Explotación laboral

H&M, en jaque por una bloguera de moda noruega

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Con los ojos llorosos, el desánimo por los suelos y con una nueva visión sobre una realidad que, hasta entonces, desconocía. Así regresó de su viaje por Camboya Anniken Jørgensen, una bloguera de moda, tras participar en el reality «Sweatshop» (que significa «taller de explotación laboral»), ideado por el periódico «Aftenposten», uno de los mayores diarios de Noruega. Ella, junto a otros dos jóvenes, pasó un mes en Camboya para conocer de primera mano cómo viven los camboyanos que trabajan en las filiales de las empresas textiles que abastecen a las principales cadenas del mundo. Durante cuatro semanas pasaron largas horas cosiendo, casi hacinados, en los talleres del país. Tal fue la miseria, condiciones infrahumanas y explotación que vivió que, a su regreso, no dudó en romper una de las cláusulas de confidencialidad del reality: no desvelar las marcas para la que ejercían esos trabajadores.

«Me pidieron que me uniera a la producción y acepté porque quería alejarme un poco de Noruega y hacer algo diferente», relata Anniken Jørgensen a ABC.es. Lo que en un principio iba a ser una fantástica aventura se convirtió muy pronto en una pesadilla.

«El viaje a Camboya me cambió totalmente como persona», relata la joven de 17 años en su blog. Tras su regreso del país asiático el pasado invierno, y a pesar de las advertencias de «Aftenposten», Anniken Jørgensen decidió denunciar públicamente a la sueca H&M.

«Les prometí un cambio a toda esa gente que conocí», relata la joven en su blog. Atormentada por la cantidad de personas con las que habló, de las que escuchó sus problemas y con las que lloró, decidió desvelar el nombre de la mayor empresa que, supuestamente, se ocultaba tras esos talleres textiles.

«Aprendí mucho durante mi estancia en Camboya», asegura a este diario. «He aprendido a apreciar las cosas y a discernir qué es importante en la vida -continúa- He aprendido que no necesito nada. No necesito 100 artículos de ropa o zapatos». .

Una batalla ¿perdida?

Aunque no fueron meses fáciles, de su denuncia se hicieron eco poco a poco medios de comunicación y personas anónimas. «Hablé con gente que trabajaba en H&M y me contaron muchas cosas», afirma. Su lucha, que creía que no serviría para nada, recibió cada vez más apoyos. «Entonces empecé a pensar que todo lo que había hecho en los últimos meses había valido la pena», reconoce la joven. Tal fue la situación que H&M se puso en contacto con ella, tal y como relata la joven. «Desde nuestra central se sigue investigando este asunto y pronto daremos una versión oficial de los hechos», ha asegurado la compañía a ABC.es.

Jørgensen denuncia que «hay varias cadenas de ropa» que tienen a sus empleados trabajando en condiciones infrahumanas en diferentes países de Asia. Pero cree que por algo hay que empezar. «Por eso provoqué a H&M, una compañía que me ha decepcionado», sentencia.

Aunque no entiende la actitud de la marca, «esto debería haber servido para que reaccionasen, pidieran perdón y cambiasen las cosas, no dar un portazo como han dado» -indica a ABC.es-, se reunirá con la compañía la semana que viene en Estocolmo. Puede ser emocionante», afirma a este diario. Al fin y al cabo, de ser cierto, con su denuncia solo quiere «mejorar el futuro de muchas personas».

Mano de obra barata

En Camboya, la industria textil, según datos de la ONG «Campaña Ropa Limpia», es el principal pilar económico del país. En 2012 constituyó el 95% de la exportación, con unos ingresos totales de 3.380 millones. Las casi 500 fábricas que existen dan empleo a medio millón de personas y el 85% de ellas están en manos extranjeras, principalmente bajo el control de inversores de China, Taiwán, Singapur y Malasia que se mudaron al país en los años 90 para aprovecharse de la mano de obra barata camboyana y de que el país tenía acceso con cuota libre a los mercados de Estados Unidos y de la Unión Europea.

La ONG asegura que varias marcas de ropa se proveen en Camboya. Las cinco mayores son H&M, GAP, Levi Strauss & Co,Adidas y Target.

«El sueldo bajo que perciben las trabajadoras hace que muchas de ellas no tengan más remedio que trabajar muchísimas horas extra para tratar de ganar lo suficiente como para pagar sus necesidades más básicas», recoge el informe de «Campaña Ropa Limpia», que también señala la malnutrición de las trabajadoras.

«Todavía recuerdo el último episodio como si fuera ayer», cuenta Anniken Jørgensen. «Cuando hablé con una chica de mi edad cuya madre murió de hambre cuando era un bebé. Lucho incluso contra ese pensamiento cada día», reconoce, aún atormentada, a este diario.