Remedios Losada pudo no haber nacido
Remedios Losada pudo no haber nacido
Familia

«Mi madre quiso que yo no naciera»

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Los padres de Remedios Losada son españoles, pero a finales de los 60 emigraron con cuatro hijos y algunos familiares a Argentina. «Mi madre tenía por aquel entonces 22 años y a mi padre le gustaba mucho salir de fiesta con los amigos. A los 25 años era alcohólico. Las cosas se pusieron muy feas y ella tuvo que trabajar mucho para sacar a sus hijos adelante. Las discusiones en la pareja cada vez eran más frecuentes y fuertes. El tiempo fue pasando y nada cambiaba. Sin embargo, un día, en un intento de reconciliación, ella se queda embarazada. Embarazada de mí. Al conocer la noticia, mi madre se llevó un gran disgusto y al ver que la relación con mi padre no mejoraba, ella cayó en una gran depresión».

Desorientada y en metida en un pozo sin fondo, fue alentada por una cuñada para que fuera a una clínica a abortar. Y así fue. Llegaron al centro por la tarde y fue la última paciente del día. Ella quería acabar cuanto antes y salir de allí porque su cultura española y cristiana le hacía sentirse muy culpable. «La desnudaron, la pusieron un gorro de plástico en la cabeza, la tumbaron en la camilla... Cuando llegó la doctora y se dispuso a intervenirla, dejó el instrumental sobre la mesa y dijo que no podía hacerlo, que había algo, superior a ella, que no le dejaba practicarle el aborto. "No lo entiendo, hoy he tratado a un montón de pacientes, pero a tí no te lo puedo hacer"».

La madre de Remedios salió de allí en estado de shock. «¿Ya has terminado?, le preguntó su cuñada al verla aparecer por la puerta con la cara pálida. Al contarle lo ocurrido volvieron a entrar enseñándo a la doctora el sobre con el dinero. «Lo siento, ya le he dicho que no es posible».

Salió de la clínica con el dinero en el bolsillo y embarazada. Pero no cesó en su empeño y llegó a darse puñetazos y golpes en la tripa en los momentos de mayor frustración. Incluso, tomó unas pastillas para abortar, pero no le hicieron efecto.

Llegó el día del parto. Su marido, borracho, la llevó en su coche al hospital, y casi pierden la vida en un accidente al chocar contra otro coche. Su marido y el otro conductor se enzarzaron en una pelea en medio de la carretera, mientras ella suplicaba entre contracciónes que necesitaba un médico. Finalmente, llegaron a la clínica. Y nació Remedios. Una preciosa niña de cuatro kilos de peso. Sin embargo, uno de sus brazos solo le llegaba hasta el codo, como resultado del efecto de aquellas pastillas abortivas que ingirió.

Al regresar a casa, familiares, amigos... todos querían ver a la niña y ayudar a la madre. «Tras tantos temores mi madre se convirtió en el centro de atención y las cosas en casa empezaron a mejorar. Poco después decidieron volver a España. Mi padre dejó de beber y se convirtió en un padre y esposo responsable. Mi madre siempre me ha dicho que soy especial porque todos los problemas que parecía que traería mi nacimiento se convirtieron en buenas noticias».

Este matrimonio tuvo después dos hijos más. «Si mi madre hubiera abortado tendría hoy un gran arrepentimiento. La vida le ha dado una lección porque sabe que la vida está llena de vida».

Remedios ha contado su testimonio a ABC como representante de todos aquellos bebés que no han podido nacer. «Si las cosas hubieran sido distintas no estaría hoy aquí, ni disfrutaría de mis dos hijos. Hubiera sido muy injusto». El próximo día 6 de abril acudirá a la Puerta del Sol de Madrid para celebrar el Día Internacional de la Vida y contar su historia a los asistentes.