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¿Pero de verdad sirve para algo leer a Kant?

«La filosofía es el taller de la inteligencia, es nuestra imagen de la realidad, nuestros valores y creencias»

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La noticia de que la filosofía sería eliminada en cuarto de la ESO y en segundo de Bachillerato, siendo sustituida por religión o valores éticos o, en el caso del curso superior, como una optativa compitiendo con religión levantó una gran polvareda social. Algunas voces críticas fueron encaminadas al rechazo frontal que cierta parte de la población tiene contra la religión. Otras, las más exigentes en la cuestión académica, levantaron sus voces porque no parece probable que exista una formación sin haber estudiado un mínimo de filosofía.

A Rafael Narbona, filósofo y profesor de instituto durante muchos años en varios centros de la Comunidad de Madrid, esta noticia le causó consternación «porque contemplo con pesar cómo PP y PSOE han planteado en distintos momentos una materia que, en sus orígenes, era indistinguible de la ciencia. Platón era matemático, Aristóteles realizó la primera taxonomía del mundo natural, Leibniz inventó el cálculo infinitesimal. Filosofía significa amor a la sabiduría».

Es posible que muchos alumnos vean la filosofía como una asignatura ardua, que hay que memorizar, que no interesa. De ahí el rechazo de muchos adolescentes. Pero todo depende, como casi siempre, del docente. «La filosofía es el taller de la inteligencia, es nuestra imagen de la realidad, nuestros valores y creencias», explica Narbona. «No podríamos hablar del bien, de la verdad y la belleza sin la tradición filosófica que nos precede».

¿Por qué es necesaria?

Muchos pueden pensar que estudiar filosofía no sirve para nada sin embargo nada más lejos de la realidad. «La filosofía sirve, por ejemplo, para configurar nuestra personalidad y adoptar un estilo de vida». Esta frase del profesor Narbona tiene la siguiente explicación: La actitud personal de simpatía o rechazo ante una determinada idea forma parte (incluso) sin saberlo, de un planteamiento filosófico. El filósofo nos explica que, por ejemplo, «la democracia es una conquista de la filosofía». Vino dada gracias al nacimiento de la Ilustración. Sin ella, «no habrían surgido las sociedades abiertas y plurales, la constitución de Estados Unidos se elabora con las ideas de dos filósofos: Locke y Montesquieau». Si borramos la filosofía de nuestra vida «nuestra comprensión del pasado y el presente será deficitaria y nuestros proyectos de futuro desperdiciarán siglos de reflexión, experiencia y creatividad», explica el profesor.

El pensamiento de quienes nos precedieron

En este debate no falta quién arguye que poco o nada pueden aportarnos a nuestro día a día lo que pensaron o dijeron personas que vivieron hace cientos o miles de años. Nada más lejos de la realidad. No solo importa, sino que muchos de sus planteamientos vitales siguen hoy día presentes en el pensamiento y preocupación del hombre actual. Por ejemplo, ¿qué puede aportarnos hoy en día un filósofo como Heráclito (535-484 AC), filósofo griego? Más de lo que pensamos ya que él planteó un aforismo que ha sido seguido por muchos filósofos siglos más tarde: Todo fluye, nada permanece, la realidad es un devenir incesante. Sin embargo Parménides (su coetáneo) creía lo contrario, que todo lo que existe es permanente e inmutable.

Según Narbona, «es imposible comprender el siglo XX sin conocer a estos dos filósofos por razones lógicas: Martin Heidegger, una de las mentes más brillantes del siglo XX, afirmaba que los aspectos más importantes del saber ya están formulados en Heráclito y Parménides, pues los dos se preguntan por el ser». «Las ideas de Heráclito influyeron poderosamente, por ejemplo, en Nietzsche y las de Parménides impregnan la tradición órfica, la escuela pitagórica, la filosofía de Platón y el pensamiento cristiano», explica el profesor. Por lo tanto, sus teorías están más que presentes en nuestro día a día. De Heráclito sólo conservamos fragmentos de su obra y una parte del largo poema compuesto por Parménides, que se titula sobre la naturaleza. En esos textos, se esboza una interpretación de lo real que aún está presente en el mundo contemporáneo. ¿Hay algo más allá del mundo empírico? ¿Se agota la realidad en lo inmediato, fugaz y perecedero? ¿Hay algo que sostiene el universo, explicando su origen? ¿Se puede hablar de una armonía oculta?», sostiene el profesor de filosofía.

¿Quién no se ha hecho alguna vez estas preguntas? Una persona puede ser creyente, atea o agnóstica pero para llegar a una conclusión primero tiene que plantearse su existe o no algo más allá de la muerte. Todas esas cuestiones estaban ya planteadas en la filosofía griega.

Kant está de moda

El debate el otro día entre Albert Rivera y Pablo Iglesias trajo de nuevo a Kant a la actualidad. Muchos se preguntarían: ¿Importa leer a Kant? Pues lo cierto es que sí que importa. Si no leerlo, al menos estudiar su filosofía. «Sin Kant, explica Narbona, el mundo actual resultaría incomprensible ya que desmontó la metafísica para hacerle un espacio a la fe. En la Crítica de la Razón Pura (1781-1787) se establece un nuevo paradigma cultural, que delimita claramente la diferencia entre saber empírico y saber teórico. Dios no es un objeto de experiencia, pero su acción se aprecia en la finalidad del universo, que no camina a ciegas». «Más adelante, Einstein suscribió este argumento, afirmando que Dios no juega a los dados. Kant formuló el imperativo categórico, según el cual el hombre siempre es un fin, nunca un medio. Adolf Eichmann citó el imperativo para explicar sus actos durante su juicio en Jerusalén. Su interpretación era errónea, pero el hecho de que recurriera a Kant evidencia su profunda huella en la posteridad», narra el profesor Narbona.

La existencia del Marxismo

La historia del siglo XX, tan convulsa con sus dos guerras mundiales y con la creación de dos mundos radicalmente opuestos tras la finalización de la segunda contienda, no se puede comprender sin haber estudiado a Hegel. Y es que este filósofo fue el maestro de Marx. «Le enseñó que sin guerras, la historia de la humanidad sería una página en blanco. Marx dijo que hasta entonces la filosofía se había limitado a cambiar el mundo, pero que su verdadera tarea debería ser transformarlo», recuerda Rafael Narbona.

Y, desde luego se cumplieron sus expectativas, pues el marxismo cambió la historia, propiciando la revolución bolchevique. En este aspecto el filósofo se muestra racional: «podemos rechazar la dictadura del proletariado, pero no los conceptos de plusvalía, capital fijo y capital variable, valor de uso y valor de cambio. Ningún economista serio puede pasar por alto a Marx, que pronosticó la globalización, si bien se equivocó en su teoría de la acumulación de capital», explica.

¿Debe ser obligatoria la filosofía en la Universidad?

«Sin duda. Nos evitaríamos el bochorno de contemplar cómo dos candidatos a la presidencia de España, son incapaces de citar una sola obra de Kant, pese a sus títulos universitarios. La filosofía no es un saber anacrónico, sino el origen del pensamiento científico, político y moral. El trabajo de un físico o un biólogo expresa una visión del mundo e implica importantes y complejas decisiones de carácter ético. La biología planteará grandes dilemas en un futuro próximo y será imposible eludir sus consideraciones filosóficas. Lo mismo sucede con la Medicina, que interviene en aspectos tan polémicos como el aborto o la eutanasia. Un médico no es una máquina que aplica los recursos de su especialidad, sino un ser racional que somete sus actos al juicio de su conciencia. La filosofía puede proporcionarle las herramientas para clarificar sus ideas. En el terreno del Derecho o las Ciencias Políticas, los conflictos no son de menor envergadura. La Constitución de 1978 establece que el sentido de las penas es rehabilitar, no castigar. Esa idea es puro intelectualismo socrático. Sócrates atribuía el mal a la ignorancia y el bien al conocimiento. Un país democrático no se limita a sancionar, sino que lucha por la reinserción del infractor. Afortunadamente, la UE prohibió la pena de muerte por considerarla inhumana y degradante. Sin la filosofía, no se habría dado ese paso. De los delitos y las penas (1764), de Cesare Beccaria, contribuyó decisivamente a mejorar la administración de justicia en Europa, desterrando la tortura. Conviene subrayar que es la obra de un filósofo ilustrado».

Los políticos (también) se inspiran en la filosofía. Conocerla te puede ayudar a saber qué quieres votar. Todas las fuerzas políticas tienen claros referentes filosóficos. Tal y como recuerda el profesor, «El liberalismo se alimenta de las ideas de Karl Popper (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945), Frederich Hayek (Camino de servidumbre, 1944), Isaiah Berlin. En los años ochenta, la socialdemocracia citaba a Jürgen Habermas, el pensador más destacado de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt. Todos se disputan a Hannah Arendt (Los orígenes del totalitarismo 1951), quizás la politóloga más brillante de la segunda mitad del siglo XX, y George Orwell no está menos solicitado. La izquierda radical está muy anticuada, pues se ha quedado estancada en los textos de Marx y Lenin. Quizás su aportación más original ha consistido en rescatar el valioso legado de Antonio Gramsci, especialmente sus teorías sobre hegemonía cultural».

Sin embargo Narbona se muestra un tanto pesimista con respecto a la clase política ya que, reconoce, «el perfil intelectual de los políticos cada vez es más discreto. No hay figuras como Manuel Azaña, insigne cervantista, genial memorialista y apreciable escritor de novela y teatro. Ahora tenemos profesores universitarios y algún poeta, pero prevalecen los especialistas –abogados, economistas, ingenieros-, con una pobre formación humanista. Quizás por eso inspira tan poco la política. Ojalá volvieran las figuras como Winston Churchill, galardonado con el Nobel por su brillante pluma».