La profesora Beatriz Arbide en una sesión mindfulness con los alumnos del Colegio Público Rufino Blanco - Belén Díaz/ Rodrígo Muñoz
Mindfulness

La «gimnasia mental» se hace un hueco en los colegios

Sus beneficios: mejora la concentración, el aprendizaje, el control de las emociones, reduce el estrés, la depresión...

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Son las nueve menos diez de la mañana. Los 25 niños de cuarto de Primaria del Colegio público Rufino Blanco (Madrid) van entrando en clase y se saludan efusivamente mientras colocan sus mochilas. El murmullo va tomando intensidad, al igual que el continuo arrastrar de las sillas y mesas mientras se colocan en su sitio. Un sorpresivo «¡Good morning!» por parte de Beatriz Arbide, profesora de inglés, les da la bienvenida y les sirve de señal para saber que deben sentarse ya.

Para calmar la inquietud con la que parecen comenzar el nuevo día, una melodía de piano comienza a invadir el aula acompañada de un suave sonido del ir y venir de olas. Un mar de sosiego parece inundar el ambiente.

La maestra pide a los niños que den palmas cuando ella cuante 1, 2 y 3. Así mantiene su atención
La maestra pide a los niños que den palmas cuando ella cuante 1, 2 y 3. Así mantiene su atención

La profesora pide a todos que se sienten rectos y respiren profundamente. «Ahora contaré hasta tres y daréis tres palmadas: 1, 2, 3». Ellos obedecen la indicación. Atentos se afanan por percibir cuando llegará la nueva orden. «1, 2, 3». Más palmas.

Les pide que cierren los ojos y sientan "algo" que les va a poner en sus manos
Les pide que cierren los ojos y sientan "algo" que les va a poner en sus manos

Tras varias secuencias de palmadas, la maestra les indica que cierren los ojos y pongan las mano hacia arriba. «Os voy a colocar “algo” sobre ellas. No es un juego de adivinanzas, no hace falta que adivinéis qué es. Simplemente tenéis que tocarlo suavemente para notar su textura, temperatura, forma... Podéis acercarlo a vuestra nariz para ver si huele, al oído por si suena...».

Pueden olerlo...
Pueden olerlo...
Colocarlo cerca del oído por si suena, en la nariz por si huele...
Colocarlo cerca del oído por si suena, en la nariz por si huele...

La profesora deja unos instantes para que experimenten sensaciones. «Ahora, lentamente –dice casi susurrando–, podéis ponerlo dentro de la boca y, sin masticar, acariciarlo con la lengua y el paladar. Muy despacio –recalca– podéis clavarle los dientes y notar cómo sale su jugo para sentir su sabor como si fuera la primera vez que lo hacéis». Pasan unos instantes. «Ya podéis abrir los ojos».

Muy despacio pueden masticarlo para sentir su sabor de forma intensa
Muy despacio pueden masticarlo para sentir su sabor de forma intensa

Como si de un pequeño despertar se tratara, los niños sonríen y algunos aseguran «¡sabía que era una uva!». Beatriz Arbide les pregunta qué han sentido. Juan se apresura a levantar la mano: «a mí no me gustan las uvas, pero al concentrarme he notado en las papilas gustativas que están buenas». Victoria añade que come uvas muchas veces viendo la tele, pero que no se da cuenta muy bien de a qué saben, pero hoy sí. Manuel explica que ha notado que tienen más sabor que cuando se las come rápido una detrás de otra. «Es decir... –irrumpe la profesora– que cuando nos concentramos percibimos mejor las cosas, ¿verdad?», asegura mientras la clase asiente.

Todos han podico percibir con detalle el sabor de la uva al estar concentrados en ella
Todos han podico percibir con detalle el sabor de la uva al estar concentrados en ella

Esta experiencia apenas ha durado cinco minutos. Lo que acaban de hacer es una de las muchas formas de realizar una sesión de mindfulness, una iniciativa que emprendieron en este colegio hace dos años. «El origen de estas prácticas está en técnicas de meditación orientales que un médico americano, Jon Kabat-Zinn, empezó en los 70 a implementar en pacientes del hospital de Massachusetts –explica Susana Cruylles, psicóloga clínica y terapeuta de familia–. Los pacientes recuperaron su bienestar, redujeron su estrés y su salud mental y física mejoró. Desde ahí se extendió al mundo de la educación».

«Estar» aquí y ahora

El mindfulness, tal y como cuenta esta experta, es la tarea de «no hacer», sino de «ser», «ayuda a estar aquí y ahora, a mejorar la atención, regular las emociones, reducir el estrés a través de ejercicios de respiración y estiramientos».

Los docentes del Colegio Rufino Blanco aseguran que esta práctica es muy beneficiosa. Los niños también. «A mi me sirve –dice la pequeña María– para relajarme cuando me enfado. Me voy a mi habitación, respiro, cuento hasta diez... y se me pasa». Gloria añade que respira hondo y le ayuda a concentrarse en sus estudios.

Estas sesiones duran entre cinco y siete minutos porque mantener más tiempo una atención tan grande en niños no es fácil. «No es una asignatura, sino una herramienta del profesor que ayuda a que los alumnos saquen mayor provecho de ellos mismos en clase y en su vida diaria –apunta Arbide–. Lo practicamos en diversos momentos del día: cuando están muy alterados, al regresar del patio, antes de un examen... Al principio les daba la risa, pensaban que lo que hacían era una tontería, pero después empezaron a ser conscientes de que la atención se les escapa y que pueden hacer que vuelva. Aprenden, además, a reconocer su estado emocional y controlarse. También les ayuda a relacionarse con los demás porque fomenta la amabilidad».

Sentir emociones

Ester Calvete, profesora de Psicología de la Universidad de Deusto, asegura que es muy positivo que los colegios ofrezcan estas herramientas porque los seres humanos estamos continuamente sintiendo emociones. Explica que «hay estudios internacionales muy rigurosos que demuestran que estas técnicas mejoran el bienestar y reducen el riesgo de depresión y los comportamientos agresivos». Añade que «todos tenemos un rasgo de mindfulness más o menos desarrollado que favorece la habilidad para mantener la atención sin interferencia de otros pensamientos. Quienes lo tienen más potenciado padecen menos ansiedad y, en definitiva, son más felices».

La manera de implementarlo, según Susana Cruylles, sería «introducir clases de mindfulness como parte del currriculum escolar, por ejemplo dos veces por semana, para posteriormente aplicarlas todos los días durante la jornada escolar, con 20 minutos o media hora, según la edad de los escolares. Lo ideal es que los profesores del colegio se formaran en esas técnicas de “gimnasia mental” porque conocen a los alumnos y las sesiones serían mucho más favorecedoras», concluye.