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Hijos de la mediación: ni suspensos ni frustrados con la vida

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Ni bajo rendimiento en los estudios, ni conductas antisociales, o depresiones varias. Mas bien al contrario: Si en lugar de «La guerra de los Rose», donde Michael Douglas y Kathleen Turner se tiraban los trastos a la cabeza, tiene lugar una separación bien llevada, pacífica y encaminada al consenso, las fortalezas de los hijos se disparan. Esta sería la conclusión principal del estudio «Hijos, mediación y divorcio», realizado por la Fundación Atymetras entrevistar a hijos de parejas que acudieron a la mediación antes de poner fin a sus vidas en común.

El estudio es significativo porque, como consecuencia de las más de 110.000 rupturas que hubo en España durante 2011 (últimos datos del INE), se registraron cerca de 90.000 menores involucrados. Son los convidados de piedra de una cita a la que nunca les hubiera gustado acudir. Por eso, cuatro años después, cobra especial relevancia lo que estos jóvenes han relatado sobre su experiencia colateral a los procesos de mediación a los que acudieron sus padres buscando una solución pactada y negociada a la disolución del vínculo conyugal.

La investigación, dirigida por Trinidad Bernal, directora de Atyme y pionera de la mediación en nuestro país, ofrece datos que son esclarecedores: El 88% de los hijos entrevistados reconocen que el hecho de que el fin de la convivencia de sus padres no fuese conflictiva —aunque fue un acontecimiento triste y, en muchos casos, una experiencia dura—, ayudó a que sus vidas experimentaran una mayor tranquilidad. Esa manera de «normalizar» la separación hizo también que en el 79% de los casos los jóvenes entrevistados se llevasen mejor con sus dos progenitores y que, en última instancia, no se vieran afectados en sus estudios (es más, un 85% de los jóvenes no sufrieron cambio en sus notas, o incluso las mejoraron).

Por qué no despega

Pese a que las ventajas son múltiples, tal y como demuestra este estudio, el sistema no acaba de instalarse en España. De hecho, en la Memoria de la Fiscalía General del Estado correspondiente a 2012 se reconoce que el papel de la mediación en los procedimientos de familia no tiene hasta ahora un «auténtico despegue». Y eso que este tipo de intervención abarca un amplio espectro de problemas familiares. Es más conocida por conciliar en separaciones y divorcios, explican desde elInstituto Madrileño de la Familia y del Menor de la Comunidad de Madrid, pero también es útil a la hora de alcanzar acuerdos cuando existen malas relaciones entre padres y adolescentes, disputas de herencias, dificultades originadas por el cuidado de mayores con discapacidad...

Los motivos que nos colocan como el país europeo con mayor tasa de litigiosidad y menos separaciones mediadas habría que buscarlos, entre otras cosas, «en una total falta de apoyo institucional y político hacia este sistema», tal y como afirma Daniel Bustelo, director de la Asociación Interdisciplinaria Europea de Estudios de la Familia (AIEEF), y corrobora Santiago Madrid, director del Curso de Experto en Mediación y Resolución de Conflictos y miembro del Grupo de Psicología y Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos (COP).

Por eso, concluye Maribel López, mediadora de Atyme, «no está de más que recordar que aunque un divorcio va a ser siempre un acontecimiento duro, no querido y lleno de emociones negativas, si este es pacífico sí que puede llegar a contribuir positivamente al reajuste personal de los hijos».

Irene, 24 años, psicóloga: «Me he pasado media vida intentando psicoanalizarles»

Irene reconoce sin ambages que la separación de sus padres le influyó a la hora de elegir sus estudios. «Tanto es así, que decidí ser psicóloga. Mi máxima preocupación era entender por qué se habían separado, cómo habían llegado a ese punto. Para ser sinceros, ¡me he pasado media vida psicoanalizándoles!», reconoce entre risas. Hoy trabaja como orientadora en un colegio concertado, pero cuando todo ocurrió tuvo muchas dudas acerca de lo que estaba pasando en su casa. «Podrá parecer mentira, pero la situación no era evidente ni insostenible. Al contrario, para mí la separación fue toda una sorpresa. Por eso quizá los primeros años fueron más difíciles. No tenía evidencias anteriores de que algo fuera mal entre ellos, y no lograba entender lo que había pasado. Es decir, no entendía que mis padres, además de ser papá y mamá, también eran una pareja, con sus más y sus menos».

Con el tiempo, además de asimilarlo, supo sacar lo mejor de la situación. «Entendí que podía elegir la relación que quería tener con cada uno de ellos por separado. Todavía estoy en eso. Quiero conocer a cada miembro de mi familia y construir el modo de relacionarme más adecuado. Digamos que todavía estoy tratando de entender el concepto "familia". ¡Pero va muy bien!», exclama. Ella piensa, desde el conocimiento que le dan ahora sus estudios, que los padres cuando deciden tomar el camino de la separación deberían tener en cuenta el respeto hacia los tiempos de toda la familia.

Julia, 21 años: «Agradezco a mi familia que me lo explicaran todo»

Esta estudiante de enfermería tenía sólo 14 años cuando sus padres decidieron separarse y acudir a mediación. Si algo recuerda es que «mis padres me tuvieron informada en todo momento. Y yo les agradezco mucho que me intentaran explicar que, aunque ya no eran una pareja, iban a seguir siendo nuestros padres». Julia, en función de su experiencia, explicaría a los padres que se vayan a separar que cada uno asume las cosas a su manera, y que hay que tener paciencia. En cierto modo, también justifica su confusión a la hora de criar a un hijo tras un divorcio. «Nos han criado como una unidad y de pronto tienen que hacer frente a la paternidad o maternidad solos. Suelen estar perdidos».

Luis, 23 años: «Los padres no deberían crear bandos»

Quizá porque Luis tenía ya 20 años cuando sus padres se separaron, lo que más sintió fue alivio. «De hecho, se tenían que haber separado antes», comenta medio en broma medio en serio. Para este joven, técnico de sonido, estudiante de teleco y emprendedor, los padres no deberían sobreactuar durante una separación. «Mi padre decía: ¡no nos damos suficientes besos! y en aquel momento a nadie le apetecía ser cariñoso», recuerda. «A los hijos no nos tienen que demostrar nada, ya sabemos cómo son. Al contrario, para mí tendrían que ser más naturales y no sobreactuar. También les aconsejaría que no involucraran a los hijos en los conflictos de pareja. Es decir, que no crearan bandos y que, por favor, lo hagan de la forma más pacífica posible, porque ya de por sí somos una víctima directa de la separación como para complicarlo más. Pero, sobre todo, que no teman. Que no intenten sobornar a los hijos, porque estos saben que sus padres siempre serán sus padres. No convives con los dos, pero sabes sus números de móvil».

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