Adictos por falta de control parental
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Adictos por falta de control parental

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De la historia de Daniel, el niño de 10 años desaparecido el pasado día 2 de enero durante tres días porque estaba jugando a la play en casa de un amigo, se pueden extraer varias lecturas. En palabras de David Pulido, psicólogo del gabinete Álava Reyes Consultores y profesor del máster del Instituto Terapéutico de Madrid, «este parece un caso claro de doble falta de comunicación y control parental (de los padres del chico desaparecido y la de los del vecino donde se alojó todo ese tiempo) y de ausencia de límites. En este caso, a la hora de jugar a la videoconsola, un hecho que puede convertir al pequeño en adicto con el paso del tiempo».

Para Pulido, no hay excusas. «En el caso de los progenitores, por desconocer dónde estaba su hijo. Si el niño se escapó, lo primero que tenían que haber hecho es llamar a todos los padres de los amigos. Hoy en día tenemos a nuestra disposición todas las vías de comunicación posibles: existen grupos de padres en Facebook, en whatsapp, por mail... Los padres deben saber de su hijo, deben conocer su círculo social, y si no, investigar. Porque, a la postre, cuando son adolescentes quizás estas cosas se pueden escapar de nuestro ámbito de conocimiento, pero no cuando tienen diez años», advierte. Y en el caso de los padres del amigo, prosigue este experto, no ha habido ningún tipo de comunicación en absoluto. «Cuando un amigo de tu hijo lleva varios días durmiendo en tu casa, hay que asegurarse de que cuenta con permiso. ¿Tu madre sabe que estás aquí? Y después, comprobarlo con una llamada de teléfono».

Consecuencias en casa

La ausencia total de límites parece que también se ha dado en ambas familias. En casa de Daniel, explica Juanma Romero, fundador de Adicciones Digitales, «todo esto debería tener consecuencias para el pequeño. A pesar de la alegría mostrada durante el reencuentro, que el niño se entere del sufrimiento que ha causado a sus padres su infantil egoísmo. Las consecuencias deberían ir parejas al daño causado. Es decir, su ausencia debería tener una gran consecuencia. Si dejamos que esto pase con un "espero que no vuelvas a hacerlo", mañana se habrá olvidado y puede que lo repita. Prohibirle todo contacto, directo o indirecto, con maquinitas durante un periodo de tiempo determinado quizá pueda cambiar las cosas. O cualquier otro castigo que realmente le duela», propone.

La falta de límites es más llamativa si cabe en la familia «de acogida», señalan los expertos. «No se puede permitir jugar a los niños tantas horas a la videoconsola, como parece ser que así ocurrió, a tenor de las informaciones publicadas», afirma Pulido. En cualquier caso, y según matiza el psicólogo de Álava Reyes Consultores, en el caso del niño de Alcobendas no se podría hablar todavía de adicción, sino de falta de control externo. «Un niño siempre va a tener problemas de control, y se convertirá en una adicción cuando anteponga esa conducta (en este caso, el uso excesivo del videojuego) a cualquier otro tipo de actividad, bien los estudios, bien las salidas con amigos». «Los videojuegos enganchan», asegura Jorge Flores, director de Pantallas Amigas

Como también es verdad que, con los videojuegos en particular, los padres debemos estar muy alertas, indica Jorge Flores, director de Pantallas Amigas. «No se puede negar que los videojuegos enganchan y atraen de una forma que con otros medios de ocio jamás se ha podido ni imaginar», apunta. Flores señala que los efectos de la dopamina que nuestro propio cuerpo produce debido al denominado «circuito de la recompensa» podrían ser uno de los motivos de «enganche». «La dopamina nos hace sentir bien y resolver los retos de este tipo de juegos nos ayuda a generarla. Esto puede llevar a determinadas personas, incluidos los más pequeños, a buscar en el juego esa sensación de plenitud momentánea y efímera, pero desde el punto de vista químico e inmediato», añade.

Detectar el problema

Por si acaso, el director de Pantallas Amigas recomienda a los padres estar muy atentos a cualquiera de los siguientes síntomas para buscar alternativas que reduzcan el consumo de videojuegos: «Si el niño parece pensar continuamente en el juego, llegando a la obsesión; si cada vez necesita pasar más tiempo jugando para conseguir satisfacción; si detectan pérdida de control para parar o disminuir la dedicación al juego; si presenta síndrome de abstinencia, con ansiedad o irritabilidad cuando no puede participar en el juego, o negación, mediante mentiras a la familia y amigos acerca del nivel de implicación en el juego, por ejemplo». «En caso de que el niño juegue cada vez más por las noches y duerma durante el día, o falte cada vez más a clase y finja estar enfermo con frecuencia para dedicarle tiempo a la videoconsola, entonces puede que ya estemos ante un problema de adicción que requiera tratamiento especializado», concluye Flores.