Aitor y Sergio, los «héroes» de esta historia
Aitor y Sergio, los «héroes» de esta historia - Jorge Rey

CáceresDos adolescentes salvan la vida de un compañero de clase: «No hemos asimilado lo que hicimos»

Aitor y Sergio, de 17 años y alumnos del IES Norba Caesarina, no dudaron en realizar maniobras de reanimación al ver que el otro chaval entraba en parada respiratoria y se quedaba sin pulso

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Lunes, mucho frío y vuelta de vacaciones. No de un descanso cualquiera, sino de Navidad. Las caras de los estudiantes aun reflejaban la «resaca» de tantos días libres y su gestos expresaban el regreso a seis horas diarias de asignaturas, con exámenes incluidos. Lo que parecía un inicio de semana normal se transformó a quinta hora del día (sobre las 13.15 horas). Tocaba refuerzo de matemáticas y los alumnos de 1º de Bachillerato del IES Norba Caesarina (Cáceres) no imaginaban lo que ocurriría en el transcurso de la clase.

Sergio Lasso, uno de los «héroes» de la genial hazaña, sintió que su compañero de atrás, Luis Rodríguez, respiraba más fuerte de lo normal. Al girarse para comprobar si se encontraba bien, lo vio pálido y con los ojos totalmente en blanco. «No dudé en levantarme, lo más rápido posible, y en colocarlo en posición de seguridad —tumbado de lado, con la lengua fuera, ya que respiraba con dificultad—», cuenta a ABC.

Poco tiempo tardó en acercarse a ellos Aitor González, el otro compañero con el que Lasso logró mantener con vida a Luis. «Comencé a tomarle las constantes vitales, comparándolas con las nuestras. Cada vez el pulso era más débil, hasta que dejó de respirar», comenta González. En esos momentos, estos extremeños colocaron a Luis boca arriba y comenzaron las maniobras de reanimación.

Mientras tanto, el resto de la clase, atónitos por lo que estaba ocurriendo, salieron del aula para no molestar, en el mismo momento en el que un profesor del instituto alertó al 112. La llamada duró casi cuatro minutos, ese es el tiempo que marca el teléfono móvil, porque a Sergio y a Aitor se les hizo «más eterno».

Sin secuelas

«Los sanitarios nos felicitaron porque, gracias a lo que hicimos, nuestro compañero Luis no tendrá secuelas», afirma González. En momentos de parada cardíaca, los primeros minutos de auxilio son esenciales y se puede evitar que el cerebro se quede sin oxígeno, algo que lograron estos dos «valientes».

No se sienten superhéroes, porque «lo que hicimos nos salió de dentro», asegura Lasso. Aún sin asimilar lo que han logrado, son conscientes de que salvaron la vida de una persona. En los minutos que duró su «intervención», ninguno sentía miedo, no pensaban en nada. «No se nos pasaba nada por la cabeza, pero es cierto que después nos pusimos más nerviosos —cuando el 112 llegó al instituto—», cuentan.

Ambos chicos provienen del mundo Scout, en el que aprendieron estas técnicas de primeros auxilios cuando tenían 11-12 años —ahora tienen 17—. «Nunca antes habíamos tenido que ponerlas en práctica y logramos salvar la vida de nuestro compañero con los conocimientos que obtuvimos hace cinco años», confiesan los dos.

En el lugar y el momento exacto

Esta «gran hazaña» fue posible gracias a una alineación de los planetas. O algo parecido. Aitor y Sergio son dos chicos repetidores. Un mal curso el pasado año hizo que tuvieran que volver a estar en 1º de Bachillerato y, por tanto, coincidir en clase con Luis (tiene un año menos).

La segunda coincidencia es que la quinta hora de los lunes siempre suelen tenerla libre, pero ese día tenían que recuperar una clase de matemáticas. Otra casualidad. «De haber sido un lunes normal, nosotros no estaríamos tan cerca de nuestro compañero y quizás el final no hubiese sido el mismo», asegura Lasso.

Ambos chicos han podido ir a ver a Luis al hospital, que se encuentra ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos a la espera de que le hagan pruebas. «Le hizo mucha ilusión vernos, no sabía cómo reaccionar. Nos preguntó qué había pasado y le estuvimos contando», afirman. También los padres del afectado se mostraron enormemente agradecidos con Aitor y Sergio, dos nombres que llevan sonando, y para bien, en el Instituto Norba Caesarina toda la semana. Se han convertido en una especie de «ángeles de la guarda» para Luis.