Padres e Hijos

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Cómo evitar que se hagan mayores antes de tiempo

Día 14/01/2013 - 01.23h
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Acortar a un niño su infancia le hace menos feliz y más inmaduro

Cómo evitar que se hagan mayores antes de tiempo

Niñas de once años maquilladas que juegan al arte de la seducción o que aguantan estoicamente cómo les hacen mechas en una peluquería; bebés vestidos con vaqueros, deportivas y chandal; niños de Primaria que dicen tener novia, o preadolescentes con piercing, tatuajes, minifaldas y botas de tacón... Hacerse mayor antes de tiempo puede ser contraproducente, aunque sea un fenómeno al que arrastra nuestra sociedad: desde series de televisión infantiles con contenidos de adultos, a marcas de moda que buscan explícitamente el público más menudo vendiendo productos de mayores, o juguetes con todo lujo de detalle y accesorios que recrean el mundo adulto...

Y los padres se dejan llevar. «Realmente no tienen interés en ello, sino que les hace gracia», señala la catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia, Petra María Pérez Alonso-Geta. «La propia madre lleva a su hija de once años a la peluquería para hacerse mechas, porque ha llegado a una edad en la que se le está oscureciendo su pelo rubio. Hoy día, estamos muy lejos de la muñeca de tirabuzones que se regalaba en la Comunión», dice.

Acortar la infancia depende de muchos factores. «El entorno y los estímulos que reciben los niños van a fabricar sus modelos de conducta. Por eso, si los niños se apropian de estímulos adultos reproducirán modelos adultos y no vivirán su infancia», explica la catedrática. Y esos estímulos llegan por todos lados: series de televisión que hablan de celos e infidelidades, muñecas maquilladas y vestidas como adultas, juegos elecrónicos con escenas cruentas... El consumo busca tendencias y siempre «hay padres que están dispuestos a dar a los niños todo lo que piden».

«Muchos padres alientan y magnifican comportamientos inocentes y naturales de los niños (por ejemplo, cuando un niño de cinco años dice que tiene novia) a los que ninguna importancia habría que darles. Sin embargo, otros padres otorgan a este tipo de comportamientos una gran relevancia: interrogan a los niños constantemente, pregonando sus conductas en reuniones familiares o alardean de ellas delante de los amigos; y acaban convirtiéndolos en una verdadera obsesión para algunos niños/as», indica Julio Fenández, catedrático de Educación Secundaria y autor del libro «Errores en la educación de los hijos».

Un proceso natural

Que un niño imite el mundo adulto es natural. «Estamos preparados para imitar, ahora bien, el qué imitemos dependerá de los modelos que tengamos a nuestro alcance y de los refuerzos posteriores que obtengamos por realizar esas conductas». En opinión de Fernández, «lo peor son las actitudes y comportamientos que los chicos aprenden de la televisión, porque tienden a pensar que la vida real es como la de las series y acaban reproduciendo esos mismos comportamientos en su vida rutinaria».

Pero también hay que hacer examen de conciencia. Muchas buenas costumbres se han perdido: por ejemplo, hace años los niños no estaban presentes en las conversaciones de adultos. La infancia es el momento de la ilusión, de la fantasía, de la imaginación, de la confianza, de la inocencia, sin preocupaciones... como explica Petra María Pérez. «Si oyen conversaciones y problemas del mundo adulto pueden vivir con angustia y desconfianza porque no conocen el alcance de las cosas que les pasan a sus pradres».

Hacerles mayores antes de tiempo tiene sus consecuencias: «son niños menos felices», dice Julio Fernández, «niños más inmaduros que no tienen las posibilidades de un pensamiento lógico», afirma Petra María Pérez. Para evitar esos males y conservar su infancia hasta que estén preparados para dar el salto al mundo adulto, estos dos expertos ofrecen algunas pautas:

—Intentar ser asertivo. Los padres no deben ser pasivos ante los deseos y requerimientos de su hijo, pero tampoco castigar constantemente. Hay que poner límites.

—Buscar a otros padres que compartan las mismas opiniones, gustos... Así los niños y niñas podrán divertirse y compartir las mismas experiencias: jugar, leer cuentos...

—Desarrollar hábitos familiares de tiempo libre que resulten divertidos: bicicleta, cine, montaña, esquí, buscar setas, acampadas, viajes… las posibilidades son infinitas. Si un niño de doce años tiene que decidir entre pasar la tarde del sábado callejeando con sus amigos o paseando por el centro de la ciudad con sus padres, la batalla está perdida de antemano. Si la disyuntiva es entre callejear con amigos y realizar un curso de escalada con los padres, es muy posible que la cosa no esté tan clara. Unos hábitos de ocio familiares atractivos forman un «territorio común», un «puerto seguro» al que se puede regresar cuando las primeras decepciones, los primeros desengaños hagan mella en el ánimo de los hijos.

—Desarrollar hábitos deportivos. No hay mejor antídoto contra los malos hábitos de la pubertad (drogas, tabaquismo, alcoholismo, sedentarismo…).

—No tratar de anticipar el inevitable alejamiento del entorno familiar. Al final, como es natural acabarán saliendo con el grupo de iguales, pero este hecho debe producirse a la edad adecuada, cuando su personalidad esté mas asentada y sea menos vulnerable al gregarismo propio de la adolescencia.

—Seleccionar la televisión: Seleccionar los programas televisivos y videojuegos adecuados a su edad. Por una parte se exponen a modelos poco adecuados, por otra deben asimilar emociones impropias de su edad: violencia, sexo... Otro de los peligros de la televisión y videojuegos es por la excesiva facilidad con que llegan las imágenes, los convierte en unos receptores pasivos, provocando falta de motivación y rechazo hacia otras formas de acceso a la información, tales como los libros que les suponen un esfuerzo adicional que no les compensa. Controlar el tiempo dedicado a televisión y videojuegos, innumerables estudios relacionan la obesidad infantil con exceso de horas de televisión. Fomentaremos el diálogo sobre los programas que ven, de manera que se desarrolle en ellos una capacidad crítica que les evite caer en el consumismo, en la agresividad, etc...

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