Padres e Hijos

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Los mejores trucos para contar cuentos a nuestros hijos

Día 24/06/2013 - 17.16h
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El momento ideal es antes de dormir, es conveniente que el cuento tenga un final feliz...

La lectura es uno de los hábitos más valiosos que los padres pueden inculcar en sus hijos. Y todo empieza por los cuentos de la más tierna infancia. Con ellos se estimula el desarrollo de los niños, satisfcen sus necesidades, es una forma de comunicación y relación entre padres e hijos, un momento íntimo de afectividad... Con los cuentos se aprende. Y también entretienen, divierten y se disfruta de muy cálidos momentos, de risas, de sueños, del mundo de la fantasía, de la imaginación... Por eso, nunca está demás, conocer algunos trucos, consejos, para que esa costumbre sea uno de los mejores momentos de cada día en la familia.

De la mano de dos especialistas, los padres hará disfrutar a sus hijos y disfrutar ellos mismos de los cuentos de toda la vida, y de los más modernos. Jorge Casemeiro, director del Centro de Psicología y Pedagogía Psicopaidos y asesor del Colegio Profesional de la Educación, y Isabel Carril, directora de publicaciones generales de la editorial Bruño, dicen cuál es la mejor forma de leer un cuento a nuestros hijos:

—¿Qué es mejor un cuento narrado o leído? Es más fácil narrar un cuento porque mantiene mejor la atención del niño, ya que se le puede mirar a los ojos, captar sus gestos... Pero hay que intercalarlo con cuentos leídos, porque así es más fácil que adquiera el hábito de leer libros.

—¿Cuándo empezar? Desde que nacen, en eso no dudan los expertos. La musicalidad de las nanas, de las canciones, de las rimas, es una forma de que el bebé se vaya introduciendo en las narraciones.

La lectura de un cuento puede incorporarse en cualquier momento: siempre como un hablarle, contarle o cantarle asociado a la presencia de un libro, que al niño le interesa como un objeto de exploración oral y para manipular. Hay libros adecuados a los niños cuando son tan pequeños: con texturas, colores y materiales que llamarán su atención.

—¿Cuál es el mejor momento del día para contar un cuento? Cualquier momento es oportuno. Sin embargo, contar un cuento antes de dormir por la noche tiene muchas ventajas: es un momento de intimidad entre el niño y los padres, de afectividad, es una oportunidad de comunicarse... Esto tiene un efecto «sedante»: el niño se siente protegido y le facilita conciliar el sueño. El cuento les relaja. Establecer esta rutina les organiza la vida y saben lo que tienen que hacer, aportándoles así seguridad. Cuando sean adultos también será ese el momento de leer un libro.

—Si el niño reclama leer un cuento en cualquier momento ¿hay que hacerlo? Depende de la edad del niño y de la disponibilidad de los padres. Los niños también pueden entretenerse solos con los cuentos.

—¿Hay que leerles cuentos todos los días? Sí, de esta forma se establece una rutina que les aporta seguridad. Un cuento es compatible con muchas otras rutinas: cuando viaja en coche, cuando se baña, cuando está comiendo... Y es un buen recurso que ayuda en momentos difíciles: cuando está nervioso, en una sala de espera o en un viaje... Esas situaciones puede resultar muy incómodas para niño, el cuento le ayuda a sobrellevarlas porque abre la puerta a la fantasía.

Si un día están cansados o enfermos, y no quieren un cuento, hay que ser flexibles.

—¿Los niños pueden elegir el cuento? Es responsabilidad de los padres conocer los gustos del niño y sus preferencias, porque un cuento que no le guste va a fracasar. Y tener en cuenta que el niño elegirá el material que previamente se ha puesto en sus manos, y eso lo hacen los padres. En ocasiones, lo padres pueden utilizar un cuento como un recurso para afrontar ciertas situaciones.

—Muchos niños quieren siempre el mismo cuento ¿se debe seguir esta pauta? La repetición es una característica de los niños, forma parte de su evolución, favorece el desarrollo de la memoria y el aprendizaje. Además, les da seguridad porque se anticipan y saben lo que va a ocurrir.

—¿Hay que evitar la televisión, el móvil... al leerles un cuento? En efecto, cuantas menos distracciones mejor. Evitar los aparatos eléctricos y favorecer un entorno tranquilo y silencioso estimula la comunicación y la lectura compartida.

—¿Cuánto tiempo se dedica a la lectura del cuento? Depende de la edad, de las circunstancias, de la hora... A veces 5 o 10 minutos pueden ser mucho, y otras el mismo niño puede parecer inagotable.

—¿Hay trucos para mantener la atención? Lo primero es que el cuento interese al niño. Y después hay que ser didáctico: dramatizar, implicarse... Y sobre todo no cansarle, ser flexible y ajustarse a su rendimiento.

Hay que encontrar recursos para mantener su atención: unos títeres o marionetas (fabricadas en casa) que salen de detrás de la espalda o de un cofre les sorprenderán. También se le pueden hacer preguntas porque les hace implicarse, pero sin abusar ya que pueden perder el hilo del cuento.

Cuando los niños son pequeños, lo mejor es completar el cuento y no tener interrupciones pues pierden el hilo de la narración y el interés. Sin embargo, hay que tener una premisa: más vale dejar el cuento a tiempo que contárselo por la fuerza. Leer un cuento debe ser un momento placentero.

—¿Se debe escenificar, utilizar gestos...? Lo importante es transmitir interés, sin forzarse en hacer lo que resulta incómodo o artificial. Cada padre tiene un estilo a la hora de leer un cuento. Cierta dramatización siempre es eficaz, así como recursos verbales (cambios de voces, hacer pausas, el volumen o el tono de la voz...). Los gestos también son útiles, pero puede bastar con usar la mano para señalar ilustraciones u objetos que aparecen en el cuento. Por las noches, cuanto más suave mejor, pues hay que ayudarles a relajarse.

Resulta de mucha utilidad que el padre ensaye, controle y conozca muy bien el cuento que va a contar.

Existen muchos recursos para dar entonación al cuento: librerías que organizan cursos de cuentacuentos, vídeos en internet, libros que enseñan a contar...

—¿Hay que detallarles la escena o mejor que utilicen su imaginación? Depende de la edad, de la concentración... Pero detallar mucho la escena puede dificultar la narración y desviar la atención. Además, es conveniente que también trabajen su imaginación. Lo más importante es destacar y aprovechar aquellos detalles en los que el niño se fija y muestra interés.

Se puede salir del hilo narrativo del cuento, sobre todo cuando el cuento sea difícil de entender y no esté adaptado al niño. Si hay palabras o frases que no puede entender por el contexto o con el apoyo de una ilustración, es necesario adaptarlo a su capacidad.

—¿Cómo se lee? Frases sencillas, claras y breves. La complejidad verbal y escénica debe ir introduciéndose de forma progresiva, inteligente y paciente.

Al principio podemos recurrir a las ilustraciones como guías sin necesidad de leer literalmente el texto. El texto lo podemos abreviar o parafrasear, incluso inventarnos otro sobre la historia. Lo importante es construir una trama simple y coherente que reconforte y cautive al niño.

—¿Se pueden preguntar al niño sobre el cuento? Sí, aunque no se trata de poner al niño a prueba, ni agobiarle. Puede ser un recurso para mantener su atención, para su formación o incluso para conocer su conocimiento de la vida y los sucesos que le pueden haber ocurrido.

—¿Los cuentos tienen que acabar con un final feliz? Sí, sobre todo en la primera infancia. El niño está indefenso ante situaciones ambiguas y complejas que no está formado para procesar y gestionar. Su seguridad radica en la visión del mundo que le transmitimos. Necesita estructuras narrativas simples que le permitan experimentar dosis adecuadas de sus propias emociones naturales desagradables (rabia, miedo, tristeza) en un contexto donde las emociones naturales agradables (amor, poder y alegría) resulten triunfantes. El cierre feliz permite al niño dar por concluido el ciclo de la narración, tanto en términos afectivos como en los de su propia estructura mental.

A medida que crecen, podemos ir introduciendo nuevos finales.

—¿Cuándo dejar de leer cuentos? No hay una edad exacta. La capacidad de leer por uno mismo va sustituyendo la necesidad de que le lean. Cada niño lleva su ritmo y tiene que ser un proceso gradual y suave: pasar de que le lean cuentos a que los lea él mismo.

Lo que está claro es que el ejemplo lo dan los padres: si un niño crece en un lugar con libros y ve leer a sus padres, hará amistad con los libros. Lecturas que luego se podrán compartir y comentar en familia.

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