Desfile de Balenciaga en la pasada Semana de la Moda de París
Desfile de Balenciaga en la pasada Semana de la Moda de París - afp

Balenciaga, la histórica firma se pone en manos de un desconocido

El alemán Demna Gvasalia ha sido nombrado director creativo en sustitución de Alexander Wang

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En la eterna carrera hacia el nuevo significado de la moda y el lujo, las grandes casas buscan creadores estrella que las sepan reinterpretar con éxito. Balenciaga, tras la salida urgente de Wang, acaba de nombrar sustituto: es el desconocido Demna Gvasalia.

Balenciaga, con su increíble historia y archivo, tiene suficiente material como para volver a ser una casa de costura de verdad. Su nuevo director creativo , es el hasta ahora anónimo Demna Gvasalia, del equipo de la marca francesa Vêtements. Tras la encrucijada de candidatos, la frescura del nuevo diseñador ha convencido a los directivos del grupo Kering.

El histórico de la magnífica casa Balenciaga es complicado. Cayó en un gran letargo tras la muerte de Don Cristóbal. Con el tiempo, y ya en manos del grupo Jacques Bogart, la casa pasó por varios creadores, finalmente contando durante largo tiempo con el anodino e introvertido belga Josephus Thimister, una suerte de Carlos II con poco tirón.

Con la llegada de Nicolas Ghesquière al timón en 1997, la casa fue cobrando vida poco a poco. El Grupo Gucci (más tarde PPR y ahora Kering) compró Balenciaga en el 2001. Si bien Ghesquière supo inyectar modernidad y un cierto sentido «casual» a las colecciones, nunca dejó de respetar el refinamiento, la exclusividad y la elegancia típicas de Balenciaga.

Pero Ghesquière se marchó en 2012, tentado por Louis Vuitton - el gran becerro de oro de la moda mundial. Fue entonces, entre apuestas, dimes y diretes, cuando Alexander Wang puso pica en Flandes y aterrizó en la famosa casa de origen español. A buen seguro que la noticia hizo a Don Cristóbal revolverse en su tumba, por mucho que el grupo Kering buscase adueñarse en cierto modo de la juventud y el éxito de Wang entre las jóvenes norteamericanas y asiáticas.

No obstante, la salida de Alexander Wang de la casa Balenciaga no se hizo tardar; tuvo varios motivos aparentes, entre los cuales estaba el hecho de que una casa de la talla de Balenciaga merecía un creador que estuviera al 100% dedicado a su relanzamiento; y Alexander Wang, pasaba la mitad del año en Nueva York, meditando sobre como vender más ropa negra con su propia marca.

Las fans de Wang seguirían a un creador de tendencias algo arrebatadoras, con un toque desarrapado, punk y dejado: ¿qué tenía esto que ver con el legado de Balenciaga? ¿No tiene Balenciaga, con su increíble historia y archivo, suficiente material como para volver a ser una casa de costura de verdad? En un momento en el que la Alta Costura gana enteros y se vuelve a soñar con deliciosos vestidos de noche, capas y volúmenes de una elegancia proverbial, ¿estaba capacitado un diseñador de camisetas para llevar Balenciaga a buen puerto?. Depende del puerto que se esté buscando.

La realidad es que marcas alternativas, hay muchas, mientras que la exquisitez de Balenciaga sigue siendo relativamente única. Y en la empresa, como en la vida, si hacemos caso de las enseñanzas de Michael Porter, hay que explotar las ventajas competitivas de cada uno.

En cualquier caso, los rumores sobre las desavenencias contractuales entre Kering y Wang se habían filtrado hacía tiempo. Al parecer, Kering –como es lógico- buscaba una gestión armónica en Balenciaga, con un liderazgo que capitalizase la marca en los cinco continentes en vez de ser egocéntrico. Y se encontró con Wang, el niño mimado de la moda norteamericana actual, quizás ya convertido en un famoso que requería más culto a su persona que sus clientas más conocidas, algo que no parecía apetecer a Kering.

Así pues, ahora un nuevo diseñador se enfrenta a la difícil tarea de averiguar la manera de legitimar los bolsos y vestidos de 2.000 euros que salen de los almacenes de la casa del inolvidable maestro de Guetaria. En un entorno en el que la clientela se encuentra cada vez más interesada en pantalones de yoga, zapatillas de deporte, iphones y camisetas de materiales técnicos, enamorar al público con verdadero diseño es un triple salto mortal de enorme dificultad.

Pero, eligiendo a Gvasalia, Balenciaga quizás demuestra seguir apostando por la misma estrategia de banalización de la moda que abanderaba Wang: sudaderas, camisetas y capuchas. Además, Gvasalia ha confesado que no dejará de lado su proyecto actual en Vêtements, la empresa recién fundada con su hermano. Entonces, ¿es esto un cambio de guardia, o solo el relevo de un comandante díscolo e incómodo? ¿O será simplemente que en el mundo de la moda ya no se llevan las largas relaciones, sino el permanente cambio imperante en el siglo XXI? Al fin y al cabo, a lo peor Lagerfeld y Chanel son el último vestigio de un mundo de duetos exitosos en los que la ansiedad de novedades aún no había hecho mella.