Peño es Premio Nacional a la Excelencia Artística por la Asociación Española de Críticos de Arte - E. Agudo/ D. García
Jóvenes promesas

«La mayoría de vocaciones nacen a través de la educación y, por eso, hoy estamos algo escasos»

Gregorio Peño (32 años) es Premio Nacional a la Excelencia Artística por la Asociación Española de Críticos de Arte

MadridActualizado:

Gregorio Peño recuerda que de pequeño le tocaba ayudar en verano a su padre en el taller de artesanía, algo que no le hacía mucha ilusión. 

—¿Qué pasó en su vida para que apreciara el valor de la creación artística?

—Recuerdo que los trabajos de verano que hacía de adolescente en el taller familiar de mi padre, con 150 años de tradición, estaban dirigidos a la producción en cadena, lo que me resultaba un poco tedioso aunque siempre aprendía algo. Fue a través del contacto con el mundo artístico de Madrid durante mis estudios cuando empecé a tener claro que quería ser escultor.

—¿Al final ha encontrado su verdadera vocación?

—Más que vocación yo lo llamaría pasión. Ser escultor no es algo predeterminado en mi mente desde que nací. Comencé a querer ser artista cuando empecé a emocionarme con lo que hacían otros. Con el tiempo se ha convertido en una obsesión, en una forma de vida.

 —¿Cree que son hoy los jóvenes vocacionales?

—He podido observar en la gente de mi generación que la vocación es algo que tan solo unos pocos tienen desde pequeños. La gran mayoría de vocaciones nacen a través de la educación y, por eso, en la actualidad estamos algo escasos. Desde mi punto de vista se debería poner más hincapié desde el colegio en un tipo de enseñanza que motive al alumno al aprendizaje. Hay buenos profesionales que lo consiguen, pero hay otros que no deberían tener esa responsabilidad.

—Por su trayectoria de éxito ha demostrado que, incluso, viviendo en un medio rural se puede llegar a ser un profesional destacado. ¿Cree que los jóvenes se ponen a veces demasiadas excusas para no intentar conseguir una meta?

—Lo de ponerse excusas es algo que va innato en el ser humano. Si algo he aprendido es que, como me dijo hace tiempo un amigo: «el trabajo siempre paga». Lo de trabajar en un entorno rural puede tener varias lecturas. Por un lado estás algo aislado de círculo artístico de la capital –aunque son frecuentes las visitas que hago a Madrid–, pero lo positivo que me aporta es la tranquilidad para trabajar, que me permite tener un discurso interno más puro ajeno a muchos factores externos innecesarios.

—¿De dónde se saca la capacidad de esfuerzo? ¿Es papel de la familia inculcarlo?

—Hay una relación directa entre la capacidad de esfuerzo y la tolerancia al fracaso. Estamos en una sociedad que concede demasiada importancia al éxito. Sin embargo, nos tendrían que enseñar desde pequeños que es a través del fracaso donde reside la clave para alcanzar las metas que uno se propone. Esto me ha costado tiempo aprenderlo, pero es básico. Por otro lado, en mi caso el apoyo familiar ha sido fundamental. Tener un respaldo y sobre todo gente que cree en ti cuando las cosas no han ido del todo bien, ha sido y sigue siendo esencial en mi carrera.

—¿Qué es lo más difícil de su profesión? ¿Y lo mejor?

—Lo más complicado quizá sea hacerse un hueco en un mundo tan difícil y poblado como es el del arte. Lo mejor, sin duda, es la creación. Ser capaz de trasmitir emociones, ideas, conceptos a través del objeto artístico es algo que no deja de sorprenderme.

—¿Qué han significado en su carrera los premios a nivel nacional e internacional que ha recibido en los últimos años?

—Un efecto muy reconfortante. Me han dado confianza afianzando mis primeros pasos. Además, gracias a exposiciones como la que tuve en la GIC Biennale de Corea del Sur, entre otras, he tenido la posibilidad de crecer a nivel personal gracias al conocimiento de otras culturas y el contacto con compañeros de todo el mundo.

—Su obra escultórica, aún con carácter contemporáneo, está realizada con un material que utilizaban sus antepasados. ¿Cuál ha sido su motivación para usar arcilla como forma de expresión?

—Al principio empecé a trabajar con la arcilla por ser un material que conocía y sabía de sus posibilidades plásticas para la creación artística pero, con el paso del tiempo, tengo claro que también ha sido la cerámica la que me ha elegido a mi. En mi discurso conceptual hay veces que yo dirijo al material y otras que es la propia materia la que me marca el camino a seguir. La cerámica es un material idóneo para expresarse. La razón por la que no es muy común en el mundo del arte es por sus complicaciones técnicas, ya que requiere de un gran esfuerzo de investigación.

—¿Qué proyectos tiene ahora entre manos?

—Lo más urgente es mi participación en ARCO Madrid 2016 donde se podrán ver algunos de mis últimos trabajos en el stand de la galería Michel Soskine. Tengo otros proyectos aún no cerrados de exposiciones individuales y de la edición de un libro donde se recogerán imágenes la obra y textos de los últimos años.