«Pruebe a sonreír en el ascensor a ver qué pasa»
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«Pruebe a sonreír en el ascensor a ver qué pasa»

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Un viaje a la India trastocó profundamente la vida de Jaume Sanllorente. Aquellas vacaciones de 2003 supusieron el inicio de un proceso de transformación personal, relatado en su libro Sonrisas de Bombay. El viaje que cambió mi destino (Plataforma editorial, 2007). Al año siguiente fundó la ONG Sonrisas de Bombay, con la misión de mejorar las condiciones de vida y velar por los derechos humanos de los grupos de población más vulnerables de Bombay. Esta organización impulsa en la actualidad proyectos que proporcionan apoyo a más de 5.000 personas en la India.

—A usted, como a muchos, se le despertó la conciencia en un viaje a la India. ¿Es necesario irse tan lejos?

—No soy muy amigo de los típicos topicos de la india te cambia. Te puedes encontrar a tí mismo en el baño de tu casa. A mi particularmente me despertó ver lo que tantas otras veces había visto en ese aparato, en el televisor de casa. Me dí cuenta de que era un timo eso de que había un primer mundo, un segundo mundo, un tercero... El mundo es uno solo. Pero todos tendemos —los políticos, nosotros mismos...— a estar continuamente separándolos. Y esta separación verbal, oral... es violenta en sí misma. Induce a la violencia en el planeta. La habitación de al lado no tiene nada que ver con la casa ... no señor, el planeta es uno mismo. Mostramos tantas incoherencias, que realmente no sé si nos damos cuenta de verdad. Y cuando nos damos cuenta miramos para otro lado. Fijate que vamos a buscar vida en otros planetas y fabricamos armas para cargarnos vidas en este mismo. ¿Esto como se entiende? Yo no lo entiendo. Ver directamente esto fue lo que me hizo sentir muy compañero de mundo, de esas personas que ví, de aquellos cuaranta niños de un orfanato... Y pasé a la acción. Si no me gusta una cosa de mi mundo, lucho y actúo para cambiarla.

—Esta cualidad de pasar a la acción la tiene muy poquita gente.

—A veces tal vez pensamos que va a suponer mucho sacrificios, o que uno va a ser muy radical... pero en «El poder de las sonrisas» lo que digo es que uno no tiene por qué irse a la India para pasar a la acción. A veces se trata más de imponernos pequeñas metas y de ser coherentes: por ejemplo, de proponernos que una sola persona que se cruce en mi camino sea más feliz gracias a mí. Así nos daremos cuenta de que esta felicidad que queremos regalar a los demás egoístamente, también nos repercute.

—¿Podemos ser generosos y seguir comprando alegremente en Navidad?

—No hay que criminalizar que uno pueda tener una cierta comodidad en la vida. Yo me acuerdo de una chica que se me acercó tras escucharme en una conferencia... Me dijo: «desde que leí tu primer libro no me compro cremas». ¿Y con eso en qué contribuyes? No sirve de nada. Canaliza esa energía, o frustación, o como quieras llamarlo en hacer el bien, y quizás en saludar más a ese compañero de trabajo que ves cada dia y que ignoras conscientemente.

—Sin irnos tan lejos, es posible trabajar por la solución.

—Totalmente. Hay una cosa que puede sonar ñoña, o cursi... pero es una de las tesis de «El poder de las sonrisas», y es que una sonrisa tiene un poder mucho más fuerte del que nos imaginamos, y representa mucho más de lo que creemos. Prueba a sonreir en el ascensor aunque parezcas un loco. Haz la prueba. Sonríe en el trabajo. Es más, creo que el fin de la crisis llegará cuando se empiece a sonreír más por las mañanas. Debemos saber que es un arma con la que se consiguen muchas más cosas que con una espada... Y además es gratis.

—Tu afirmas que una sonrisa se consigue todo (casi todo) y de todo el mundo.

—Es que es así. Casi todo. Y si alguien no reacciona después de unas cuantas sonrisas, es que tiene un problema. Igual no te interesa tanto.

—Después de ver lo que ves en los orfanatos indios, donde dices que a pesar de los pesares los niños siempre tienen una sonrisa dibujada en la cara... ¿Qué le dirías a esos pequeños que tienen de todo, en especial en estas fechas?

—Al niño nada, en todo caso le diría a los padres. Los niños no tienen por qué tener una colección de Famobils entera... Es muy simple. Si les preguntas, ellos te dirán que lo que en realidad quieren son más horas de sus padres, y si les preguntas a estos, te dirán que quieren más horas con sus hijos. Hay que dar tiempo a los hijos. Damos muy poco tiempo a los nuestros en general. Debemos saber que si damos tiempo a los demás nuestro propio tiempo se ensancha. No es una pérdida, es una suma. Ser cada vez más individualistas nos resta como personas, no refuerza nuestra esencia. La devalua, resta. Porque el ser humano no está hecho para no compartir.

—¿Qué es lo que más falla en la sociedad actual?

—Creo que no somos generosos, porque implica muchos sacrificios. Esto pasa mucho con parejas. Si veo algo que implica sacrificio, pues me divorcio. Y me refiero a cualquier compromiso, no tiene por qué ser de pareja. Estoy hablando también de cuando llega la hora de tener un hijo, o de seguir una opción de vida, realizar un voluntariado, con un trabajo... la vida implica sacrificios, y cada vez estamos menos dispuestos a asumirlos. En mi caso, seguiré trabajando mientras haya un solo pobre en Bombay... y eso no es incompatible con nada en la vida.

—¿Cuáles son las carencias más llamativas del sector de la cooperación al desarrollo? ¿Cuál es tu forma de trabajo?

—Mi fórmula de trabajo es posicionarme siempre en alianza con la comunidad, aquella que no es receptora de sus derechos humanos directos. Sonrisas de Bombay nunca ha pagado por debajo de la mesa para conseguir un permiso. Hemos tenido que esperar a veces cuatro años para conseguir un permiso. Pensamos que estamos luchando contra algo, y que sería incoherente actuar de la misma manera. Un truco también es que de los 246 trabajadores que tiene la ONG solo 8 no son indiios y estos trabajan en Barcelona. El 100% de la organización en India es indio. El único que no lo es soy yo.

—¿Que tipo de cualidades buscas tú en la gente que trabaja contigo?

—Profesionales de su ámbito. ¿Un hospital para anestesiar que buscaría? ¿Un profesional o una sueca estupenda que en sus horas libres quiere hacer un voluntariado? Una de las principales carencias del sector a la cooperación al desarrollo es también la mala o nula pedagogía que hemos hecho desde el propio sector (ONGs) hacia la población en general. La mayoría de las veces el concepto erróneo que se tiene es culpa de las propias ONGs. Es importante que desde las propias organizaciones fortalezcamos el mensaje de lo que hacemos y lo que realmente somos. Afortunadamente, también hay mecanismos cada vez más grandes para controlar el tema de la transparencia. Hoy en día se puede comprobar incluso el margen de la organización. Qué hacen con el dinero, si está o no auditada, si depende del protectarado de fundaciones, si está federada... Y afortunadamente, aunque suene paradójico, también cada vez es más difícil tener una ONG y gestionarla, con lo que se evitan intrusismos.

—¿Que les diría a esas personas que quieren ser voluntaria?

—Que realmente lo analicen bien, y se pregunten si realmente son tan necesarios. Honestamente. Para ir cuatro personas un mes a pintar cuatro paredes... ¿No lo pueden hacer desde allí? Sé que lo que estoy diciendo es super políticamente incorrecto. ONGs hay muchísimas, y maneras de contribuir, también.