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Cómo saber si tu hijo es superdotado

Estas son las diez características que presentan generalmente los niños con un cociente superior a 130

carlota fominaya - Actualizado: Guardado en: Familia

Muchas veces, los síntomas que presenta un niño con un cociente de inteligencia superior a 130 se confunden con la hiperactividad y con la falta de atención. A la consulta de Carmen Sanz, psicóloga clínica experta en superdotados y presidenta de El Mundo del Superdotado (EMS), llegan casos nuevos todas las semanas. Y en la mayoría de ellos, el diagnóstico de altas capacidades se confirma. «Cuando son pequeños, muchos padres vienen explicando que tienen un hijo diferente, que no se relaciona bien, que tiene un alto nivel de agresividad... Cuando son un poco más mayores, nos explican que presentan síntomas incluso de depresión y, en un porcentaje alarmantemente elevado, incluso de fracaso escolar». «Todo esto es normal. Entienden todo más rápido que los demás y a veces se aburren en clase. Cuando ya son más mayores se creen Steve Jobs y piensan incluso que pueden dejar el colegio», relata Sanz. Su consejo es que a la mínima sospecha los padres acudan al especialista. «Es fundamental que se valore y se oriente psicológicamente a los niños cuanto antes».

Bebés superdotados

«Diagnóstico, diagnóstico, y diagnóstico», corrobora Jeanne Siaud-Facchin, autora del libro «El niño superdotado» y «¿Demasiado inteligente para ser feliz?». Según esta experta, los padres de estos pequeños pueden observar señales indicativas de una gran inteligencia desde una edad muy temprana. «El bebé superdotado no mira el mundo, sino que lo perfora con la mirada. Sus preguntas parecen estar ya presentes. Las mamás cuentan a veces lo desconcertadas que se sentían ante aquel pequeñín que les dirigía una mirada interrogativa. Esto es lo que nos reconocía una madre en consulta: "A veces su mirada me daba miedo. Tenía la impresión de que me estaba juzgando. En aquellos momentos, lo ponía rápidamente en los brazos de mi marido"», relata Siaud-Facchin. Otro de los síntomas, relata esta experta, es que las palabras llegan pronto. «Los padres también nos refieren a menudo que, cuando el niño empezó a hablar, hablaba casi con fluidez. Que no había pasado por el lenguaje del bebé. En estos pequeños la adquisión del "yo" es rápida, la sintaxis correcta y el vocabulario, rico y elaborado», describe. O que las preguntas aparecen muy precozmente. «Acerca de todo y sin interrupción», advierte. «Y también que el niño, muy pronto, lo leerá todo. Glotona y ávidamente: las cajas de cereales, los nombres de los bares, los letreros de las tiendas... Estará exultante, "a tope" como dicen los chavales», explica la autora de este libro.

A partir de los cinco, seis años

«Es verdad que se puede sospechar muy pronto, y que hasta nuestra consulta han llegado niños de tres años, pero es a partir de los cinco cuando realmente podemos empezar a hablar de un diagnóstico real», expone Carmen Sanz. Para Jeanne Siaud-Facchin, la franja idónea también se sitúa entre los cinco o los seis. «Hasta entonces es una suposición. Los test existen, pero no son fiables antes de esa fecha. Pueden dar pistas... Hacia los seis, todo se estabiliza. Y a partir de ahí, se tiene el mismo cociente de inteligencia que a los 30, los 40 o los 60. Un superdotado va a ser siempre un superdotado». En EMS, según la edad y el perfil que presentan, se hacen al niño varios test que determinan cuál es su inteligencia verbal, manipulativa, y de velocidad en el procesamiento de datos. «Es decir, estudiamos qué nivel de lo que llamamos "factor G" de inteligencia presentan», explica su presidenta. De hecho, Sanz y su equipo siguen el método «Darwing, crece y evoluciona emocionalmente», enfocado a trabajar los problemas de superdotados a partir de los cinco años.

Luego los especialistas detectan otro pico de consultas hacia 2º, 3º o 4º de la ESO. «Esto se debe a que, hasta ese momento, no se tenían que esforzar para estudiar, todo les salía de forma natural pero, de pronto, se ven perdidos, porque no saben cómo hacerlo. Empiezan a mostrar problemas de autoestima, falta de habilidades sociales, de motivación, y una baja resistencia a la frustración», relata Sanz. «La mayoría suele presentar también una sensibilidad altísima, y una capacidad de abstracción de 9 sobre 10. Son muy despistados», añade.

Fracaso escolar

Parece una contradicción, pero todo ello sumado lleva a que estos pequeños presenten un fracaso escolar en el sistema educativo español del 50%. La razón, insiste esta experta, es que no se está aplicando la Ley que dice que los chicos con altas capacidades necesitan una educación especial. «En este momento las únicas soluciones existentes son acelerar el curso a estos niños, la adaptación curricular, o los cursos especiales, y esto es poco. En este país existen 200.000 niños superdotados que no están ni diagnosticados ni escolarizados como tales. Estamos perdiendo talento y eso es vergonzoso». De hecho, continua esta psicóloga clínica, «a menudo hablando con profesores nos dicen que no tienen superdotados en sus clases, y también a menudo nos encuentramos con colegios de 3.000 o 4.000 alumnos en los que según sus directivos no hay ningún superdotado. Y les decimos que es imposible. Estadísticamente hay un dos por ciento de niños superdotados en cualquier colegio y en cualquier área educativa dentro de ese colegio».

De ahí que el objetivo de EMS y de otras asociaciones afines sea que estos pequeños se diagnostiquen y, sobre todo, que cambie la Ley Orgánica de Educación para que se eduque en la diferencia. «Todo el mundo tiene derecho a la mejor educación. E igual que a un deportista se le lleva a un centro de alto rendimiento, a un chaval con altas capacidades en matemáticas y en lengua se le debería dar una enseñanza especial. Sería crucial cambiar cuanto antes de la enseñanza por edades a la enseñanza por capacidades».

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