El padre Luis de Lezama, fundador del Colegio Santa María La Blanca (Montecarmelo, Madrid)
El padre Luis de Lezama, fundador del Colegio Santa María La Blanca (Montecarmelo, Madrid) - ISABEL P. PERMUY

Luis de Lezama: «La educación española no tiene por qué mendigar fuera lo que tiene dentro»

Este sacerdote es el fundador del colegio madrileño Santa María La Blanca, uno de los 50 más innovadores del mundo

MADRIDActualizado:

Luis de Lezama no es un cura al uso, ya que tiene tras de sí una activa y exitosa faceta empresarial. Fundador del famoso restaurante la Taberna del Alabardero (Grupo Lezama), y uno de los precursores de la cadena COPE (con un Ondas en 1972 al mejor programa religioso), está ahora dedicado en cuerpo y alma a la educación. Con su voz de locutor de radio que fue va explicando en qué consiste el método educativo que sigue el colegio que fundó en 2008 y al que cada cierto tiempo llegan grupos de profesores del Norte de Europa dispuestos a descubrir cuáles son sus secretos. «No hemos hecho magia, ni hemos inventado nada. Si acaso, la innovación está en la variedad de nuestros alumnos y sus profesores. Pero los nórdicos que nos visitan son los más motivados y trabajan sobre realidades como la nuestra, no sobre futuribles», reconoce el padre, también presidente de la Fundación Lezama, y autor del libro «La escuela del futuro» (PPC), donde explica en qué consiste el sistema educativo del colegio Santa María La Blanca que preside.

Este centro ha sido señalado como uno de los 50 más innovadores del mundo, y como un caso de éxito por la OCDE. Siguen el sistema EBI, creado por la Fundación Iruaritz Lezama, que propugna el uso de la tecnología como parte del proceso educativo, un modelo integrador con planes de estudio personalizados y, lo que es más llamativo, una autoplanificación del trabajo por parte de cada alumno.

—Los datos de su colegio demuestran que en España no se hacen tan mal las cosas.

Siempre lo digo: la educación española no tiene por qué mendigar fuera lo que tiene dentro. Es como aquel pobre que pasó años suplicando ayuda hasta que pasó un hombre y le dijo: «En vez de mendigar, ¿por qué no abres la caja sobre la que estás? El paisano llevaba toda la vida sentado en una caja de oro. Pues eso mismo es la educación española: una caja llena de oro por descubrir.

—A su juicio, la clave del éxito de su colegio está en la forma en que los profesores «diagnostican» las lagunas o las habilidades de cada niño. ¿Cómo logran este cometido?

—Teniendo como objetivo una educación personalizada, donde el educador lo primero que haga es tomar conciencia de la diferencia de su alumnado, y donde se trabaje la diversidad con todo su potencial. Estos profesionales tienen muy en cuenta que el alumno es el centro del aprendizaje. Es verdad que la adquisición de conocimientos puede ser más lenta o más rápida de unos alumnos a otros, pero al final todos llegan.

—¿Qué diferencia a los profesores del Colegio Santa María La Blanca de otros centros escolares?

—Este sistema es muy exigente con ellos, por eso necesitan ser profesionales súper implicados, que conocen cómo hacer del aprendizaje lo más importante, cómo promover la interacción y cómo hacer del colegio el lugar donde los estudiantes van a entenderse a sí mismos como personas que están aprendiendo. Son personas que confían en que la adquisición de conocimiento es social y colaborativo, y también que saben estar en enorme sintonía con las motivaciones de los alumnos y la importancia de sus emociones.

—¿Cuáles son, según usted, los principales fallos del sistema educativo español?

—El primero es generacional. A un niño de la época digital no le puedes educar con un sistema de hace treinta años. Los maestros hablan en un idioma que a los muchachos no les interesa. El segundo, la lucha pedagógica existente: hay un exceso de titulitis que luego no se traduce en trabajo. El tercero es que muchos colegios católicos están creados por fotocopia, cuando existen nuevas necesidades de instrumentos pedagógicos. El cuarto es que, en el caso de los públicos, están perdidos en controversias ideológicas. Y el quinto es un malgasto de dinero público.