Los padres deben dar buen ejemplo para que sus hijos les imiten
Los padres deben dar buen ejemplo para que sus hijos les imiten
Padres

Cinco buenos consejos para mejorar mucho la relación con nuestros hijos

Un método ofrece buenos resultados en tres meses

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Muchos padres se encuentran perdidos a la hora de educar a sus hijos porque se ha pasado en unos años de una educación autoritaria, en la que si el padre decía «blanco» era «blanco» y no había opción a réplica, a una tendencia psicológica y pedagógica, allá por la década de los 90, en la que la prioridad era el niño y sus deseos, por lo que los hijos empezaron a mandar a sus padres. «Los padres se están dando cuenta de que bajo esta última fórmula no se están logrando buenos resultados en la relación con los hijos, más bien todo lo contrario, se consigue tener hijos caprichosos, infelices y tiranos», asegura a ABC Samantha Biosca, coach y colaboradora de Superpadres.com.

Ella propone un método para que los padres logren mejorar la relación con los hijos, bajo el concepto de «A, E, I, O, U», donde cada letra representa una forma de actuar. Asegura que la «E» que supone ejemplificar; es decir, dar ejemplo es una de las reglas más complicadas. «Me encuentro a padres en mi consulta —asegura— preocupados porque sus hijos están todo el día con el móvil en la mano. Pero, ¿cómo no van a ser así si el mismo padre reconoce que cuando él llega a casa está todo el tiempo viendo el móvil o la tele como opción de ocio? Los hijos hacen lo que ven».

Esta experta asegura que es una de las pautas que más cuesta aplicar porque «supone un cambio de hábitos en los padres y no es fácil».

Aún así, apunta que merece la pena que los padres pongan en práctica las pautas que propone puesto que en tres o cuatro meses se puede empezar a notar que la relación familiar ha mejorado.

A: Aprender a escuchar de verdad

Hay personas que por naturaleza tiene el talento innato de saber escuchar, pero otros deben aprender y desarrollar ese talento. «Escuchar de verdad significa “abrir no sólo el canal auditivo, sino todos los otros sentidos (ver, oír, sentir)».

La información no verbal nos aporta mucha más información que la verbal. El 55% de la información la aporta el lenguaje corporal y un 38% la tonalidad de la voz... Así que es necesario tener en cuenta estas variables para aprender a escuchar. «Cuando se habla con los hijos la tarea es más fácil, puesto que los conocemos bien, ¡pero no supongamos nada! Ante cualquier duda preguntemos directamente», afirma Samantha Biosca.

Recomienda que cuando estemos escuchando, no permitamos que nuestra voz interior ensordezca el mensaje verdadero, que por supuesto es el que sale de la boca del emisor y no de nosotros mismos. Explica que en coaching se habla de «diálogo interno» para referirse a todas las ideas relacionadas con lo que estamos escuchando y que nos vienen a la cabeza como una metralleta: lo que pensamos al respecto, qué mejor consejo queremos dar, buscar en nuestras propias vivencias, y un largo etcétera. «Esta tarea no sólo nos va a servir con nuestros hijos, sino en la vida en general», afirma la coach.

E: Ejemplificar

«La mejor manera de enseñar es dando ejemplo», explica Samantha Biosca. «Si nos fijamos en cómo han aprendido nuestros hijos un montón de cosas sin ningún tipo de explicación, nos sorprenderá ver que son la mayoría».

Por imitación aprenden de nosotros y aunque después la enseñanza se fortalece con la explicación verbal, no se debe olvidar que hay que seguir dando ejemplo.

¿Cómo le podemos pedir a nuestros hijos que dejen de utilizar su móvil, por ejemplo, cuando nosotros nos acostamos con él y sólo levantarnos es lo primero que abrimos, después de los ojos? Nos podemos dar muchas excusas, pero predicar con el ejemplo ¡es la CLAVE!

I: Informarnos

Dicen que los hijos deberían venir con un manual bajo el brazo, o que nadie nos ha enseñado a ser padres... ¡Totalmente cierto! Para Samantha Biosca deberíamos preguntarnos, «¿cuántas páginas web, libros, agencias, etc., consultamos antes de emprender un viaje? ¿cuántos buscadores usamos antes de comprar un piso? ¿cómo nos hemos preparado para ser padres? Por tanto, una vez contestadas interiormente estas simples preguntas, ¿a qué conclusión llegamos?». Esta es su respuesta: «a que con nuestros hijos, una de las tareas más importantes a las que nos enfrentamos en la vida, no nos informamos como debiéramos».

Hay muchos profesionales escribiendo en libros, webs, programas... para nosotros, «¿qué tal si empezamos a usarlos?», propone.

O: Ordenar

«Nuestros hijos necesitan orden en sus vidas y, para ello, nos tienen a nosotros. Parece que en la sociedad actual se ha perdido un poco este concepto y hay que recuperarlo», afirma Biosca

«Debemos dar órdenes a nuestros hijos, marcando hábitos a seguir, horarios que cumplir, obligaciones que se deben realizar, señalando límites que no se pueden cruzar. Siempre acompañados, como no, de mucho amor».

Así mismo, aconseja que «hay que perder el miedo a sus negativas, sus reproches y toda una serie de artimañas que utilizarán para no seguir nuestras órdenes. Esta función a veces puede ser cansina (después de un día duro de trabajo), pesada e, incluso, poco apetecible, pero nuestra obligación como padres es poner orden en casa y en sus cabezas», concluye.

U: Unificar

Para Biosca es muy importante que cuando hablamos a los hijos unifiquemos criterios. Esto significa que todos los responsables de su educación sigan una misma línea, sobre todo los dos progenitores.

Cuántas veces vemos que el padre es muy estricto en algunas exigencias y la madre mira hacia otro lado, o a la inversa. «Esto se puede llegar a complicar mucho más en padres separados. Pero, por el bien de nuestros hijos, deberíamos sentarnos ante nuestra expareja y tener charlas conciliadoras que nos unan, al menos en este aspecto», asegura Samantha Biosca. Cuando la situación es muy complicada se puede pedir ayuda a un mediador familiar, que hará todo lo posible por ayudar a la familia a llegar a un buen entendimiento.

También es muy importante que el colegio que elijan los padres siga una coherencia con la educación que se da a los hijos en casa, puesto que la mayor parte del día la pasan en la escuela.