Diana y Dodi Al Fayed, en Saint Tropez
Diana y Dodi Al Fayed, en Saint Tropez - AP

Últimos días con Diana

Puestas de sol en Cerdeña, románticas cenas en el yate Jonikal y un fatal desenlace en París. Así sorprendió la muerte a Lady Di y Dodi Al-Fayed hace 20 años. Y así ella se convirtió en leyenda

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Pocas historias han fascinado tanto al mundo como la protagonizada por una joven nacida en el seno de una familia aristócrata británica cuya vida estuvo guiada siempre por la fatalidad. Y qué duda cabe de que esa concatenación de lágrimas y desdichas, coronada con su prematura muerte a los 36 años, acabaron por engrandecer su leyenda. Una leyenda que sigue viva veinte años después, con las verjas del palacio de Kensington, donde vivió, engalanadas con flores y tarjetas en su memoria.

Lady Di cautivó más por lo que nunca llegó a ser que por lo que realmente fue. Más de uno ha convenido en que su figura se ha sobrevalorado enormemente, que era una mujer más bien frívola y veleidosa, pero que encandiló a la opinión pública por su tormentoso matrimonio y posterior divorcio del Heredero a la corona británica. Al final, se conecta más con la desgracia personal que con la dicha ajena y la Princesa Diana se afanó en ventilar sus miserias conyugales en prime time con declaraciones tan sórdidas como que en su matrimonio siempre fueron tres.

En el 20 aniversario de su muerte, su fantasma continúa planeando libremente. Documentales, libros, escabrosos audios o fotografías inéditas la mantienen viva en las portadas de la prensa de medio mundo. Quizá lo que más controversia ha suscitado ha sido la antesala de su muerte. Esos días de sol y aparente felicidad, con el aliento de los paparazi en su nuca, en los que se entregó a los brazos del hijo mayor del empresario multimillonario Mohamed Al-Fayed. Este es quien la invitó a unirse a sus opulentas e interminables vacaciones y ella, sin un plan mejor, no lo rechazó. Dodi sucumbió a los encantos de Diana durante el mes de julio mientras navegaban por Saint Tropez. Su relación fue efímera, nació y murió ese mismo verano. A continuación, un relato de sus últimos días.

28-29 de agosto

Diana y su playboy Dodi Al-Fayed se broncean en la cubierta del yate Jonikal, contemplando las aguas cristalinas de la Costa Esmeralda. La pareja brinda con champán para celebrar que justo hace un año, el 28 de agosto de 1996, la Princesa había firmado su divorcio de Carlos de Inglaterra. Mientras Dodi se deshace en atenciones y carantoñas con Lady Di, su prometida, la modelo Kelly Fisher, navega a bordo de otro yate de la familia egipcia. Diana no sabe nada. Por la noche, la pareja disfruta de una barbacoa en una pequeña playa de Cerdeña. Según el mayordomo de Dodi, René Delorme, esta fue una de las noches más románticas de su veraneo. El chef del Jonikal prepara hamburguesas a la parrilla, carne de cerdo y salchichas.

Lady Di y Dodi Al Fayed se broncean en el yate de la familia Al Fayed, en Portofino
Lady Di y Dodi Al Fayed se broncean en el yate de la familia Al Fayed, en Portofino- CORDON PRESS

30 de agosto

A mediodía se desplazan al aeropuerto de Olbia en Cerdeña. Allí les aguarda un avión con el verde y dorado característicos de los almacenes Harrods. Acompañados por los guardaespaldas de los Al-Fayed, Kes Wingfield y Trevor Rees-Jones, aterrizan en el aeropuerto de Le Bourget, 16 kilómetros al norte de la capital del Sena, a la hora del almuerzo.

Diana siempre se había mostrado reacia a ir a París, y quería regresar directamente a Londres para preparar el reencuentro con sus hijos. Dodi insiste en enseñarle su París, ese donde su familia acumula sus posesiones más pomposas, como el Ritz, epítome de la elegancia.

Hotel Ritz de París, propiedad de la familia Al Fayed
Hotel Ritz de París, propiedad de la familia Al Fayed- ABC

Su vuelo, como era de esperar, es recibido por una nube de paparazi. Tan solo unos días antes, el 10 de agosto, ambos habían aparecido en la portada del «Sunday Mirror». Bajo el título «The Kiss» (el beso), en grandes caracteres tipográficos, aparece una gran foto, desenfocada, de Diana que besa a Dodi alertando al mundo de su romance.

Su primer destino es la Villa Windsor, una mansión situada en el bosque de Bolonia, al oeste de París, donde vivieron el exiliado rey Eduardo VIII y su esposa estadounidense, Wallis Simpson. Mohamed Al-Fayed alquiló la propiedad a las autoridades de París durante décadas. Diana no se encuentra cómoda en Villa Windsor y se trasladan al Ritz, un hotel con el que estaba familiarizada puesto que la pareja había pernoctado en él en secreto durante una breve estancia en julio. Claude Roulet, asistente del presidente del Ritz, les da la bienvenida. Recuerda haber preguntado a Diana si debía dirigirse a ella como «Lady Dee», como la mayoría de los franceses la llamaban. Poniéndole la mano en el brazo, le dijo: «Sólo llámame Di». Y le entrega la llave de la suite imperial.

Mientras un estilista del Ritz se encarga de atusar el pelo de Diana, Dodi aprovecha para citarse con el joyero Alberto Repossi en la Place Vendôme. Aunque se encuentra a sólo 80 metros del Ritz, Dodi ordena a su chófer, Philippe Dourneau, que le conduzca hasta allí. Sale con un folleto, pero ha cerrado la compra de un controvertido anillo de oro y diamantes. Después de la muerte de la pareja, Mohamed Al-Fayed afirmó que era un anillo de compromiso.

Lady Di y Dodi Al Fayed, en el ascensor del hotel Ritz
Lady Di y Dodi Al Fayed, en el ascensor del hotel Ritz- AFP

A las 19:00 horas Diana y Dodi abandonan el Ritz para pasar un par de horas en el apartamento de él en la calle Arsène Houssaye, a 350 metros del Arco del Triunfo. La voracidad de los fotógrafos aumenta por minutos. Salen del piso a las 21:30 hacia el restaurante Chez Benoît. Los reporteros gráficos, en motos, se acercan tanto al coche que Dodi estalla. «Se están pasando», dice enfadado. «¡Estos tíos están locos!». Cancela la reserva y decide que cenarán en el Ritz.

La pareja entra en L’Espadon, el restaurante del hotel. Diana pide revuelto de champiñones y espárragos de primero, y lenguado con verduras rebozadas de segundo. Dodi, rodaballo a la parrilla y una botella de champán Taittinger. Los entrantes se les atragantan con las indiscretas miradas del resto de clientes y Diana, entre lágrimas, pide que se les suba la cena a la suite.  

31 de agosto

A medianoche, Dodi llama a su padre para informarle de que van a salir hacia su piso. «No salgas. Hay muchos periodistas fuera», le advierte. Las cámaras de seguridad retratan a la pareja abandonando el Ritz por la puerta de atrás. Suben a un Mercedes negro del Ritz a las 0:18. Conduce el jefe de seguridad del hotel, Henri Paul, y en el último momento se une a ellos el guardaespaldas Trevor Rees-Jones. Cinco minutos más tarde Henri Paul empotra el Mercedes contra el pilar 13 del puente del Alma. El conductor y Dodi mueren en el momento. Diana es trasladada al hospital Pitié-Salpêtrière. A las 4 de la mañana fallece la Princesa y nace una leyenda, que con el paso del tiempo, lejos de apagarse solo se magnifica.

El guardaespaldas de los Al Fayed, Trevor Rees-Jones, el conductor, Henri Paul, y Diana, en el coche, minutos antes del accidente
El guardaespaldas de los Al Fayed, Trevor Rees-Jones, el conductor, Henri Paul, y Diana, en el coche, minutos antes del accidente- AFP