Familia - Educación

El «mindfulness», una asignatura imprescindible en los colegios

Lissi Sánchez, directora y docente en el Arte de la Realidad, explica la importancia de esta técnica en niños

El «mindfulness», una asignatura imprescindible en los colegios

El estrés es también cosa de niños. Un cerebro en formación no digiere con facilidad el exceso de estímulos, de actividades extraescolares, de los miles de impactos por minuto que brindan las pantallas de nuestro mundo digital o el ritmo impuesto por el estilo de vida de unos padres igualmente estresados. El resultado, en muchos casos, es un joven con dificultades para la concentración, la tranquilidad y la bonita capacidad de relajarse y no hacer nada.

Hace años que se popularizó una técnica denominada «mindfulness» (un término anglosajón que ha sido traducido como «Atención Plena»). Esta práctica desarrolla la habilidad de prestar atención al momento presente, concentrarse únicamente en esa situación, lo que permite reconocer los pensamientos y emociones que emergen en nuestra mente y cuerpo a cada instante.

Numerosos estudios científicos han demostrado que cuanto más presente está una persona en su vida, más se reducen su reactividad y nerviosismo, además de aumentar la curiosidad vital y la paz interior. Se puede decir que es un forma de meditación que han utilizado muchas personas para librarse de su estrés vital. Tal es su aceptación, que hasta se ha llegado a implantar en hospitales como técnica de salud complementaria a algunos tratamientos.

Conocedores de esta técnica, y conscientes de lo beneficiosa que sería para los niños de hoy en día, cada vez son más los padres y profesores que desean formarse en esta práctica para enseñarla a los niños en los colegios.

Su aplicación en el entorno educativo ha tenido un desarrollo muy importante en la última década en otros países. Hasta hace relativamente poco se pensaba que esta práctica era demasiado difícil e «intelectual» para los niños, pero estudios recientes han resaltado su eficacia en pequeños desde los 4 o 5 años de edad, ya que son capaces de desarrollar a su manera una vida interior profunda.

Si el «mindfulness» es bueno para cualquier cerebro en pleno desarrollo, ¿por qué no facilitar este proceso lo máximo posible? Este es el reto al que actualmente se dedican un creciente número de instituciones académicas, profesores y psicólogos infantiles de todo el mundo. El ejemplo más claro está en Estados Unidos, donde esta práctica se está propagando con fuerza en el sistema escolar americano.

En la web de Mindful Schools se ofrecen reveladoras cifras y estudios de este fenómeno y sus efectos en la población escolar. En Europa, su implantación también está en auge: el ministerio de Educación de Holanda ha decidido ofrecer formación gratuita a todos los maestros que lo deseen y, en España, cada vez son más los colegios que lo imparten en sus aulas. Paralelamente, muchos profesores y padres están asumiendo la iniciativa personal de formarse en este sentido.

Contrarrestar el estrés

Sus efectos sobre el cerebro infantil han sido demostrados por numerosos estudios realizados en escuelas de todo el mundo. Los niños que siguen los principios del «mindfulness» son más capaces de gestionar situaciones de estrés y de ponerse en el lugar de los demás, tomando decisiones más conscientes en lugar de dejarse llevar por las emociones conflictivas, ya que parten de una base más tranquila.

Esta práctica aporta una nueva manera de atender y mirar la realidad: despierta la curiosidad, el asombro y la concentración de los niños mediante la atención a lo que está ocurriendo en su mundo interior y exterior. Con ella se podrían contrarrestar los síntomas de estrés que manifiestan muchos niños en la actualidad: inquietud constante, problemas para conciliar el sueño, nula relajación e incapacidad para dejar de darle vuelta a los problemas.

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