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Lo aprendiste de memoria... y ¿lo memorizarán tus hijos?

Día 22/11/2013 - 08.42h
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Tablas de multiplicar, fórmulas, poemas, definiciones y fechas se siguen memorizando en las escuelas. ¿Es un recurso condenado a la extinción en la era de las nuevas tecnologías?

Recita y memoriza: «La princesa está triste, qué tendrá la princesa...». Los versos de Rubén Darío, que quienes estudiaron la EGB recuerdan hoy sin vacilar, aún se siguen aprendiendo de memoria en las aulas junto a las tablas de multiplicar, las preposiciones, las cordilleras, los elementos de la tabla periódica, la fecha de la Revolución Francesa o los órdenes arquitectónicos griegos. En la era de las nuevas tecnologías, ¿la memorización es un recurso en vías de extinción?

Ahora «la escuela está instalada en una cultura digital», advierte Miguel Ángel Santos Guerra, catedrático emérito de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga. Cuando el conocimiento se guardaba en la escuela era importante que estuviera bien seleccionado, transmitido y aprendido, pero hoy se encuentra en múltiples lugares. Existe una auténtica «avalancha» de datos a disposición de los alumnos y los profesores «deben ayudar a ver dónde hay información válida y dar criterios para discernir qué conocimiento es fiable y no está alterado», explica Santos Guerra, que ve ahí un desafío para la escuela, que . «tiene que desarrollar esa nueva función».

José Antonio Marina advertía sin embargo «que Google y Apple «no pueden encargarse de educar a nuestros chicos».«Es un fallo pensar que si puedes buscar una cosa para qué la vas a estudiar», defendía el filósofo y pedagogo con motivo de la presentación de su libro «La inteligencia ejecutiva». «Los niños deben aprender de memoria cuanto más, mejor», añade, porque «la inteligencia reside en la memoria» ya que «cuando pensamos lo hacemos con contenidos y conocimientos».

Bernardino Salinas, profesor de Didáctica y Organización Escolar y vicedecano de la Facultad de Magisterio de la Universidad de Valencia diferencia entre los contenidos que se aprenden de memoria. «Hay un contenido escolar, por ejemplo, las tablas de multiplicar, que nos resulta necesario recordar, guardar en la memoria, de tal manera que, llegado el momento, sepamos responder sin dudas y sin necesidad de cálculos o de papel y bolígrafo».

La gente recuerda de forma automática que siete por cinco son treinta y cinco, continúa, porque en algún momento fue capaz de recitar «de memoria» la tabla del siete (o del cinco) «pero también porque ese recuerdo lo utilizó» para resolver operaciones y problemas matemáticos en la propia escuela o después en su vida cotidiana. Sin embargo, el dato de que la Guerra de Independencia española transcurrió entre 1808 y 1814 «es posible que días después del examen se haya olvidado porque no resulta de utilidad o interés en la resolución de situaciones».

«En el camino por comprender el mundo y enfrentarnos a las situaciones y problemas que nos van apareciendo la memoria y la memorización, como capacidad de esforzarse por recordar aquello que nos resulta importante son fundamentales para avanzar en la vida», estima Salinas.

Para el vicedecano de la Universidad de Valencia, los buenos maestros se diferencian por ser capaces de situar a sus alumnos ante situaciones, problemas o actividades en las que identifiquen y reconozcan lo que es importante, apasionante o interesante y por tanto merezca la pena guardar en la memoria. «Esa competencia profesional es mucho más "educativa" que hacer "memorizar" un conjunto de datos, hechos, definiciones, clasificaciones... cuya mayor utilidad es la de aprobar un examen en un momento puntual», señala antes de preguntarse por cuestiones por las que él mismo se examinó durante su escolaridad. «¿Quién se acuerda de la ley de BoyleMariotte o de los afluentes del río Turia? ¿Cuál es el lugar del Rubidio en la tabla periódica? ¿Qué es un morfema? Enhorabuena si tiene las respuestas correctas y si además es capaz de interpretar correctamente un recibo de la luz, no solo tiene buena memoria, también dispone de competencias valiosas para la vida», añade.

Discrepa en este punto Alberto Royo, secretario general del Sindicato de Profesores de Educación Secundaria (SPES). Para este profesor de instituto, el ejercicio de la memorización «sigue siendo imprescindible en la enseñanza» pese a que «a partir de la implantación de la LOGSE en 1990 se ha venido despreciando la memoria con el pretexto de que memorizar excluye razonar o pensar, como si la repetición de un concepto hasta su asimilación fuera en contra del desarrollo creativo del alumno». ¿Cómo aprender música sin memorizar las notas, las figuras, los compases; literatura sin memorizar el nombre de autores y obras literarias; historia sin memorizar el de reyes, héroes, batallas...?, se pregunta. «Nadie pone en duda el poco sentido de memorizar la lista de los reyes godos», continúa, «pero extender este absurdo a cualquier memorización, por ejemplo, la de la lista de los Austrias o los Borbones, indispensable para tener al menos unas nociones de historia moderna y contemporánea de España, no resiste la más elemental de las discusiones».

Citando a Fernando Savater, Royo subraya que «la educación humanista no solo consiste en enseñar a aprender, en fomentar la espontaneidad creadora del alumno, ni mucho menos en preparar técnicamente, sino también en transmitir contenidos fraguados en la dialéctica de los siglos y en desarrollar la memoria de un legado pasado que da sentido al presente y abre paso al futuro».

La memorización «es uno más» de los procesos que se llevan a cabo con el aprendizaje, que «no es incompatible con el raciocinio o la capacidad y contrastar información», subraya Royo.

El primo Genito

«El peligro está en que se plantee que hay que repetir lo que dice el libro para aprobar», considera Santos Guerra, que recuerda exámenes dignos de guardar en la memoria. «Un profesor preguntó a un alumno quién había sido el sucesor de Felipe II y se quedó atónito al escuchar su respuesta: Su primo Genito», relata Santos Guerra subrayando cómo el estudiante aseguraba que ésa era la respuesta que había leído en el libro. O la del niño de 10 años que a la pregunta sobre «¿cómo viven las vacas?», respondió con un escueto «Bien» y se lamentaba de la mala obtenida por no haber escrito «lo que ponía el libro: en ganadería extensiva o intensiva».

«Si hubiera repetido las palabras del libro sin entenderlas le hubieran puesto un bien. Los estudiantes buscan tener éxito en los exámenes y si lograrlo implica repetir, pues se repite», indica el catedrático de Didáctica para quien este tipo de evaluación genera un aprendizaje más pobre ya que valora la función mental de menor complejidad según la clasificación de Doyle (memorización, aprendizaje de algoritmos, comprensión, análisis, opinión hasta la creación). «Hemos de crear, de opinar, analizar, comprender y memorizar», destaca Santos Guerra.

La memoria, añade, «es la sustancia de la vida» y «si no existiese no tendríamos conciencia. Hay que cultivarla, desarrollarla, entrenarla». Por eso defiende que los niños memoricen algunos conceptos porque este esfuerzo «genera unos hábitos y entrena a la mente en una tarea que es imprescindible», pero insiste en que los exámenes no deben ceñirse a exigir meras repeticiones.

Qué se recuerda y por qué

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