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El extraordinario caso del niño multitarea

Día 06/01/2013 - 03.21h
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El riesgo está en que el pequeño acabe presentando un trastorno de déficit de atención

El extraordinario caso del niño multitarea

Está haciendo los deberes, escuchando música con sus auriculares, conversando con sus amigos por el messenger, consultando su e-mail, actualizando su perfil de Facebook y echando miradas de reojo al televisor que tiene en su habitación. ¡Y todo ello al mismo tiempo! Es el nuevo producto de la era mediática: el niño multitarea o «multitasking». Podríamos llamarlo «niño orquesta», porque recuerda aquellos habilidosos músicos feriantes que se las apañan para tocar ellos solos los más variados instrumentos. El riesgo está en que este niño multitarea, a fuerza de insistir en «tocar» cantidad de teclas electrónicas, termine presentando un trastorno de déficit de atención por superávit de estimulación informativa. Y la idea surgió de mi amigo José Antonio Marina, cuando acuñó la denominación de «hiperactividad cognitiva» y le dije que me ponía en sintonía con él para elaborar un perfil clínico de esta novedosa entidad. En ello estoy trabajando.

Por el momento sabemos que son niños y adolescentes que literalmente «viven en las pantallas». Ocho horas de media al día entre ordenador, móvil, tableta, consola y televisión. ¿Y cuáles son las características clínicas que presenta este niño? Una necesidad insaciable de tener nueva información; el aburrimiento por cualquier actividad que dure más allá de un par de minutos; el zapping como estilo de vida, y, como manifestación más llamativa, la adicción a los mensajes cortos y continuos recibidos por cualquier vía de comunicación…

Todo lo cual dificulta tareas que exigen mantener la atención mucho tiempo, como, por ejemplo, la lectura de un libro. Un dato: en Europa, casi la mitad de los niños y adolescentes entre 9 y 16 años navegan desde su propia habitación, y un tercio lo hacen desde el móvil u otros aparatos portátiles… Vean, pues, que en esta tesitura es fácil llegar a la embriagadez que produce «el botellón electrónico » que describí hace unos años. Coincido con el neurocientífico Antonio Damasio cuando asevera que «la tecnología nos hace más rápidos y menos reflexivos». Tengamos cuidado.

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