Familia

«Supernanny» desvela el mayor error que cometen los padres con sus hijos

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Rocío Ramos no duda al decir que los niños son desobedientes «porque tienen que serlo» y está bien que sea así «porque uno entiende la norma a partir de desobedecerla». Añade que así es como se producen las rabietas, que son el inicio de la inteligencia emocional de los pequeños.

—No son pocas las ocasiones en las que ha señalado que a los niños hay que ponerles normas y límites. Sin embargo, muchos padres no dejan de decir a sus hijos, una y mil veces, que no salten en el sofá, que recojan su habitación... ¿En qué fallan para que los hijos no cumplan sus órdenes?

—El mayor error que comenten los padres es no mantener un castigo. Detrás de una mala conducta siempre tiene que haber una consecuencia. Si quiero que no repita ese mal comportamiento habrá que imponer un castigo y mantenerlo, y si quiero que repita una buena acción habrá que concederle un premio. Si se es constante en esto, al final los niños asimilan que la norma es importante y aprenden los beneficios de la convivencia.

—¿Son actualmente los niños más desobedientes o es que los padres están más desesperados?

—Lo cierto es que los niños de ahora son más inteligentes porque se les ha estimulado mucho. Desde bien pequeños conocen el mar, la montaña, han montado en avión... Tienen unos estímulos que antes no tenían hasta ser más mayores. Esto les hace ser más inteligentes. Es decir, que muchas veces el «porque lo digo yo» ya no les vale. Los padres requieren de otras habilidades para dar respuesta a sus contestaciones y constantes retos. Es normal que puedan sentirse desesperados por la actitud de los hijos y porque hay quizá un bombardeo de información que no siempre es práctica y que no siempre los lleva a saber cómo intervenir ante una rabieta, una mala contestación...

—Algunos padres consideran que sus hijos son pequeños para que entiendan que deben cumplir una orden. ¿Desde qué edad hay que intentar que los niños obedezcan?

—Desde el principio. Cuando a un bebé le damos de comer, le vamos ajustando poco a poco a unos horarios que, en definitiva, son normas con cierta flexibilidad. Al igual que sabe que cuando le bajamos la persiana es que tiene que dormir. Con estas sencillas normas empieza a asimilar que existen límites. El gran problema llega cuando el pequeño cumple los dos años y medio y manifiesta grandes rabietas ante las que los padres se preguntan cómo es posible que un niño que era tan bueno y tan mono se comporte ahora de esta manera tan terrible.

La respuesta es que evolutivamente a esa edad empiezan a asimiliar que no todo es posible como él dice y que, a veces, hay que decirle que no. También hay otro momento muy complicado que es de 7 a 9 años, puesto que si no le hemos puesto normas y hemos accedido a sus deseos para que se calle o porque nos sentimos culpables por pasar poco tiempo con él, nos daremos cuenta de que a esa edad ya ha adquirido las habilidades suficientes para actuar, contestar y tener comportamientos disruptivos que son complicados de manejar por los progenitores. Lo que no hay duda es que entre los cero y los ocho años de edad el ser humano está preparado para cambiar de una manera especial y por eso aprenden tanto y de una manera tan rápida.

—¿Afecta también en su comportamiento que los padres pasen menos tiempo con sus hijos por cuestiones laborales?

—No. Es una variable más. Educar siempre hay que educar. Si un padre o madre tiene que pagar una hipoteca y tienen que trabajar los dos, ¿quiere decir que van a educar peor? Rotundamente no. Se le puede hacer al niño responsable de tareas que tiene que realizar, que cumpla con su rutina estén o no los padres... Además, cuando estén con él deben aprovechar bien el tiempo. Esto no significa que deben llevarle todos los domingos al zoo. Ni mucho menos. El tiempo de calidad va encaminado a que si cuando llego a casa y hay una cena, la cena es esa, es la que tiene que comer, igual que el tiempo de juego es para jugar. El tiempo de calidad también es aquel que incluye normas de hasta dónde puede llegar y actuar el niño.

—¿Cuáles son los principales problemas con los que llegan los padres a su consulta?

—Hay tantos problemas como familias y por eso los tratamos de manera individualizada. Pero, en general, entre los 0 y 3 años aparece el problema del sueño y la comida; a partir de los 6 a 9 es el incumplimiento de normas y el estudio y, después, la dificultad de negociar y comunicarnos con un hijo que no es niño pero tampoco un adulto.