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«Solo se necesita un minuto para empezar a ser feliz, siempre que se lo ordenemos a nuestro cerebro»

No hay recetas para ser feliz, tampoco lo seremos con más dinero. Si quiere llenar su vida de bienestar, es hora de buscar en otro parte: adentro suyo

«Solo se necesita un minuto para empezar a ser feliz, siempre que se lo ordenemos a nuestro cerebro»
J. G. STEGMANN - @jgstegmann Madrid - Actualizado: Guardado en: Familia

Matthieu Ricard es el hombre más feliz del mundo. Es francés, se crió rodeado de grandes como Buñuel, Bresson o Stravinsky y tiene un doctorado en genética celular. Un día dejó todo, se fue al Himalaya y se hizo monje budista. Científicos de la Universidad de Wisconsin se dedicaron a estudiar el cerebro de Ricard. Crearon un índice de felicidad donde la media era 0.3. A Ricard le dio 0.45. ¿Sorprendente, no? Pero más allá de la cifra, seguramente ahora se esté preguntando cuál es la receta de este hombre. «Creo que la simplicidad es algo maravilloso. La gente a veces se complica mucho: esperanza, miedos, nostalgia...Uno construye sus propios problemas. Lo que a mí me da alegría es ocuparme de 20.000 niños a través de proyectos humanitarios, poder ayudar a 100.000 pacientes en nuestras clínicas...No tengo casa, no tengo tierras», le confesó Ricard al periodista argentino Jorge Lanata durante una entrevista para el programa Periodismo Para Todos.

No, no se trata de hacerse budistas, pero la respuesta de Ricard coincide con la de multitud de expertos y de estudios que corroboran sus ideas, que también advierten de que la felicidad tiene un significado diferente para cada uno. «No hay una respuesta a qué es la felicidad, se mezcla lo filosófico, lo biológico, lo social, es un concepto difícil de encauzar desde lo científico. Sin embargo, se podría entender como el cumplimiento de objetivos biológicos que, en los humanos, podrían ser tres: la búsqueda de cosas agradables y positivas, hacer que nuestra vida «fluya», es decir, hacer las cosas sencillas, y comprometerse con las cosas encontrándoles un significado», explica Yolanda Higueras,neuropsicóloga PhD. del Hospital Gregorio Marañón, que cita a Martin Seligman, quien ha investigado de lleno el campo de la psicología positiva.

¿El dinero nos hace más felices?

Leslie Becker-Phelps, psicóloga clínica del Hospital Universitario Robert Wood Johnson, coincide en que la felicidad depende de cada uno: «Algunos la enfocan a sentimientos positivos, otros en la sensación de vivir una vida plena y llena de significado», pero, en cualquier caso, también apunta a que «una de las fuentes más importantes de felicidad para la gente son (o podrían ser) sus conexiones sociales». «La felicidad se da en la búsqueda de la mejora personal y en el hecho de dar lo mejor de ti para hacer del mundo un lugar mejor a través de buenas acciones. Las investigaciones apuntan que una vez que tus necesidades financieras están cubiertas, el aumento de los ingresos no aumenta la felicidad. Está más bien relacionada con el hecho de apreciar las cosas básicas de la vida y tener conexiones sociales», coincide el psicólogo clínico de la Universidad Estatal de Montclair, Michael D. Zito.

«La felicidad está en dar lo mejor de ti»

Por lo visto hasta ahora, poco espacio le queda al dinero. Sin embargo, un informe realizado por la Oficina Nacional de Estadística de Reino Unido del pasado año, venía a decir lo contrario, que era el dinero lo que daba la felicidad. Para el estudio se utilizaron datos de junio de 2011 a junio de 2012 de los ingresos totales de los hogares y la relación de estos con el bienestar personal de sus habitantes. Según el informe, el bienestar personal estaba fuertemente ligado a la riqueza del hogar. Pero hay que tener en cuenta que este informe se realizó durante una época de dificultades económicas, por lo que la gente estaba condicionada por el contexto. «El investigador de la psicología positiva, Seligman dice que las cosas externas no condicionan tanto la felicidad, como las internas. El dinero no se correlaciona con ser más feliz, como tampoco lo hace clima, por lo que tampoco es verdad aquello de que "si viviera en el Caribe estaría mejor". Tampoco influye el nivel educativo. Nada condiciona la búsqueda de placer y el compromiso, lo que tiene un inicio egoísta acaba adquirieron proyección altruista porque somos seres sociales», apunta Higueras. A favor de esta tesis hay otros estudios.

Por ejemplo, según dos informes de la Universidad de Virginia de 2011 y 2015, centrado en los americanos el primero y en habitantes de países del este el segundo, a mayor desigualdad económica entre clases menor felicidad había en las clases más desfavorecidas. Lo curioso es que es la infelicidad no tenía que ver con el ingreso económico per se, sino con un sentimiento de injusticia ante la distribución inequitativa de la riqueza. En este sentido, la felicidad parece no depender del dinero, pero sí quizás de la sensación de injusticia.

La culpa es de nuestros padres...

La clave es que la felicidad no está en lo externo sino en lo interno. Tan dentro de nosotros está, que incluso, si somos infelices podemos echarle la culpa (aunque sea en parte) a nuestros padres: «Por supuesto que la genética influye en la felicidad. De acuerdo con una investigación de Sonja Lyubomirshky, las personas nacen con una puesta a punto para la felicidad. Concluyó que la felicidad está condicionada en un 50% por genética, en un 40% por la actitud de cada y en un 10% en las circunstancias», sostiene Phelps. Pero pese al fuerte componente genético, «todos tienen el poder de ser aún más felices», y en eso el cerebro juega un rol fundamental: «el cerebro determina si vas a poder ser feliz o no, tenemos circuitos, neurotransmisores, hormonas que procesan emociones, estados mentales, grados diferentes de ansiedad, de estrés... todo eso se procesa de una forma diferente, independientemente de cuánto dinero o posición social tengas, pero si el cerebro está diseñado para procesar las cosas desde lo negativo, tú no vas a hacer feliz», señala Higueras.

«El cerebro determina si podrás ser feliz o no»

Pero si somos negativos por naturaleza no todo está perdido: el cerebro se puede modular para cambiar. La plasticidad neuronal, nos permite cambiar las cosas, pese a la resistencia biológica al cambio, el cerebro cambia con cada experiencia. «Nosotros podemos autoliderar la neuroplasticidad del cerebro, hacer que piense aquello que queremos. Si me ofusco y pongo mi atención en un problema o dificultad, tendré un estado contrario a la felicidad. Pero si sabes orientarlo y focalizarlo a situaciones agradables, vamos a conseguir sentirnos mejor», explica Néstor Braidot, experto en neurociencias aplicadas.

Hay que tener en cuenta que hay muchas hormonas que intervienen en este proceso de búsqueda de felicidad y que nosotros podemos «aumentar». «La dopamina es una hormona que genera un estado de bienestar, pero depende también de lo que cada uno haga. Podemos estar pensando en los problemas que tenemos, en el daño que nos han hecho, tener una situación deprimente, careciente de dopamina o generar el efecto contrario», apunta Braidot. El cortisol, por ejemplo, también se relaciona con el estrés y a su vez evidencia la incapacidad de autoliderarse; «si tu vida depende de lo que tu entorno genera tendrás problemas con todos», advierte.

¿Alimentos que nos hacen felices?

La sabiduría popular suele recomendar alimentos ricos en serotonina, por ejemplo, un neurotransmisor que también influye en el ánimo. «Puede tener efectos pero no tan inmediatos, no está demostrado que haya respuesta directa ya que tu organismo no procesa directamente la cantidad de nutrientes que tú tomas, hay muchas que se queda por el camino», advierte Higueras. También se habla del deporte. En este caso, hay que tener en cuenta que tiene efecto directo en la adrenalina que sí tiene que ver con estado anímicos, pero «no es felicidad sino aumento del tono emocional». Por lo tanto, hay que entrenar, pero no el físico, sino nuestra cabeza. «El pensamiento se pueden entrenar...cambia tu forma de procesar las cosas y aumenta la posibilidad de sentirme mejor», coincide Higueras.

No está demostrado que determinados alimentos nos hagan más «felices»

Hay muchas formas de ejercitar, por ejemplo, Higueras propone que antes de ir a dormir escribamos durante 15 días tres cosas que ese dia han salido bien. En función de lo escrito, intentar procesar por qué ha ido bien para repetirlo. Otra opción es hacer cosas divertidas, pero también hacer algo altruista, como dar clases de mates a tu vecino, colaborar con una ong, ir a algún comedor social...«Ello aumenta tu sensación de compromiso con la vida». Y por supuesto, el gran aliado para evitar el daño del pasado y evitar la incertidumbre del futuro que poco tienen que decirnos de la felicidad: practicar «mindfullness»: Se trata de un entrenamiento mental, que hay que hacer todos los días para que se produzca el hábito en el cerebro. Es indispensable concentrarse y que la persona elija voluntariamente que la mente no vaya al pasado ni al futuro, sino en el aquí y en el ahora».

En definitiva, todo depende de nosotros: «Solo se necesita un minuto para empezar a ser feliz, siempre que se lo ordenemos a nuestro cerebro hacerlo», concluye Higueras. «La felicidad es un estado que puede ser consecuencia de lo que nos ocurre alrededor. Sin embargo, ese estado se puede gobernar, el entorno al final, no existe objetivamente sino que es una construcción interna tuya», concluye Braidot.

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