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El extraordinario caso del niño multitarea

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Está haciendo los deberes, escuchando música con sus auriculares, conversando con sus amigos por el messenger, consultando su e-mail, actualizando su perfil de Facebook y echando miradas de reojo al televisor que tiene en su habitación. ¡Y todo ello al mismo tiempo! Es el nuevo producto de la era mediática: el niño multitarea o «multitasking». Podríamos llamarlo «niño orquesta», porque recuerda aquellos habilidosos músicos feriantes que se las apañan para tocar ellos solos los más variados instrumentos. El riesgo está en que este niño multitarea, a fuerza de insistir en «tocar» cantidad de teclas electrónicas, termine presentando un trastorno de déficit de atención por superávit de estimulación informativa. Y la idea surgió de mi amigo José Antonio Marina, cuando acuñó la denominación de «hiperactividad cognitiva» y le dije que me ponía en sintonía con él para elaborar un perfil clínico de esta novedosa entidad. En ello estoy trabajando.

Por el momento sabemos que son niños y adolescentes que literalmente «viven en las pantallas». Ocho horas de media al día entre ordenador, móvil, tableta, consola y televisión. ¿Y cuáles son las características clínicas que presenta este niño? Una necesidad insaciable de tener nueva información; el aburrimiento por cualquier actividad que dure más allá de un par de minutos; el zapping como estilo de vida, y, como manifestación más llamativa, la adicción a los mensajes cortos y continuos recibidos por cualquier vía de comunicación…

Todo lo cual dificulta tareas que exigen mantener la atención mucho tiempo, como, por ejemplo, la lectura de un libro. Un dato: en Europa, casi la mitad de los niños y adolescentes entre 9 y 16 años navegan desde su propia habitación, y un tercio lo hacen desde el móvil u otros aparatos portátiles… Vean, pues, que en esta tesitura es fácil llegar a la embriagadez que produce «el botellón electrónico » que describí hace unos años. Coincido con el neurocientífico Antonio Damasio cuando asevera que «la tecnología nos hace más rápidos y menos reflexivos». Tengamos cuidado.