MARTA BALANYA

TDAH: «No sabes lo que es que tu hijo te diga a diario: “Mamá, soy el tonto de la clase”»

En España el diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperatividad tarda dos años en llegar

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«No sabes lo que es que llegue tu hijo todos los días a casa y te diga: “Mamá, soy el tonto de la clase” y que el día en que le dan las notas te pida salir del colegio corriendo». El sufrimiento de esta madre duró dos largos años y terminó cuando por fin llegó el diagnóstico de su hijo Eduardo: TDAH con predominio de Déficit de Atención. «Es verdad que son niños más inmaduros pero, en general, tienen capacidades normales. Edu es divertido, con una imaginación desbordante, y una vocación de servicio a la sociedad impropia para su edad», asegura Mónica. Ella empezó a sospechar en Intantil. «La profesora ya nos advirtió entonces, y nos invitó a mirarle». El jarro de agua fría llegó en primero de Primaria, cuando el niño empezó a leer, y a tener que estar más tiempo sentado en clase. De la psicóloga del cole pasó al psiquiatra y de ahí, por fin al neurólogo, quien optó por la medicación. «Desde entonces todo va mucho mejor en casa».

En España, desde que un niño muestra síntomas del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), hasta su diagnóstico, suelen pasar dos años. Demasiado tiempo, según César Soutullu, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra y coordinador del Plan de Acción en TDAH (Proyecto PANDAH). Máxime cuando la detección, explica, es fundamental para la prevención, la evolución y el manejo del trastorno. «Sin embargo, y aunque es verdad que se ha mejorado, el diagnóstico sigue siendo tardío en nuestro país, donde la edad está entre los 6 y los 11 años. Debería ser en prescolar, o muy al inicio de la escolarización», advierte este experto.

Cribados en el colegio

Para mejorar este aspecto, el informe que Soutullu coordina propone protocolizar a nivel estatal cribados en centros escolares, centros de salud y población con conductas de riesgo (violencia, consumo de drogas, etc.), además de introducir el TDAHcomo parte de los controles periódicos actuales de salud infantil. «Detectando a los pacientes antes podemos iniciar también antes el tratamiento multimodal, lo que equivale a tener la oportunidad de mejorar sus capacidades, desarrollo y calidad de vida», apunta este experto.

La detección precoz de este trastorno es importante, continua el doctor Javier Quintero, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, «porque estamos hablando de un trastorno prevalente que supone un factor de riesgo evolutivo, ya que puede ensombrecer el desarrollo de quien lo padece, aumentando algunos riesgos, como el fracaso escolar, el consumo de drogas en la adolescencia o los trastornos emocionales».

«Hacer las cosas bien —prosigue Quintero- es hacerlas antes. Esto implica aumentar las posibilidades de éxito del tratamiento y reducir la aparición de enfermedades o trastornos psiquiátricos asociados, como el trastorno negativista desafiante, de ansiedad, del ánimo, tics, etc. Por tanto, hay un coste de oportunidad muy claro en función del periodo de diagnóstico».

Según el Comité Estratégico que ha elaborado el Plan, y que está compuesto por más de 200 expertos, los agentes sociales que deberían intervenir en la línea estratégica de detección serían Educación y Sanidad. Los primeros, por la situación privilegiada que tienen los profesores para observar y valorar la conducta y el funcionamiento cognitivo entre niños de la misma edad y el mismo estadio evolutivo. «Después del hogar, es en los centros educativos donde mayor número de horas pasan los niños. El grado de vinculación que se establece entre el cuerpo docente y los alumnos es fundamental. Los educadores ven a los niños en escenarios que los padres no se pueden imaginar ni compartir», explican.

«Un niño conTDAHno es un niño malcriado o contestón, padece un trastorno. Por eso si es atendido, puede llegar a donde quiera», corrobora Marisa Mariana, presidenta de la Asociación Madrileña de Orientación y Educación y miembro del COPOE (Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España). «El problema está en que necesitamos que además de disminuir la ratio por aula, se ofrezca formación a los profesores para que estos no consideren al niño TDAH como el compañero molesto de la clase».

Centro de salud

Los segundos, por la situación privilegiada que tienen especialmente los pediatras y las enfermeras para detectar durante las revisiones pediátricas de salud cualquier cambio o anomalía en la conducta del niño, su rendimiento escolar, gracias también al grado de confianza y vinculación que pueden llegar a establecer tanto con el niño como con sus padres o tutores legales.

En este sentido, recuerdan, la Academia Americana de Pediatría ya recomienda que sea el pediatra el profesional que inicie la evaluación de un posible TDAHen cualquier niño entre los 4 y los 18 años que presente problemas académicos o de comportamiento. «Es en estos controles donde se pueden sospechar y detectar los casos. Pero para ello es necesario que el pediatra esté formado al respecto y sea capaz de investigar en los ambientes en los que se mueve el paciente: familiar, escolar y social. Es preciso saber si son niños y adolescentes impulsivos, si se accidentan en exceso, si si son capaces de seguir instrucciones de principio a fin, si terminan el trabajo escolar asignado, si sus padres tienen que sentarse a su lado para que hagan los deberes, si suspenden, si a menudo son etiquetados como niños vagos, perezosos, muy movidos, desatentos, soñadores... o como los payasos o los graciosos de la clase. Si son chicos que ya cuentan con un historial previo en gabinetes psicológicos... etc.».

El circuito a seguir

El circuito más sencillo propuesto desde el Comité Estratégico de Pandah sería: Una vez detectado el posible caso en el colegio, este deriva el niño al pediatra de atención primaria (habiendo realizado algunos tests previos de pruebas de inteligencia y de atención). El pediatra tiene entonces que decidir si se trata de un TDAH «simple» e iniciar el correspondiente tratamiento, o si se trata de un TDAH con comorbilidades o dificultades diagnósticas. En el caso de presencia de posibles trastornos del aprendizaje (trastorno del desarrollo de lectoescritura), del lenguaje, o problemas médicos como epilepsia o historia de dificultades en el neurodesarrollo, deriva el niño al neuropediatra.

Otra opción para el pediatra, prosiguen estos expertos, sería derivar al niño al Psiquiatra si no hay ninguna de las características clínicas anteriores, o si hay problemas como conducta negativista desafiante, síntomas de ansiedad, depresión... o dificultades especiales en sus relaciones familiares.

El apoyo económico es otro de los aspectos necesarios para mejorar el abordaje del TDAH. Según estos expertos, se ha demostrado que el tratamiento multimodal es el más efectivo para el trastorno. Pero este tipo de tratamiento, que incluye el farmacológico y el no farmacéutico, como terapia psicólogica y psicopedagógica, debe adaptarse a las necesidades de cada caso. Pero este tipo de tratamiento, señala Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH), «requiere unos gastos y una dedicación que no todas las familias pueden permitirse, por lo que el apoyo económico sería de gran relevancia para mejorar los niveles de cumplimiento terapéutico y adherencia de los pacientes».