Carmen Durán acaba de publicar su último libro "Benevolencia. El camino del corazón»
Carmen Durán acaba de publicar su último libro "Benevolencia. El camino del corazón» - Maya Balanya
Familia

«Es muy difícil conocerse a sí mismo, al intentarlo surgen aspectos ocultos que nos incomodan»

La psicóloga Camen Durán defiende que hay que fomentar valores como la comprensión, la compasión o el respeto

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Carmen Durán considera que la benevolencia –querer el bien para uno mismo y para los demás, aceptar plenamente a alguien, no juzgar, no condenar ni a los demás ni a nosotros mismos–, es una capacidad del ser humano que pierde fuerza en nuestra sociedad. «Por eso decidí escribir mi último libro: "La benevolencia. El camino del corazón", con el objetivo de concienciar sobre su importancia de este asunto para poder vivir en un mundo mejor».

Explica que todas las personas tenemos la capacidad de ser benevolentes, «lo que ocurre es que la educación actual no la potencia, se inclina más por fomentar la competitividad, por quererse bien a uno mismo, sí, pero solo de forma muy egocéntrica».

¿Cómo se puede cambiar este enfoque, que cada vez es más patente?

La primera escuela para un niño es la familia, aunque se requiere una acción conjunta de centros escolares y padres. Estos deben tener conciencia de que no es tan importante que su hijo sea el mejor de la clase como que sea feliz y desarrolle valores humanos de solidaridad, de compasión, de compresión... Lo que ocurre es que, a veces, el narcisismo de los padres y el desear que los hijos alcancen las metas que ellos no lograron interfiere y ejerce una presión muy grande.

¿Qué consecuencias tiene este empeño de los padres?

Que sus hijos se crean el centro del universo y no vean ni valoren a nadie más en su entorno.

¿Es un reto imposible formar alumnos benevolentes? ¿Cómo se vende ahora que no formen al niño más listo, sino al más feliz?

Cada vez más escuelas toman cierta conciencia y ponen en marcha prácticas que fomentan la cooperación. Con ellas, además, los problemas de violencia escolar se solucionan mejor porque los alumnos trabajan unidos, en equipo. Pero para ello, insisto, hace falta mayor concienciación del mundo docente.

«Cambiar las condiciones de vida, en realidad no sirve de nada si una persona no cambia internamente»

Para quererse más a uno mismo hay que hacer una reflexión profunda hacia el interior del propio ser. ¿Por qué cuesta tanto este ejercicio?

Hay quien dice que el conocimiento de uno mismo nunca es una buena noticia. Y tiene parte de razón. Es muy difícil conocerse a uno mismo porque al intentarlo surgen aspectos que hemos negado y ocultado porque nos han incomodado y el entorno desaprueba. Se tiende a olvidarlos, puesto que es complicado volver a encararlos.

¿Por qué se suele recurrir a esa mirada interior cuando la persona tiene una crisis existencial?

Porque cuando se está feliz nadie se preocupa por plantearse quién soy y qué me está pasando porque no le interesa en ese momento, ya que se siente pleno con otras cosas.

¿Cómo podemos conocernos mejor?

Los asuntos humanos y psicológicos no están divulgados. Ahora mismo, para hacer un proceso de este tipo hace falta un psicoterapeuta. No tendría que ser así si hubiera acceso a un conocimiento generalizado sobre este asunto y fuera, por tanto, más sencillo responder a cuestiones como qué está pasando o qué salidas hay... Este hueco lo intentan suplir libros de autoayuda, pero plantean soluciones muy rápidas que no funcionan porque se trata de asuntos muy complejos.

«La educación actual se inclina más por fomentar la competitividad, por quererse bien a uno mismo, sí, pero solo de forma muy egocéntrica»

¿De qué manera logran, entonces, la información necesaria?

En libros especializados y reflexivos, en cursos de meditación que no implican la asiduidad de una terapia, pero que aportan pequeñas guías en el camino.

En su libro apunta que si no hay un cambio interior, los problemas seguirán repitiéndose: «Cambiar el ser es cambiar nuestra vida, pero cambiar nuestra vida no es cambiar nuestro ser». ¿Somos realmente conscientes de esta afirmación tan evidente?

No, la verdad es que no. Cambiar las condiciones de vida, en realidad no sirve de nada si una persona no cambia internamente. Se volverán a repetir los mismos problemas o circunstancias.

¿Es muy difícil cambiar internamente?

-Sí. Para ello hay que disponer de herramientas que tienen que ver con lo psicológico, con el desarrollo de la dimensión espiritual y del conocimiento de uno mismo. Son temas que no están presentes en la educación actual. La filosofía, por ejemplo, es una asignatura que está erradicada de la enseñanza básica. En la universidad, en el terreno de la Psicología no se aborda tampoco. Resulta, por tanto, muy complicado plantearse «quién soy yo» sin saber qué somos.

¿Las nuevas generaciones lo tienen más complicado en este aspecto?

Desde luego, no van a poder reflexionar sobre estas nociones porque se ha ido tecnificando cada vez más la enseñanza. Nos vamos deshumanizando en este sentido. Hay que darse cuenta de que estas materias son muy importanates para el desarrollo completo de las personas y, por ello, resulta necesario incluirlas en la educación y cultura.

¿Por qué nos cuesta tanto reconciliarnos con nosotros mismos ante estos problemas ocultos?

A menudo nuestro ideal del yo está muy lejano de nuestra realidad y hemos hecho grandes esfuerzos por mantener un ideal que de repente deja de servirnos. Es como cuando estás mal en una empresa y te quieres ir, pero al final te quedas esperando a que te echen y den una indemnización, aunque tengas oportunidades de ir a otra compañía. Aquí pasa lo mismo, se piensa en no renunciar a un ideal porque, a lo mejor, se puede cumplir en algún momento y si renuncio a él se cree que ya nunca más se va a cumplir.