Parejas

Claves para cumplir 10 años casados y quererse como el primer día

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Lo primero que quieren dejar claro los expertos en parejas es que pasados diez años de relación, «no se pueden querer como el primer día, se tienen que querer más. Y cuantos más años juntos mejor aún debe ser ese amor», explica Mila Cahue, psicóloga de parejas de Centro de Psicología Álava-Reyes.

Cuando dos personas deciden comenzar una relación, lo hacen empujados por un sentimiento de enamoramiento y gran pasión donde la curiosidad por descubrir al otro es el motor. Hay mucho contacto físico y ambos buscan conquistar al otro mostrando su mejor cara y buscando puntos de unión, las muestras de cariño y los buenos gestos son constantes. «En este momento —explica Cayetana Hurtado de Mendoza, coordinadora Escuela de Parejas de la Fundación Educativa Universidad de Padres— ambos empiezan a generar expectativas y proyectan sobre el otro el modelo de pareja que cada uno desea ensalzando las cualidades y pasando por alto los defectos. Tienen el deseo de pasar la mayor parte del tiempo juntos compartiendo todo».

Pasado un tiempo la pareja atraviesa por una fase de más estabilidad donde se van asentando los roles que cada uno juega, siguen existiendo muchas muestras de cariño y los lazos se van estrechando. La pasión inicial y el torrente de emociones se atemperan aunque siguen siendo intensas y ambos empiezan a generar ya una perspectiva de un futuro compartido. En este punto ya hay una mayor seguridad en el otro y hacia la relación.

Más adelante surge una etapa más asentada en la que aumenta el grado de implicación. «En este punto —indica Cayetana Hurtado de Mendoza— las emociones que imperan ya no son la pasión y el enamoramiento del principio, éstas han dado paso a la intimidad y al compromiso». Normalmente coincide con la convivencia que viene marcada por los proyectos compartidos y la llegada de los hijos, ambos tienen más responsabilidades y hay que tomar decisiones de peso y las obligaciones y rutinas empiezan a pesar. Es un periodo en el que pueden aparecer más dificultades y la pareja podrá tener más puntos de enfrentamiento.

«Cuando llega el primer hijo —matiza Susana de Cruylles, psicóloga Clínica del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (www.laescueladepadres.com), la pareja tiene que reorganizarse como padres y aparece la segunda función, la parentalidad, el rol parental, cuyo objetivo es a su vez cumplir con dos tareas. La nutricia, es decir, los mimos cariños, abrazos, el amor hacia el bebé, luego niño, y la tarea normativa, consistente en el conjunto de normas que un niño necesita para poder aprender y crecer en familia y en sociedad. El amor y la norma son elementos necesarios para que un niño evolucione, madure y se adapte a su entorno. Es fundamental que haya un equilibrio entre ambas tareas para que el niño crezca sano física, emocional e intelectualmente. Es importante que en este momento además se siga cuidando el vínculo con la pareja, hay que nutrirla buscando planes y actividades solo para los dos

Se conocen perfectamente y saben bien qué esperar del otro, lo cual es muy positivo, sino se cae en la monotonía. «Si esto pasa se empiezan a dar las cosas por hecho y las demostraciones de amor descienden a la par que la ilusión», asegura la especialista de la Fundación Educativa Universidad de Padres. Ya no se cuidan tanto los detalles y disminuye el grado de satisfacción. En un primer momento esta ilusión nace por sí misma, pero con el paso del tiempo es necesario que se alimente de forma cotidiana para mantener viva la llama. Así lo considera también Mila Cahue, quien insiste en la importancia de «no dar nada por hecho, tener la capacidad de sorprender a la pareja y mantener la mentalidad abierta para asimilar los cambios que se producen en la relación e ir adaptándose a ellos de manera positiva».

No hay que olvidar que ne toda pareja, como en la vida misma, llegan dificultades importantes. «La pérdida de trabajo, un problema de salud, el cuidado de un familiar enfermo... pueden hacer sufir mucho a la pareja si nos se han sentado con anterioridad unas buena base en la relación. Una buena comunicación, saber ponerse en el lugar del otro, formar equipo —aun manteniendo nuestro porpio espacio— es fundamentla para salir adelante», explica Cahue.

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