EDUCACIÓN

El estrés ante un examen afecta a niños cada vez más pequeños

Esto es lo que aconsejan los expertos hacer o evitar ante la proximidad de un examen

El estrés ante un examen afecta a niños cada vez más pequeños

Dolor de estómago, problemas para dormir, falta de apetito... Los síntomas de ansiedad ante un examen, típicos de la época universitaria, aparecen cada vez a edades más tempranas. Esa es la percepción del profesor la Universidad de Córdoba y autor de «Todos los niños pueden ser Einstein» y «Tu hijo a Harvard y tú en la hamaca», Fernando Alberca. Para este asesor experto en rendimiento escolar, las razones son múltiples, y habría que buscarlas en que los estudiantes de Primaria y de Secundaria de hoy «aprenden mal, de una forma que no facilita la memoria ni la redacción y tienen un alto miedo al fracaso que les genera altos niveles de ansiedad y problemas para expresar lo que saben, llegando algunos a quedarse en blanco». Además en la actualidad los niños, añade Alberca, «son más sensibles a la ansiedad. Digamos que este sentimiento es algo normal pero ellos tienen menos recursos para combatirlo y sus efectos tienen más consecuencias ante cualquier prueba que suponga un fracaso».

Junto a estos motivos, la psicóloga especialista en asesoramiento académico Sagrario López Ortega, autora de «No pierdas los nervios en los exámenes», enumera cuestiones más físicas -que no tienen que ver directamente con la capacidad cognitiva del alumno-, pero que son a su juicio igual de importantes en cualquier etapa educativa, como son «tener una buena alimentación o un descanso adecuado antes de realizar un examen».

Las distintas etapas

Para López Ortega, una buena forma de afrontar situaciones de este tipo y de reducir en gran medida el estrés que provoca un examen pasaría «por adquirir en primer lugar, y cuanto antes mejor, un hábito de estudio diario y de dominar unas técnicas de estudio adecuadas (de lectura, comprensión, subrayado, anotación al margen, esquemas, resúmenes o mapas conceptuales). Con esto se reduciría en gran medida el estrés ante un examen».

En los doce días previos a una prueba importante, Alberca recomienda que el niño vaya estirando los músculos, (la espalda, los brazos, las piernas y los pies) y que intente imaginarse en el examen de la forma más realista posible, «visualizando hasta la temperatura o los sonidos». Justo antes del test este profesor aconsejable beber agua y realizar diez respiraciones hondas para rebajar el nerviosismo y durante la prueba, no leer todas las preguntas de golpe, sino solo la primera e ir contestando poco a poco. «Mejor es ir despacio sin equivocarse, que volver a revisar y rectificar», concluye este.

RECOMENDACIONES A SEGUIR

Estos son los consejos del profesor Fernando Alberca:

Qué hacer previamente:

1. Estudiar con esquemas que nos permitan fijar bien en nuestro cerebro un itinerario con el menor número de palabras posible en el que movernos al responder la pregunta: solo ideas, no oraciones completas.

2. Repasar esos esquemas, para tener una idea de qué cinco o seis ideas desarrollar al menos en cada pregunta que entra en examen.

3. En los doce días previos, ir estirando (tensar y destensar) nuestros músculos desde el cuello, la espalda, los brazos, las manos, las piernas, los pies. Hagamos esto varias veces al día: cuatro al menos.

4. Imaginarse en el examen, imaginar la escena con el mayor realismo posible, vacío de emociones, imaginando por tanto solo las sensaciones de temperatura, lo que vemos, tocamos, primero evitando imaginar lo que oímos. Cuando ya estemos bien situado en lo que imaginamos respecto al lugar (vista y tacto), después de haberlo imaginado durante uno o dos minutos, entonces añadir a lo imaginado lo que creemos que oiremos: sonido ambiente durante el examen, antes de llegar al aula de examen incluso. Imaginarse entonces leyendo las preguntas y sentir la sensación de que te las sabes. Imaginar que comenzamos a contestarlas sin dificultad, que terminamos cómodamente y que cuando sale la nota es brillante. Hagamos esto varias veces al día: cuatro al menos.

5. Desayunar bien ese día: Además de lo que queramos, fruta especialmente rica en azúcar y agua (naranja, por ejemplo) o si el examen es muy temprano, también plátano.

6. No repasar nada al menos cuarenta minutos antes del examen. Hacerlo aumenta la ansiedad y en tal tensión lo que se ve, apenas se graba. Es más lo que se enturbia a la memoria, que lo que se aprende y graba, y el nerviosismo crece.

Durante la prueba

1. Beber agua antes de empezar al examen. Ayuda a rebajar la ansiedad, el nerviosismo.

2. Antes de leer la primera pregunta, respirar diez veces profundamente por la nariz, expulsando el aire por la boca. Este ejercicio sirva para relajarse y también para que más oxígeno llegue a la cabeza. El oxígeno es parte importante del combustible del cerebro que contesta el examen.

3. No leer todas las preguntas, sino leer sólo la primera y contestarla, sin pararse, pero despacio. A la mayoría de personas le conviene no repasar. Mejor es ir despacio sin detenerse ni equivocarse, que volver a revisar y rectificar. Si se leen todas las preguntas y no se saben nuestro miedo a fracasar aumentará y el nerviosismo y sus efectos, con él. E incluso si leemos todas las preguntas y nos la sabemos, la ansiedad crece al saber que podemos aprobar, pero ver aún el folio en blanco, la ansiedad aumenta, el nerviosismo y tenderemos a contestar lo más esquemáticamente posible para avanzar cuanto antes, por temor a que se olviden las respuestas. El resultado es también mucho peor de lo que correspondería a lo que sabemos. Si no miramos las preguntas, al encontrar una difícil o que no dominamos siempre nos cabrá pensar que habrá después otras en las que sí subamos nuestra nota en el examen.

4. Si es tipo test y restan los errores, contestemos leyendo una a una solo aquellas cuya respuesta sí conocemos o estamos casi seguros. No las cambiemos salvo que veamos nítidamente por qué nos confundimos antes. Dejemos las demás si han pasado el número que consideramos suficiente.

5. Escribamos con dedo y medio de márgenes por los cuatro lados del folio y sin tachar (si rectificamos, hagámoslo con una sola línea y dejando el error entre paréntesis).

Después de la prueba:

1. No mirar el resultado. No preguntar a nadie. Olvidarse hasta que salga la nota. Lo hecho no ha de preocuparnos ya.

2. Imaginar que sacaremos buena nota, nos haya salido bien o no, y olvidarse hasta que se publique el resultado.

3. Si el resultado demuestra que hubo errores, aprendamos lo no sabido. Si no hubo grandes errores y fue cuestión de mala suerte, hemos de olvidarnos. Siempre hay un examen futuro que nos espera y al que hemos de dedicar nuestra atención, nunca al pasado.

Toda la actualidad en portada

comentarios