El sexo en los juguetes
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El sexo de los juguetes: De la princesita cuidadora al guerrero aventurero

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Nadie duda ya de que los juguetes tienen un papel fundamental en la educación y en la creación del universo simbólico de los más pequeños. Pero ojo. Según Conxa Royo y Sergi Fàbregues, miembros de la Unidad de Igualdad de Género de la Universidad Abierta de Cataluña UOC, los padres deberían tener muy en cuenta para estas Navidades que «a través del juego, también se adquieren hábitos y se construyen expectativas, modelos e imágenes del mundo».

En esta línea, los miembros de esta Unidad advierten de la importancia de escoger los juguetes y de ser conscientes de los valores sexistas que llevan implícitos: «Influyen en la socialización de los niños y de las niñas y en la reproducción de roles de género; los juguetes y su uso transmiten valores, construcciones sociales y culturales». Royo y Fàbregues añaden que «los juguetes son herramientas y experiencias lúdicas básicas en el desarrollo cognitivo de los niños que mejoran sus capacidades: si limitamos a las niñas y los niños a un tipo de juego, limitamos también su desarrollo». Los miembros de la Unidad de Igualdad de la UOC consideran que son un espejo para los más pequeños, «las niñas y los niños imitan a las personas adultas, las conductas que observan en su entorno, y asumen sus roles».

Los «frentes» involucrados

Por eso es especialmente importante saber escoger los juguetes por parte de las madres y los padres, «y tener conciencia sobre el mundo que estamos construyendo a partir del juego simbólico que ofrecemos a los niños», remarcan. «Los pequeños son en parte lo que ven en casa. Y esto no es baladí. Los padres tienen la responsabilidad de educar en la igualdad de género a sus hijos, porque si no en la edad adulta esto tendrá un impacto muy grande. Pongamos un ejemplo: Si a las niñas a través del juego desarrollan e interiorizan valores como el cuidado de los demás, después elegirán carreras y trabajos relacionados con lo que aprendieron de pequeñas», advierte el sociólogo de la UOC.

Pero, añade Fàbregues, la responsabilidad no es solo de los progenitores: «Hay muchos frentes involucrados. La lucha contra los estereotipos es difícil y el sector de los juguetes y la publicidad, entre otros, se debaten entre la buena voluntad y la aversión al riesgo. «Es una asignatura que todos tenemos pendiente, desde fabricantes hasta distribución», reconoce el director general de Toy Planet. Desde esta cadena se ha lanzado la campaña «Toy Planet sin barreras», con la intención de concienciar de la importancia de romper con derminados clichés. En ella se puede observar a un grupo de niños, de edades comprendidas entre los 4 y los 10 años, jugando con diferentes juguetes: cocinitas, coches, muñecas, talleres mecánicos... «Nosotros ya constatamos el año pasado que la sociedad, en ocasiones, va por delante, y que cada vez más, tanto los padres como los niños demandan juguetes sin importarles el sexo que los define», añade Gaspar. «Hemos comprobado que los niños lo que quieren es jugar y que al final juegan y se divierten con todo. El juego favorece el aprendizaje del niño y le ayuda a alcanzar los objetivos propios de la etapa en que se encuentren, por eso es importante enseñarles desde pequeños a jugar con todo, sin hacer distinción de sexos», asegura Gaspar.

Los miembros de la Unidad afirman que el futuro pasa por «ofrecer nuevos modelos de relación que permitan que los niños puedan desarrollarse sin los corsés de los estereotipos, de los roles tradicionales de género, que no hacen más que limitar sus potencialidades».

En la campaña publicitaria de 2013-2014, según dos estudios realizados por el Instituto Vasco de la Mujer Emakunde, en el 46% de los anuncios dirigidos a niñas se detecta algún arquetipo, destacan del de fashion (29%), coqueta (22%), princesita (22%) y cuidadora (13%). Un 43% de los eslóganes de anuncios dirigidos a niños expusieron algún tipo de estereotipo, en un 39% el del héroe, el de guerrero (26%) y el aventurero (26%). «El problema no son tanto los juguetes sino la orientación que se les da promocionándolos para uso exclusivo de niñas o de niños. El problema es considerar como espontáneo o innato lo que es una construcción social y cultural de unos patrones aceptados socialmente», concluyen.

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