Padres e hijos

Así deben actuar en el aula los profesores para ayudar a los alumnos con TDAH

Aplicar sencillas pautas les ayudará a solucionar el 80% de su problema y aumentar hasta en dos puntos sus notas finales

Así deben actuar en el aula los profesores para ayudar a los alumnos con TDAH

Según algunos estudios, el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es el trastorno psiquiátrico de mayor prevalencia en la infancia y llega a afectar hasta a un 5% de los niños en nuestro país.

Los primeros síntomas, por lo general, se manifiestan entre los 5 y 6 años: se distraen con gran facilidad, son impulsivos, dan respuestas poco reflexivas, tienen exceso de actividad motora... Todo ello hace que, en muchos casos, sean difíciles de tratar tanto por los padres en casa, como por los profesores en el colegio.

Ángel Terrón y Alberto Jiménez, socios fundadores de Educ-at, tienen gran experiencia en el tratamiento de este trastorno y afirman que «en la mayoría de las ocasiones es en los colegios donde empiezan los problemas y afortunadamente, cada vez más, el origen de las soluciones».

Según datos de Javier Cabanyes, especialista en Neurología, doctor en Medicina-Cirugía y director del curso de experto en TDAH en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en cada clase puede haber entre uno y dos niños con este trastorno. «Es necesario que haya un experto en TDAH en cada centro escolar con una triple función: identificar, asesorar y reforzar la intervención multidisciplinaria para ayudar a estos alumnos. Que se sepa manejar bien a estos niños en el aula es casi el 80% de la solución al problema», apunta este especialista.

La dificultad consiste, tal y como explica Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al TDAH, en que «cuando se detecta a un niño con este trastorno y salta la alarma, a los profesores se les escapa el asunto de las manos porque no saben cómo actuar al no disponer de una formación suficiente para tratar estos casos».

Por este motivo Javier Cabanyes añade que «lo primero que se necesita es formar al profesorado para que sepa qué es este trastorno y qué hacer con el niño que lo padece para generar entornos más apropiados. Esto, aunque no es suficiente, ya es mucho», puntualiza.

Hablar también de los éxitos

Fulgencio Madrid explica que en Murcia se puso en marcha un «Protocolo de diagnóstico y tratamiento» en las aulas en colaboración entre Sanidad y Educación. Los resultados han sido muy positivos: en Primaria, el porcentaje de aprobados en junio ha sido del 43%, y del 25% en alumnos con menos de dos suspensos. «Es decir, la tasa de éxito escolar está en el 70%, equiparable al de los alumnos que no tienen TDAH. Al hablar de este trastorno siempre se menciona el fracaso, ya es hora de que hablemos también de los éxitos», asegura Fulgencio Madrid.

Un colegio dedicado a estos alumnos

En el colegio Nuevo Velázquez de Madrid saben muy bien cómo sacar rendimiento a los alumnos que padecen TDAH. Sus aulas tienen un máximo de 15 alumnos, por lo que el contacto con los estudiantes que padecen este trastorno es muy cercano.

Para aumentar su rendimiento en los estudios «enviamos cada día a los padres una agenda con lo que han hecho en clase y con los deberes que deben hacer en casa —explica el director de este centro, Carlos González—. Además, al final de cada semana el profesor habla directamente con los padres para evaluar sus avances y así analizar si va por el camino correcto. El contacto escuela-familia es esencial para lograr el éxito en sus avances».

Esta involucración es posible gracias a que el profesorado del colegio Nuevo Velázquez tiene formación específica para atender los casos de TDAH. González asegura que hay padres que traen a sus hijos al centro desesperados porque creen que son unos vagos, pero en realidad los docentes descubren que no es así, que padecen este trastorno.

«Los profesores han aprendido a poner en práctica una metodología que facilita mucho a estos alumnos la asimilación de conceptos. Además, en los exámenes que realizan al final de cada mes, les entregan cada pregunta en una hoja diferente, de manera que cuando la contestan, se les da la siguiente y se evita que se bloqueen.

También se les ayuda a comprender lo que se les pregunta para que no se queden en blanco, porque su dificultad no es la asimilación de conocimientos, sino cómo expresarlos, —apunta González—. «Lo primero que mejora es la propia autoestima de estos chicos».

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