Familia

Un castigo diferente para cada edad

Los expertos señanalan cómo castigar y hacer que sean efectivos

Los usamos con demasiada frecuencia: «sin dibujos una semana por sacar malas notas», «esta tarde no juegas con la wii por poner los pies en el sofá», «como no vengas hora mismo a cenar, mañana no vas al cumpleaños»... Son demasiados intentos a la deseperada por conseguir que nuestros hijos nos hagan caso. Sin embargo, el castigo, si no se utiliza correctamente, pierde su efectividad.

Los expertos en la materia apuntan que si lo empleamos con excesiva frecuencia y recurrimos a él como nuestro principal recurso, el niño se acostumbra a ellos de tal manera que formará una parte habitual de su día a día y perderá efectividad. Además, si no somos tajantes y no hacemos que el castigo se cumpla con firmeza hasta el final, cada vez que lo impongamos éste perderá fuerza y el niño pensará que nuevamente se podrá librar de él, por lo que repetirá sin temor la mala conducta. El castigo debe ser el último recurso de los padres. Hay otras alternativas

Aún así, el castigo debe ser el último recurso para evitar una determinada conducta. Como primer paso es conveniente mostrar al niño lo que debe y lo que no debe hacer. De esta manera sabrá —porque con anterioridad no tiene porqué saberlo— a qué atenerse.

Según Alfonso Ladrón, psicólogo clínico del servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, existen otras alternativas antes de llegar al castigo «reforzando comportamientos mediante recompensas», es decir, recomienda premiar cuando ha hecho una buena conducta —«como hoy no has saltado en el sofá, después del postre tienes un helado»— y ser reiterativo hasta que un día deje de saltar porque ya lo tiene asumido como un hábito positivo.

Susana de Cruylles, psicóloga clínica y coordinadora del Programa para Padres del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (www.laescueladepadres.com) coincide en que existen varias técnicas antes de aplicar un castigo. La primera de ellas es ignorar: no prestar atención al niño cuando hace algo incómodo. No hay que mirarle, ni hablarle, ni tocarle... «Lo difícil de esta técnica radica en que al ignorarle habrá un aumento instantáneo de la mala conducta, por lo que hay que ser capaz de aguantar como si nada ocurriera —asegura Susana de Cruylles—. Pero, hay que ser cautos porque algunas conductas pueden resultar peligrosas para el niño o los que están cerca, sobre todo si está en un lugar público».

Alfonso Ladrón, añade que, aunque parezca contradictorio, «gritar al niño y reñirle es un premio para el pequeño, puesto que con ello logra captar toda nuestra atención que es, en definitiva, su mayor objetivo».Al castigar consiguen que les prestemos más atención, y en el fondo es lo que buscan

En el caso de no saber por qué está alborotando al niño, ni qué es lo que hace que tenga ese comportamiento, a veces resulta efectivo aislarlo del entorno y llevarle a un sitio donde no tenga nada que le altere o le divierta. Clásico es el ejemplo de la profesora que saca al niño al pasillo. Hay que hacerlo tantos minutos como años tenga: 3 años 3 minutos, 7 años 7 minutos... «Hemos comprobado que esta técnica sirve para dar un respiro a los padres cuando la situación se hace difícil de controlar y al niño también le sirve para pensar en lo que ha hecho. Además, es un buen ejemplo de educación emocional porque se le enseña que cuando la situación es caótica uno puede ir a reflexionar, pensar y calmarse para poder, entonces, buscar la solución».

Reconocimiento del fracaso educativo

«Pero hay que estar muy atentos, porque los niños son muy listos y quizá castigándoles le estemos dando justo lo que quieren. Por ejemplo, si se porta mal en clase y la profesora le echa de clase, quizá estemos haciendo justo lo que él quiere, perderse la clase. En este sentido no hay que bajar la guardia».

No obstante, el psicólogo clínico del servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, advierte a los padres de que «castigar es un claro reconocimiento de nuestro fracaso educativo». Añade que tampoco es recomendable amenazar al niño «si no te comes el filete, no verás dibujos animados» y explica que es mejor «darle mensajes optimistas que le muevan a esforzarse: vamos a ver los dibujos si te comes el filete».

Toda la actualidad en portada

comentarios