Cómo vencer las críticas de tu suegra cuando educas a tus hijos

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Una de las cosas que más frustración genera a las madres (y también a los padres) en la crianza de sus hijos es ver cómo de forma constante las personas más cercanas a ellas critican su forma de ejercerla. Especialmente curioso es el caso de las abuelas de los niños, madres o suegras de los padres de esos niños que, especialmente cuando tienen mucha presencia en la vida de los niños inevitablemente dan su opinión generando muchas veces situaciones totalmente innecesarias. Madres nacidas en la década de los setenta y ochenta frente a abuelas nacidas en la década de los cuarenta y los cincuenta difícilmente pueden estar de acuerdo, salvo que las abuelas se reciclen o que las madres hayan sido educadas bajo parámetros de hace sesenta años, cosa altamente improbable que, además se vería influenciada por la época que les tocó vivir.

Conscientes de que en muchos hogares se generan conflictos con estos temas de falta de entendimiento y por exceso de intromisión, Azucena Caballero ofrece una serie de claves y pautas que pueden ayudar a resolver estos conflictos. Ella es cofundadora de la Pedagogía Blanca, docente con más de quince años de experiencia a sus espaldas, madre de tres hijos, dos de ellos ya adolescentes, es hija y también es nuera.

A las abuelas no les corresponde educar

—¿Por qué las madres tienen tantas discordancias en la forma de educar a sus hijos con las abuelas de éstos (madre de la madre y suegra de la madre)?

—Por varios motivos, por un lado está el cambio generacional, por otro las diferencias de opinión, pero sobre todo está el problema de autoestima, dudas, culpabilidades soterradas, que en ocasiones arrastra la maternidad y que asoman por debajo de la alfombra de sombras emocionales que estaban casi olvidadas y que destapa convertirse en abuela.

La mayoría de veces las abuelas dan su opinión convencidas de que ayudan, ven a la hija o a la nuera como alguien joven y con poca experiencia y creen de verdad que están ayudando. Cuando la joven madre no está de acuerdo con su opinión las abuelas se sienten mal por dos motivos: uno porque realmente tenían buena intención y dos porque, aunque no sea la intención de la mamá cuestionar cómo ellas criaron a sus hijos, sólo quiere dejar claro cómo ella quiere criar y educar a los suyos.

Muchas abuelas se sienten cuestionadasMuchas abuelas, que evidentemente fueron madres nuestras o de nuestras parejas, se sienten cuestionadas, o sienten que se han de cuestionar cosas que ahora no quieren, porque no tienen solución, porque es obvio que todos nos equivocamos, así que ellas a veces también lo hicieron y ahora aflora de nuevo y porque creen que, a pesar de todo, sus hijos salieron bien, así que creen que mejor que su hija o nuera siga una fórmula probada. En el fondo se trata de falta de comunicación sincera y real. Para que todo fuese más sencillo las abuelas tienen que entender que de la misma forma que ellas ya criaron y educaron a sus hijos en su momento, ahora les toca a las nuevas mamás (y papás) ocuparse de criar y educar a los suyos cómo mejor crean, con sus ideas, aunque sean nuevas. Los abuelos ahora pueden y tienen que relajarse, ya no tienen la responsabilidad de educar, tienen otra faceta que es disfrutar, en la que también pueden aportar, pero desde el respeto. Sería bueno que las abuelas reflexionaran sobre la maternidad que ellas pudieron ejercer o la que hubieran deseado ejercer y que reflexionen sobre el tipo de madre o suegra que realmente ahora quieren ser. ¿Quieren ser un apoyo o un motivo de conflicto en el hogar de sus hijos? Y las nuevas mamás, es necesario que entiendan que sus mayores solo quieren aportar, aunque lo hagan desde una perspectiva diferente, así podrán responder de forma asertiva cuando sea necesario, pero sin dañar ni ofender a la abuela de sus hijos.

Las madres de ahora aspiran a más

—La mayoría de los puntos de desencuentro se producen a la hora de las pautas para comer, dormir y muy especialmente a la hora de aplicar una determinada pedagogía. Los mayores siempre suelen decir aquello de: pues yo a mis hijos los he educado así y me han salido estupendamente bien. ¿Qué cosas buenas nos ha traído las nuevas pedagogías y por qué?

—Las nuevas pedagogías nos han traído nuevas formas de mirar no solo a la infancia y la adolescencia, sino también a la maternidad. La maternidad ahora ya no se ve como una obligación y una enorme responsabilidad sin más, si no que tenemos un nuevo concepto, el de «disfrutar la maternidad». Esto hace que la relación con nuestros hijos se vea en otros términos más allá de ejercer la autoridad y educar para el éxito profesional y el saber estar. Ahora hay otros componentes que contemplamos desde el primer día, empezando por la inteligencia emocional, la potenciación y desarrollo de la creatividad, una adecuada integración social, etc. Hemos podido comprobar que ciertas prácticas habituales, heredadas de la época victoriana no daban el mejor fruto posible y que tratar a los niños con respeto y empatía, estableciendo límites claros, pero sin basar su educación ni en un sistema de castigos ni mucho menos en uno de violencia verbal y psicológica, permiten un mejor desarrollo tanto a nivel cognitivo, como emocional y social.

Los padres de ahora quieren crear un clima de respeto y confianza con sus hijosLos mayores tienen razón a veces en que ellos educaron a sus hijos de x forma y les salió bien, o eso parece. Pero muchas veces pasan por alto las carencias afectivas y emocionales que derivan en relaciones distantes o de compromiso entre personas que por ser padres e hijos debería ser mucho más estrecha y confiada y en los problemas de autoestima de una gran parte de la sociedad, educada de forma autoritaria y poco empática. Las madres de ahora no solo quieren que sus hijos puedan desarrollarse bien en su vida laboral y social el día de mañana, aspiran a mucho más, a tener una relación de mutuo respeto y confianza, sólida y perdurable, y para ello hay que crear ese clima de empatía, respeto, confianza y fluidez en la comunicación desde el inicio. Todas esas pautas, de «porque lo digo yo», «te callas porque eres pequeño», «o haces esto o te castigo», etc, han quedado desfasadas, y aunque las abuelas nos las recomiendan por ayudar, no es el tipo de ayuda que las mamás de ahora buscamos.

Los beneficios de la Pedagogía blanca

—La Pedagogía Blanca propugna una manera de educar basada en el respeto hacia los niños para que estos sean criados en el amor, el cariño, el respeto y la capacidad desde pequeños de tomar pequeñas decisiones, sin embargo es todavía muy difícil que la gente lo comprenda. ¿Por qué si lo que se explica es beneficioso para el menor?

La Pedagogía blanca ha dado resultados en hogares y colegios—Porque la mayoría fuimos educados de otra manera y creemos que si fue buena o suficiente para nosotros, podrá serlo para nuestros hijos. También influye que si reproduces lo que la mayoría hace, parece que si te equivocas te criticarán menos, ya que hiciste lo que hacían todos. Es uno de los grandes males de nuestra sociedad, nos importa demasiado lo que pensarán los demás. Si empezáramos a interesarnos más por lo que piensen de nosotros y de ellos mismos, nuestros hijos y nuestros nietos, probablemente todos estaríamos más abiertos a la Pedagogía Blanca que lo único que aporta es mayor comunicación y bienestar entre y para todos, y que ya está dando frutos no solo en hogares, sino también en aulas de varios colegios e institutos que están apostando por esta nueva forma de mirar y tratar a los niños y adolescentes.

—¿Cómo se han de afrontar las críticas dentro del entorno familiar hacia la manera de educar escogida por los padres? Las críticas o las burlas (poner ejemplos de intromisiones, por ejemplo, este niño tiene hambre, es que como le dejas comer cuando quiere y lo que quiere, este niño es un consentido, nunca le pones límites, qué delicada eres con las cosas que se pueden o no decir a los niños, te crees que lo sabes todo y yo ya he criado a mis hijos, tú no me vas a enseñar nada…).

—Muchas veces las abuelas confunden el interesarse por sus nietos y su desarrollo con lo que se puede convertir en una intromisión en parcelas de nuestra vida que no les corresponde. Pero como sabemos que no tienen mala intención en realidad cuando dan ciertos consejos, lo ideal es contestar de forma asertiva, con un simple «gracias, lo tendré en cuenta» y no discutir más, para no perder energía en algo que no tiene sentido, ya que la mamá seguirá haciendo lo que crea más oportuno en el día a día con su hijo, o contestar con un «gracias por tu interés, de momento seguiré haciéndolo a mi manera, cuando necesite ayuda te lo haré saber», siempre con una sonrisa, por supuesto, y pasando inmediatamente a otro tema de conversación, continuando con la velada de la forma más agradable posible.

Respuestas a los comentarios

—¿Cómo responder a los comentarios de las abuelas?

—«Este niño tiene hambre, es que como le dejas comer cuando quiere y lo que quiere…» Basta con contestar: «no te preocupes, que de su dieta y horarios ya me ocupo yo. El niño está sano, quédate tranquila que yo me encargo». Y sigues con cualquier otro tema, desde un artículo leído en la prensa a pedirle una receta, o enseñarle las últimas fotos que les has hecho a los niños, todo muy natural.

A «este niño es un consentido, nunca le pones límites» puedes contestar algo breve, pero que deje claro que eres tú quien está al cargo de la educación y crianza de tu hijo, pero entendiendo que ella lo dice por preocupación, sincera, algo así: «Tranquila, claro que tiene límites, todos tenemos, yo me ocupo, no te preocupes».

Si te dicen «qué delicada eres con las cosas que se pueden o no decir a los niños» puedes incluso darle la razón, pero pidiendo respeto por tu opción. «Sí, es cierto, me afecta bastante lo que se le dice a mis hijos, y por eso, por respeto a mí, te pido que ciertas frases no se las digas. No te cuesta nada, y a mí me haces feliz, gracias». Si no deseas darle la razón, basta con que le digas algo como: «Entiendo que no puedas ver la importancia de cuidar lo que se le dice a los niños, pero puesto que yo sí la tengo clara y son mis hijos, te pido que cuides lo que les dices, ya que a ti no te cuesta nada y para nosotros es importante».

«Te crees que lo sabes todo y yo ya he criado a mis hijos, tú no me vas a enseñar nada». Ante este tipo de frase, en el que nos muestran uno de sus miedos inconscientes, el de que estemos cuestionando su maternidad, aunque entendemos lo que pasa por su mente, no podemos ceder, porque no hablamos de cuando ella criaba a sus hijos, hablamos de la crianza de los nuestros y los niños son prioritarios. Así que amables, pero firmes: «Yo no creo saberlo todo, ni pretendo enseñarte nada. Tú como dices ya criaste a tus hijos y lo hiciste como consideraste mejor, ahora me toca a mí criar a los míos como yo crea mejor. Entiendo que a veces no estés de acuerdo pero necesitamos que nos apoyes respetando nuestras decisiones sobre cómo educar a nuestros hijos, de la misma forma que tú mereciste respeto por tu forma de criar. Precisamente porque tú ya has criado a los tuyos podrás entender lo que significa para mí criar a los míos».

Lo ideal en cualquier caso es una vez contestado de forma asertiva es cambiar de tema para no encallarnos en la misma conversación y que eso se convierta en tema de mayor discusión. Si alguna vez no logramos salir de forma rápida del tema y la abuela discute, nuestra respuesta no ha de ser intentar rebatir, ha de ser la de reforzar lo que ya dijimos, que somos nosotros ahora quienes criamos y educamos, y es algo que han de aceptar y respetar, algo tipo «entiendo que tengas tu opinión y que quieras ayudar, pero de verdad que no tienes que preocuparte, nosotros nos ocupamos a nuestra manera, tú aprovecha que eres la abuela y disfruta de tus nietos, que es lo que ahora te toca» y si continua, se corta ya de forma muy breve: «No pedimos que lo entiendas, solo que lo aceptes y nos respetes, los padres ahora somos nosotros».

De todas formas, la mayoría de abuelas aceptarán las respuestas iniciales y aceptarán el cambio de tema, ya que la gran mayoría lo que desean es que sus hijos y sus nietos estén bien y disfrutar de su familia. Y sobre todo recordemos lo que a nosotras nos incomoda este tipo de situaciones para el día de mañana porque también seremos suegras. Y recordar que aunque probablemente nuestras hijas y nueras hagan cosas diferentes, merecerán nuestro apoyo, respeto y confianza. Al fin y al cabo, si los niños están sanos y felices, será que pensemos lo que pensemos, algo estarán haciendo bien ¿No?