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«No somos una generación perdida, somos luchadores»

ABC reúne a ocho jóvenes abogados para conocer las claves que les han permitido tener una profesión de éxito

Son ocho licenciados en Derecho de entre 26 y 29 años. Esta semana han acudido a la Casa de ABC para compartir sus experiencias y las claves que les han ayudado a lograr un empleo y desarrollar su carrera profesional.

Todos ellos tienen un punto de partida común:terminaron sus estudios en un momento en el que el mercado laboral estaba muy deteriorado. Aún así, estos jóvenes se despiertan cada mañana con la ilusión de ir a sus despachos de abogados. Trabajan en diferentes áreas –mercantil, procesal, fiscal, familia, propiedad intelectual... en prestigiosas empresas. Pero no se sienten afortunados. «Hemos llegado hasta donde estamos porque nos hemos preocupado mucho por formarnos y adquirir conocimientos complementarios –aseguran–. No creemos en la suerte, sí en el esfuerzo».

Es el caso concreto de Rosario Álvarez (28 años), que comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de Córdoba. En cuarto curso decidió hacer las maletas y abandonar la comodidad de su casa para aceptar el reto de terminar su licenciatura en la Universidad de la Borgoña (Francia) y de Montana (EE.UU.). Hoy trabaja en el área de propiedad intelectual, nuevas tecnologías y comunicaciones en Baker&McKenzie. «Realizar los dos últimos cursos fuera de España da un poco de vértigo al principio, pero enriquece mucho porque, además de aprender otros idiomas, me ha permitido madurar, saber desenvolverme por mi misma o conocer gente que me ha enseñado formas diferentes de trabajar». Añade que la profesion de abogado «es una meritocracia». «Si vales tienes que demostrarlo y si lo demuestras vas a triunfar».

En la misma línea se manifiesta Estibaliz Peinado (29 años) que estudió Derecho en la Universidad de Granada y lleva cinco años y medio trabajando en el área de procesal de Uría Menéndez. Asegura que «la suerte es de quien se la merece». «Desde luego que si tienes contactos te pueden abrir puertas, pero si una persona se prepara y lucha, no solo por sacar buenas notas, sino por adquirir una formación diferencial y, además, trabaja duro, las oportunidades llegan».

Estíbaliz Peinado no está de acuerdo con la imagen que se quiere dar de la juventud actual. «No somos una generación perdida. Es equivocado meter a todos en el mismo saco. Hay muchos jóvenes que han hecho una carrera y viajado fuera para formarse mejor. Precisamente, porque es más difícil encontrar trabajo, nos preparamos más. Ante las dificultades es cuando más te creces porque tienes que competir aún más por un empleo y hay que hacerse valer».

«Somos una generación preparadísima que hemos sabido buscarnos formación accesoria por nosotros mismos –coincide Juan González (29 años), licenciado por la Universidad Autónoma de Madrid en Derecho y Administración y Dirección de Empresas–. No somos unos vagos».

Este joven, que trabaja en el área de mercantil de despacho Garrigues, explica que para conseguir un empleo y tener éxito profesional hay que ser muy exigente con uno mismo, buscar la excelencia, ser serio y honesto».

Desde que tenía 10 años, Victoria Jiménez (26 años) soñaba con trabajar en el mundo del Derecho. Hoy es abogada laboral en Deloitte. En su opinión, hay que tener vocación. «Hacer algo que te guste es la clave para triunfar porque si no te atrae tu labor, el trabajo será una carga».

Sin embargo, Miren Bidaguren (29 años) es un ejemplo de que no siempre hace falta tener dicha vocación. Quiso estudiar Medicina, pero decidió dar un cambio radical a su trayectoria profesional. Se decantó por Derecho y Administración y Dirección de Empresas en ICADE y ya lleva seis años en el departamento de mercantil realizando operaciones de fusiones y adquisiciones de empresas en Cuatrecasas. «Aunque el motivo por el que estudié esta carrera no es nada glamuroso, nunca hay que sentir frustración, sino ilusionarse por lo que haces. Somos luchadores, emprendedores y capaces de aportar grandes cosas a nuestro país desde dentro y desde fuera. Sólo el paso del tiempo nos dará la razón».

Los motivos que llevaron a Marta Macho (28 años) a estudiar Derecho y la especialidad económica en la Universidad de Deusto son casi de película. «Me enganché a la serie de abogados Ally McBeal y me di cuenta de que todo el mundo necesita ser defendido en algún momento, y a mi me gustaba hacerlo y estar al lado de los débiles».

Esta joven bilbaina, que trabaja en el área de familia del despacho ABA Abogadas, apunta que la realidad de la abogacía es tan divertida y apasionante como en la serie, «pero también muy estresante», puntualiza. «Es un trabajo en el que se tiene mucho trato con las personas, sus casos, y hace falta aprender a no llevarse a casa sus problemas. Es una profesión de  película y podría escribir un libro con todos los casos».

Marta Gil (26 años), que estudió la doble licenciatura de Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Autónoma de Madrid, trabaja en el departamento de fiscal de KPMG Abogados. Explica que su generación no ha tenido las cosas fáciles para encontrar empleo y reconoce que muchos jóvenes han tenido que irse fuera de España para trabajar, «pero eso es porque somos luchadores y no nos quedamos en casa con los brazos cruzados».

Ignacio de la Fuente (26 años) estudió Derecho y Empresariales en ICADE porque en su familia había escuchaba siempre los casos que contaban su madre y abuelo, también abogados. Actualmente trabaja en el área mercantilista en Gómez Acebo&Pombo. En su opinión, «en la abogacía es fundamental ser una persona honesta porque, más allá de los criterios técnicos que vendemos a los clientes, hay que transmitir seguridad y confianza

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