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¿Qué tipo de pareja sois?

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El modelo de pareja tradicional se desvanece. Encontrarse, gustarse, salir durante un tiempo, casarse y tener hijos ya no es, en muchos casos, un objetivo prioritario. A lo largo de los años se han ido transformando las formas en la que se establecen las relaciones. La psicóloga Mila Cahue, del Centro de Psicología Álava-Reyes, cita alguno de los tipos de pareja más frecuentes (aunque no los únicos) en su último libro «Amor del bueno»:

Todo a medias

Con precisión milimétrica muchas parejas aplican la igualdad en todas las facetas de su relación: todo al 50% desde la toma de deciones más liviana hasta los gastos, los tiempos, los pañales de los niños y repartir las tareas domésticas.

Este modelo tiene variantes, como explica Mila Cahue en su libro. «Una de ellas consise en que cada uno se encarga de lo suyo y lo de los dos es a medias». Esto puede funcionar siempre que los ingresos de cada uno sean similares. Pero cuando uno gana más y otro menos, este último se puede sentir mal. Para ello una buena forma de solucionarlo es que cada uno aporte un porcentaje de sus ingresos para los gastos comunes, por ejemplo, el 50% del sueldo independientemente de lo que se gane.

Otra variante son las parejas que aplican todo a medias en las tareas domésticas. Cada uno lava su plato, cada uno se plancha su ropa o pone su lavadora. Si uno cambia el pañal tres veces al niño, las otras tres siguientes le toca al otro. Sin embargo, con esta actitud parece que no queda espacio para una consideración con la pareja. Este modelo puede funcionar en personalidades muy independientes, o gente que está demasiado coupada (y no sienta la necesidad de recibir afecto) y en personas que sólo son capaces de dar algo a su pareja de vez en cuando.

Hay un modelo que consiste en hacerlo todo a medias y juntos. «Si uno plancha dos camisas, el otro plancha otras dos. Si hay seis platos y seis vasos en la pila, ambos lavan tres cada uno. El problema de esto es que no se contempla el concepto de equipo, en el que cada uno de encarga de las cosas que mejor se le den o para las que tienen mejor habilidad», explica la psicóloga. Funciona en gente que se siente cómoda controlando todos las aspectos de su vida.

Ni en tu casa ni en la mía

Hay diferentes motivos y circunstancias por las que una pareja puede decidir vivir cada uno en su casa. Por tener diferentes hábitos que dificulten la convivencia, porque se necesita un espacio para uno mismo, porque existen responsabilidades hacia terceros (hijos, personas mayores...). «En estas parejas son básicas la confianza y la seguridad de sentirse juntos emocionalmente», dice Mila Cahue.

Es una opción recomendable para quienes no se hayan independizado de sus padres; para los que han tenido relaciones muy largas; para los que necesiten un tiempo y espacio para sí mismos; para quienes tengan una vida plena de actividad, o simplemente para quienes quieran esta opción.

¿Juntos o revueltos?

En este caso, la pareja tiene sus espacios individuales y sus espacios de intimidad, gustos particulares y otros comunes, ocio cada uno por su cuenta. Es una afectividad sana, la comunicación es fluida y hay reciprocidad, pero se requiere el dominio de la asertividad.

¿Con o sin hijos?

Tener o no hijos es un asunto que hay que hablar y tener claro antes de que la relación avance. Si uno quiere hijos y otro no, hay que reflexionar sobre la conveniencia o no de continuar la relación, pues en cualquiera de los casos uno de los dos va a sufrir innecesariamente y va a ver frustrado un proyecto vital.