Parejas

Cuando el sexo gobierna tu vida

El psiquiatra Carlos Chiclana explica las claves del amargo placer de la hipersexualidad

Hace tan solo unas semanas, Carlos Chiclana, médico especialista en Psiquiatría y autor de «Atrapados en el sexo» recibió la invitación de un colegio de secundaria para hablar de la adicción al sexo a un centenar de adolescentes de entre 15-17 años. Cuál fue su sorpresa, cuando después de la charla le han escrito varios alumnos solicitándole ayuda: «se encuentran atrapados por su conducta sexual, ni pueden no hacerla, les quita tiempo, les bloquea el estudio, se sienten desconcertados e insatisfechos», asegura Chiclana.

En nuestra sociedad, cuando se habla de adicción al sexo o «hipersexualidad», como prefiere denominarla Carlos Chiclana, todo el mundo calla, pone la oreja, escucha y se ríe, pero como él mismo afirma «el asunto no tiene ninguna gracia, porque una persona que presenta hipersexualidad suele pensar y tener prácticas sexuales con una frecuencia o condiciones que le generan distorsión en su vida cotidiana, en su bienestar personal, en sus relaciones personales, sociales, en su trabajo o en su economía».

Añade que la conducta sexual fuera de control puede haberse desarrollado de forma adictiva y también como una compulsión, como un hábito aprendido, por impulsividad o en el contexto de una patología orgánica o psiquiátrica. «Por esto no es una broma ni un chiste tener este problema».

—¿Cuándo se considera que una persona es hipersexual? ¿Cómo se mide?

—Existen abundantes instrumentos para medir la hipersexualidad. Hay entrevistas clínicas específicas y cuestionarios. No es sin más el criterio subjetivo de sentir, pensar y considerar que mi conducta sexual es más frecuente o intensa de lo que yo deseo, el único criterio necesario para diagnosticar hipersexualidad. Tampoco son exclusivamente las consecuencias que se deriven de ella. Es el conjunto de síntomas, parámetros, situaciones, vivencias, duración, modos de afrontar y otras variables las que, desde una perspectiva poliédrica y multidimensional, nos permitirán hacer un diagnóstico preciso.

—¿Cuáles son las principales causas de esta conducta?

—Cada persona es un mundo, tiene una historia particular y unas vivencias personales. Esto es lo importante. Puede estar relacionada con patologías psiquiátricas, estrés y tensión de la vida cotidiana, cansancio, no tener ocupaciones de disfrute, no saber descansar, no tener aficiones, aprendizaje vinculado a otras situaciones no sexuales, desarrollo de hábitos perjudiciales, ausencia de o mala formación y educación sexual, dificultades en las relaciones interpersonales, alteración en el control de los impulsos, abusos en la infancia, falta de conocimiento personal, identidad no configurada, temperamento de características adictivas, afectividad desordenada, mal educada o con necesidades especiales, falta de enraizamiento familiar con relaciones de apego inseguro o evitativo.

Lo importante no es que busquemos estas dificultades en las personas que atendamos, sino que conozcamos bien a la persona que desea salir de esta situación y atendamos a sus causas particulares, sus motivaciones, sus necesidades. No hay una persona igual a otra.

—¿A qué edad comienza? Perfil de las personas que presentan este problema.

Como se acaba de publicar en una revista científica, la edad más habitual de inicio es la adolescencia, pero puede comenzar también posteriormente.

—¿Cómo afecta a la pareja convivir con una persona con hipersexualidad?

He podido ver auténticas historias de amor épico en parejas que se alían para salir de este problema. El sufrimiento, desconcierto y rabia de la pareja es enorme. Es muy difícil entender el problema y qué le ha llevado hasta ahí. A veces puede aparecer la culpa que acusa de no haber estado a la altura y que por eso la otra persona ha necesitado recurrir a eso. También genera rupturas de parejas, matrimonios y familias. Lo interesante es saber que se puede solucionar y si se puede contar con la pareja y la familia en el proceso terapéutico para rechazar las conductas y acoger a la persona, se acelera la recuperación.

—¿De qué manera se puede acabar con esta conducta?

Lo primero es hacer un diagnóstico adecuado. Conocer si es un problema aislado o está en relación con patologías médicas, psiquiátricas, problemas psicológicos u otras variables. Después es necesario diseñar un plan de tratamiento desde una perspectiva integral que incluya lo necesario de diversas dimensiones: biológica, psicológica, actitud personal y entorno.

El cambio no suele ser milagroso ni de un día para otro. Como cuando quieres adelgazar es necesario que te lo propongas, que te lo tomes enserio. Con dedicación, esfuerzo, constancia se aprende un nuevo estilo de vida, se corrigen errores. Esto requiere práctica, un reciclaje en el modo de vivir la afectividad y la sexualidad.

Es difícil sí y cuesta mucho, vale la pena, genera felicidad, te quitas de muchos líos, ahorras dinero y ganas en libertad, cuidas mejor de ti mismo y de tu familia. Todo esto es posible si te lo tomas en serio, si te permites adentrarte en lo que te ocurre realmente y eres firme y constante, aunque haya problemas, recaídas y sufrimiento a lo largo del camino.

—¿Es España un país que se caracterice por la hipersexualidad?

No tenemos estudios comparativos que permita afirmar que nos caractericemos por ser hipersexuales. Me parece que en España tenemos por delante una tarea muy interesante y bonita que es recuperar los valores sexuales de la persona y enmarcarlos como explica el profesor Montejo, director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental, en personas con libertad, rostro y afectos que nos permitan amar y ser amados.

—Los expertos dicen que la crisis, el paro, el estrés… influyen en la falta de deseo sexual, ¿Supone un momento de alivio para los afectados?

Para las personas con hipersexualidad la crisis no supone un parón. Para algunos las situaciones de estrés o de desocupación pueden aumentar la frecuencia de las conductas.

—Los españoles padecemos más hipersexualidad o hiposexualidad?

En mi opinión lo importante no son las estadísticas sino que cada persona pueda atender sus necesidades y recibir ayuda si la precisa. Ya sea para aumentar el deseo sexual o disminuir las conductas. Que puedan tener equilibrio y armonía en su vida sexual.

—¿Cómo se define la normosexualidad?

No lo sé, creo que no existe una definición. La OMS propone una definición de salud sexual que me parece acertada: «la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor».

El psiquiatra que empleaba el término «normosexualidad» en la anécdota que comento en el libro, lo decía precisamente para recalcar que no hay un medidor de «sexualidad normal», porque existen muchas variables que enmarcan una sexualidad normal: edad, formación, respeto, afecto, amor, cariño, satisfacción, identidad, placer, relaciones y valores personales, proyecto vital. ¿Cuál es el aliñado normal de una ensalada? Depende de muchos factores. Lo interesante es que cada persona pueda gobernar su vida.

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