Harvey Weinstein, en mayo de 2017, durante el festival de cine de Cannes
Harvey Weinstein, en mayo de 2017, durante el festival de cine de Cannes - AFP

Weinstein exigía a sus trabajadores llevar «condones e inyecciones» por si él tenía alguna urgencia

El fiscal general de Nueva York ha acusado formalmente a Harvey y Bob Weinstein y bloquea las operaciones de venta de la productora de ambos

MADRIDActualizado:

El fiscal general del estado de Nueva York, Eric Schneiderman, presentó el domingo una demanda contra Harvey Weinstein, su hermano Bob y la productora cinematográfica de ambos (The Weinstein Company) para poder «remediar años de un ambiente de trabajo hostil para las mujeres y un modelo de abuso sexual quid pro quo así como una rutina de usar los recursos de la empresa para fines ilegales», según el escrito al que ha tenido acceso Page Six.

Al parecer, los hermanos Weinstein habrían violado durante años numerosos códigos estatales contra el acoso sexual, la intimidación y otras protecciones de seguridad en el ámbito trabajo, según apunta Schneiderman: «Como se alega en nuestra demanda, The Weinstein Company infringió repetidamente la ley de Nueva York al no proteger a sus empleados del hostigamiento sexual, la intimidación y la discriminación».

La oficina del fiscal general ha comentado también que tienen muchas quejas que los trabajadores presentaron en el departamento de recursos humanos de la productora y que fueron completamente ignoradas. Durante años, los asistentes que trabajan para Weinstein «fueron expuestos y requeridos para facilitar» encuentros sexuales para él, algo que formaba parte de su «condición como empleados».

Además, «a los conductores de Nueva York y Los Ángeles se les exigía que llevasen siempre condones e inyecciones para la disfunción eréctil en el coche, para que estuvieran a disposición de Weinstein cuando él necesitase alguna de las dos cosas».

Schneiderman ha querido poner una demanda contra la compañía para así asegurarse que, de momento, los Weinstein no puedan enriquecerse con su venta. Si en algún momento la empresa pasara a manos de otro, con el dinero de la venta se tendrá que indemnizar a las víctimas. También ha querido asegurarse así de que los empleados «estarán protegidos en el futuro, y que ni los que han perpetrado el delito, ni los cómplices, se enriquecerán injustamente». Para finalizar el escrito, el fiscal recuerda: «Todo neoyorquino tiene derecho a un lugar de trabajo libre de acoso sexual, intimidación y miedo».