Empezar de cero laboralmente después de ser madre
Madres y empresarias

Empezar de cero laboralmente después de ser madre

A algunas mujeres el hecho de tener hijos les ha obligado a crear sus propios negocios para poder llevar dinero a casa y conciliar

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Con la crisis pasa más a menudo de lo que parece. Mujeres que emprenden un negocio como alternativa a la difícil situación laboral que se les presenta justo después de dar a luz o al reincorporarse al trabajo. Son muchos factores que explican esta situación, principalmente la crisis que hace que muchos empresarios se vean obligados a despedir empleados. Con la indemnización del despido, las más valientes optan por montar su propio negocio. Y es que emprender, abrir un negocio, es un riesgo. Supone que puedes vivir de ello o puedes perderlo todo. En esta última opción nadie te indemniza puesto que tú eres la empresaria.

Las mujeres de este reportaje tienen en común una cosa: son madres. Y a las cuatro la maternidad les abrió los ojos en un sentido que no imaginaban antes de serlo. Reciclarse, profesionalizar la maternidad y entender la vida desde el punto de vista de las nuevas tecnologías, hicieron el resto.

«Lo fácil es quejarse —dice Marta, 38 años y madre de dos hijas de 4 y 6— pero quejándote no pagas las facturas de la luz. Me monté por mi cuenta en el momento que volví de mi baja de maternidad y poco menos que me pusieron a ordenar clips cuando antes era subdirectora de marketing de una multinacional».

Marta es un nombre ficticio, quiere dar su testimonio pero no su nombre real porque todavía teme las represalias. «Tenía una jefa muy fría que no comprendía mi etapa vital. No es que yo crea que soy especial por haber sido madre pero a ella, que era madre también, por cierto, le daba lo mismo poner reuniones a las seis de la tarde, justo cuando era la hora de salir. No era una cuestión de escaquearme, era simplemente que quería llegar a casa para bañar a mis hijos y darles la cena. No me importaba seguir trabajando después de que ellos se dormían, de hecho muchas veces lo hacía, pero quería que mi horario dentro de las oficinas se respetara. Y mi horario era de ocho de la mañana a cinco de la tarde con una hora para comer». «En cuanto comencé a exigir mis derechos, las cosas empezaron a ir de mal en peor», reconoce Marta.

«Cada vez me daba trabajos más absurdos, me ocultaba información vital, me mandaba hacer varias veces las mismas cosas y, sobre todo, me empezó a tratar con muchísimo desprecio, no me dejaba hablar en las reuniones y al acabar estas me decía que había metido la pata». De repente, para su jefa, Marta dejó de ser una potentísima profesional a ser un cero a la izquierda. «Todo fue por mi maternidad, tuve una revolución interna y ella, simplemente, no lo aceptó, de repente dejé de alargar mis jornadas en la oficina hasta las nueve de la noche. Simplemente lo que no acababa, lo remataba en casa con mi portátil».

Con el dinero de la indemnización (pactó que la echaran), Marta montó su propia consultoría de marketing con una antigua compañera y «nos va bastante bien. Algunos clientes que tenía antes se han venido conmigo porque mis márgenes son infinitamente menores y sigo ofreciendo el mismo trabajo». «Dar el salto me dio vértigo —confiesa— pero ahora sé que fue lo mejor para mí, para mis hijas, para todo. Me he montado un despacho en casa, las llevo al colegio, las recojo, las baño y gano incluso más pero trabajando lo mismo. Es cuestión de organizarse. Además he ganado en calidad de vida».

Beatriz Martínez del Campo es otra emprendedora nata. Tiene treinta años, está casada y con dos hijas pequeñas. La motivación que le llevó a irse de su anterior puesto de trabajo es que su trabajo «era muy absorbente, sólo libraba los domingos, mi jefa era intransigente y le daba lo mismo si mi hija tenía, por ejemplo, fiebre. Además, el empleo no tenía ninguna perspectiva de futuro», por lo que decidió romper por lo sano.

En su caso tuvo la suerte de contar con la financiación de un familiar que confió desde el principio en su proyecto, una tienda online que se llama The Royal Shopping, que vende moda de hombre, niños, mujeres y complementos del hogar. «Abrí hace un mes y medio y las ventas me han sorprendido muchísimo para bien. La respuesta de la gente cuando aciertas en el producto es inmediata, además las redes sociales hacen maravillas porque llegas a todo el mundo de una manera mucho más sencilla».

Beatriz reconoce que la experiencia es lo que más le ha servido: «Llevar tantos años en el mundo de la moda me sirve para saber exactamente qué busca la gente y yo se lo consigo». Eso unido a la facilidad de envío y unos precios normales le han hecho tomar impulso desde el primer día. Pero como ella reconoce, «sigue existiendo mucho machismo, por ejemplo con los proveedores o el informático que, por ejemplo, no han terminado de tomarme en serio hasta que he recurrido a mi marido. Tengo la sensación de que cuando tienes hijos tragas más», concluye.

Irene García Perulero estaba a punto de terminar su tesis doctoral en Biología antes de nacer su primera hija. Los productos con los que trabajaba le hicieron desistir un mes antes del parto, pero el cambio vino con el nacimiento de la segunda. «Mi segunda hija nació prematura y estuvo ingresada mucho tiempo. Cuando nació yo trabajaba como evaluadora de I+D y dejé el trabajo para poder atenderla».

El caso de Irene es, quizás, de los más duros, ya que las razones por las que tuvo que dejar su trabajo estaban ligadas a una situación de enfermedad de su hija. ¿Quién puede ir a trabajar teniendo a su bebé prematuro en la UCI durante dos meses? Tras irse a casa tuvieron que pasar dos años hasta que la situación se normalizó, momento en el que decidió montar Canguros y Más, una empresa de contratación de personal doméstico especializada sobre todo en niñeras (aunque también buscamos otro tipo de servicios, como limpieza o cuidado de ancianos, salus y doulas).

Alejandra Villaverde es madre de un niño y una niña, gallega afincada en Huelva por matrimonio, que usó el dinero de su paro (lo capitalizó) y de su indemnización para montar una tienda física pero también on line de pañuelos y mochilas de porteo ergonómicas que se llama brazosyabrazos. Es decir, otra mujer, madre que invirtió su dinero en un negocio relacionado con la maternidad.

«Fue a raíz de quedarme en paro tras un ERE en mi empresa, calibré mis opciones y, en vista de que el panorama laboral estaba muy difícil y temiendo que se consumiera mi prestación por desempleo y no encontrar trabajo en ese tiempo, decidí generar mi propio empleo». Actualmente, las cosas le van razonablemente bien y no se queja. Reconoce que «no puedo decir que haya sufrido discriminación laboral por tener hijos, pero fue gracias a que me había convertido en madre cuando hice valer mis derechos tras mi baja maternal. Si en algún momento la empresa pretendía abusar en este aspecto, no me ha dado miedo defenderme con la ley en la mano».

Mujeres que decidieron dar un rumbo diferente a su vida, que no temieron invertir sus pocos ahorros y que ahora se dan empleo a sí mismas y, lo que es más importante, son felices porque, por fin, pueden convertir en realidad el sueño de muchas españolas: conciliar trabajo y maternidad. Mujeres que forman parte de ese grueso de la población que sostiene al país.