El objetivo del «mindfulness» en niños es reducir el estrés académico y emocional

Lissi Sánchez, directora y docente en el Arte de la Realidad, detalla las ventajas de esta práctica en el entorno escolar

MADRIDActualizado:

La aplicación de la práctica de «mindfulness» en el entorno educativo es una iniciativa que está captando el interés de muchos padres y docentes en España, y que recientemente ha empezado a ser contemplada por los colegios públicos de nuestro país siguiendo el modelo de Holanda, Gran Bretaña y EE.UU. Pero, ¿cómo se plantea esta enseñanza sin que suponga una carga extra para los más pequeños?

La implantación de esta disciplina en las aulas, tal y como se ha venido instaurando con creciente éxito en numerosos países anglosajones, no está planteada como una asignatura separada de las demás. Es decir, en la mayoría de las escuelas no se está impartiendo como una materia independiente del resto, ni tampoco necesariamente como una carga extracurricular a la que hay que dedicar unas horas extras al día o a la semana.

Poco tiempo

A la hora de enseñar esta práctica suele ofrecerse una introducción formal al principio, para que los chicos comprendan el sentido de los ejercicios, y en niños mayores de ocho años incluso son recomendables unas cuantas sesiones específicas, pero lo ideal es que progresivamente pase a formar parte del resto de asignaturas, aseguran los expertos. Más que nada se aconseja que aparezca integrado en el calendario académico de manera natural y continuada. Y si, además, se practica en casa un ratito por las tardes, mejor todavía.

Al fin y al cabo, los ejercicios de «Atención Plena» apenas toman tiempo: consisten fundamentalmente en sentarse a sentir la respiración unos minutos y en prestar atención a las sensaciones que estamos sintiendo en el momento, tanto interiores como provenientes del mundo exterior. Es decir, el «mindfulness» está ideado para que pase a formar parte de la vida cotidiana, dado que busca que nos hagamos conscientes de lo que estamos sintiendo y pensando en el presente de manera constante. Prestigiosos departamentos de neurociencia han demostrado que esta sencilla acción ayuda a reducir la dispersión mental y la reactividad emocional, permitiéndonos a todos (adultos y niños) comportarnos de manera más consciente y tranquila. En el caso de los chicos, puede llegar a convertirse en una herramienta de autoregulación emocional tremendamente eficaz si se interioriza debidamente.

Muchos expertos responsables de la divulgación del «mindfulness» en los colegios recomiendan por tanto que se enseñe de forma integrada, de manera que los niños puedan dedicar un breve espacio de tiempo a sentir su cuerpo y mente al inicio de las clases. Basta con que se concentren en la respiración, se hagan conscientes de su postura y presten atención a su estado interno, para darse cuenta de si se encuentran agitados o dispersos. En el caso de los más pequeños, hay un montón de sencillos juegos que fomentan la atención plena y ayudan a los niños a comprender qué sucede en su mundo interior, momento a momento.

Que no sea una carga extra

Se ha demostrado que estos juegos y ejercicios potencian la concentración de los chicos, pero sobre todo, aumentan su disfrute y curiosidad. El objetivo no es tanto aumentar el rendimiento como ayudar a los más jóvenes a que se comprendan, presten atención al presente y aprendan a relajarse si se notan nerviosos o enfadados. Por eso es fundamental que a la hora de enseñar «mindfulness» el enfoque sea lúdico y divertido, para que no llegue a suponer una carga extra. Esta disciplina busca reducir el estrés académico y emocional con el que lidian los niños; en ningún caso incrementarlo.

La asimilación progresiva del «mindfulness» por parte de los chicos debe, por tanto, entenderse como una labor conjunta de todos los tutores y profesores, así como de los padres. Lo ideal es que llegue a convertirse en una enseñanza integrada en cualquier asignatura, para que pueda transmitirse desde la coherencia y así los niños puedan adoptarla de manera natural, en vez de impuesta. No ayudará mucho que un profesor enfatice la «Atención Plena» si el siguiente la contradice, o si en casa se pone en práctica un modelo pedagógico completamente opuesto al que se enseñó en clase.

Pese a que la adopción de estas prácticas por parte de los niños ha demostrado ser muy positiva y eficaz en un corto periodo de tiempo, tal y como demuestran los estudios elaborados por la organización americana Mindful Schools, los expertos insisten en que para que los chicos puedan interiorizar su sentido lo más importante es el ejemplo de los padres y profesores. Es decir, son los mayores quienes deben formarse primero en esta disciplina, por medio de un curso de iniciación al «mindfulness», para después poder ponerlo en práctica.

La presencia consciente, la compasión, la gratitud y la escucha atenta al alumno o al hijo forman parte fundamental del modelo que deseamos mostrar a nuestros chicos. El mayor obstáculo es, sin duda, el estrés imperante en el que solemos vivir los adultos.