Christina Salmivalli, una de las investigadoras que ha creado el programa KiVa y está reduciendo el acoso escolar y el ciberbullying en Finlandia
Christina Salmivalli, una de las investigadoras que ha creado el programa KiVa y está reduciendo el acoso escolar y el ciberbullying en Finlandia - josé ramón ladra

«El acoso escolar es un problema universal»

Una de las investigadoras que ha creado el programa que está deteniendo el ciberbullying y el acoso escolar en los colegios de Finlandia explica cómo atajarlo

Actualizado:

Christina Salmivalli es una investigadora de la Universidad de Turku (Finlandia) y una de las creadoras del programa KiVa, que se implanta en el 90% de los colegios finlandeses de educación básica para prevenir el acoso escolar y el ciberbullying. Su éxito ha resultado tan arrollador que contar, o no, con este proyecto ya es un requisito que muchos profesores y alumnos tienen en cuenta a la hora de elegir y valorar un centro educativo donde trabajar o estudiar. KiVa arrancó en 2007 y ha detenido el acoso escolar en el 80% de los colegios donde se ha puesto en marcha. Además se ha exportado a Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia, Suecia, Estados Unidos... ofreciendo también resultados muy esperanzadores.

KiVa está cuidado al detalle. Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años para reconocer las distintas formas de acoso y mejorar la convivencia. Hay diez lecciones y trabajos que se realizan durante todo el curso académico sobre el respeto a los demás, la empatía... Cuentan con material de apoyo: manuales para el profesor, videojuegos, un entono virtual, reuniones y charlas con los padres, hasta exuste un buzón virtual a través del que víctimas y testimos pueden denunciar bajo el anonimato...

Para hacerse una idea, el programa establece que los vigilantes del recreo usen chalecos reflectantes para aumentar su visibilidad y para recordar a los alumnos que su tarea es ser responsables de la seguridad de todos. Un equipo KiVa del colegio, formado por tres adultos, trabaja con víctima y acosador en cuanto tiene conocimiento de un caso de acoso escolar en el centro. Hace poco, la profesora Salmivalli viajó a Madrid para dar a conocer el programa y buscar nuevos socios-colaboradores. Así es el proyecto anti acoso escolar que triunfa en Finlandia:

—KiVa nació con un compromiso del Gobierno, los investigadores y la comunidad educativa para prevenir el acoso escolar. ¿Es fundamental que los gobiernos impulsen iniciativas de este tipo?

—El acoso escolar influye en la motivación escolar, en los resultados académicos, en el bienestar y en la salud mental de una persona para el resto de su vida. Es decir, el acoso en la infancia puede tener consecuencias en la vida adulta. Además, cuando a los niños se les preguntas en qué clase de escuela te gustaría estar, la respuesta habitual es «en una escuela en la que no se acose». Creo que son motivos suficientes para que el acoso escolar sea una prioridad para cualquier Gobierno.

Las claves del éxito

—¿El acoso escolar y el ciberbuying están muy extendidos en Finlandia?

—En Finlandia no había más acoso escolar que en otros países. Nos encontrábamos en un nivel intermedio. Lo que ocurrió es que, en su momento, el problema se tomó muy en serio. Precisamente, en los países que más se acosa no son los países más preocupados por solucionarlo.

—¿Cuáles son los resultados del programa KiVa?

—Antes de que empezar a funcionar el programa Kiva, durante diez años siempre se registraba el mismo número de casos de acoso escolar y ciberbuying. En el primer año que se puso en marcha este programa se consiguió reducir el número de niños acosados, en algunos cursos bajó incluso un 40%, y año tras año sigue disminuyendo de forma sistemática. Al cabo de los años, hicimos una evaluación entre los 234 colegios de todo el país que tenían KiVa en sus aulas y 30.000 estudiantes de 7 a 15 años. Vimos que el acoso escolar se detuvo completamente en el 79% de los centros y disminuyó en el 18%.

—¿En qué radica el éxito de este programa?

—Lo primero es que el programa tiene detrás 25 años de investigación. Lo segundo es que, a diferencia de otros modelos que se centran en la víctima y el acosador, KiVa intentan influir en el grupo, cambiar las normas que rigen el grupo. Y la tercera clave es que es un programa sistemático, con una estructura, un horario, un contenido... no como otros que dan un manual al profesor para que siga en clase y ya está.

Después de 25 años investigando sobre las relaciones de los niños. ¿Qué motivo explica el acoso escolar?

—Cuando se forma un grupo, hay gente que necesita estar en la cumbre de la jerarquía, tener un estatus, sentirse admirado, que se le vea... Y el acosador es un ejemplo de esto, mantiene su estatus gracias al acoso. Por eso el acoso escolar es un problema universal. Dentro del grupo están los otros, esas personas que no acosan, queobservan, que son testigos y que se ríen. A través de esa comunicación no verbal transmiten el mensaje de que lo que pasa es divertido o está bien, aunque tengan una opinión diferente. La actitud de este grupo es muy importante y es en lo que incide KiVa. No hay que cambiar la actitud de la víctima, para que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que no participen en el acoso, eso hace cambiar la actitud del acosador.

El papel de la familia

—¿Como resumiría el método Kiva?

—Los profesores dan clases del programa KiVa en la escuela, donde se habla de cuestiones generales como la presión del grupo, las normas, la empatía, el acoso en sí, cuáles son las consecuencias y efectos, y qué medios hay. Existe también un juego de ordenador que complementa esas clases, en el cual se aprende y se practican esas habilidades. Luego existen medidas más concretas, por ejemplo el equipo KiVa que se forma en cada colegio. Son tres adultos (desde profesores, psicólogos o enfermeras de la escuela) que se ocupan de solucionar los casos concretos. Primero evalúan si un caso es realmente acoso escolar sistemático o una pelea puntual. Después se reúnen con la víctima para dale apoyo, ayudarla y tranquilizarla. También hablan con los acosadores para que sean conscientes de sus acciones y las cambien. Luego se hace un seguimiento sistemático y después hay un nuevo encuentro. Si la situación no ha acabado, entonces se puede empezar a pensar en algún tipo de sanción, pero este no es nuestro punto de partida.

—¿Las familias también participan?

—El programa KiVa también tiene una guía para los padres en la cual se tratan las mismas cuestiones que en clase. Lo importante es que los padres comprendan que, aunque su hijo no sea víctima ni acosador, deben hablar con él sobre cómo actuar si son testigos de un caso de acoso.

—Busca usted socios-colaboradores en otros países ¿para qué?

—No podemos atender individualmente a las escuelas de todo el mundo que nos escriben. Necesitamos que en cada país exista una organización que se encargue de extender el programa. Se necesitan socios-colaboradores que financien la traducción del programa, del material; que paguen la licencia del proyecto para que se pueda seguir desarrollando y que corran con los gastos de una persona que coordine todo internacionalmente.

—¿Habría que adaptar el programa Kiva a la idiosincrasia del sistema educativo español?

—Lo que hay que mirar donde se ubica el programa KiVa y a qué edad en el sistema educativo español. El contenido del programa se basa en la investigación y los problemas de dinámica de grupo son universales. Lo que habría que pensar y adaptar con el socio es cuanta formación necesitan los formadores (pueden ser o no profesores).