismo es estupendo. Si faltas, no pasa nada», cuenta divertido. Tampoco hay exámenes. «Es verdad que si haces un trabajo, es porque tienes interés personal y quieres investigar, ir a la biblioteca, acudir a internet... Te creas una obligación pero por afición».

Contra la soledad

Personas como Lage son los nuevos «jubi-ocupados», como los define Roberto Salmerón Sanz, decano del Colegio de Filosofía y Letras y Ciencias de Madrid donde tienen lugar las clases. «Son gente que en un determinado momento se plantean disfrutar del conocimiento. El goce estético que plantean estas universidades, sobre todo en su vertiente de Humanidades, es una maravilla». También, prosigue Salmerón, «quieren disfrutar de la compañía. La soledad es una discapacidad emocional importante, porque a determinada edad el círculo se acorta, la gente relacionada con el trabajo se termina, nuestros hijos se dispersan, los nietos los tenemos muchas veces a distancia... pero estas Universidades de Mayores están adaptadas, y van más allá de la salud física y mental. Son actividades que previenen la soledad, con mayúsculas»".