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Nueva York despide a David Rockefeller, su millonario más longevo y carismático

Último nieto del magnate John D. Rockefeller, falleció el lunes a los 101 años de edad. En vida donó más de 2.000 millones de dólares a diversas causas benéficas

El desaparecido financiero en Madrid, en 2004
El desaparecido financiero en Madrid, en 2004 - EFE

Su apellido es sinónimo de dinero y poder, y David Rockefeller era el último gran estandarte de una saga familiar con un peso central en los negocios y la política de EE.UU. en el siglo XX. El banquero y filántropo falleció ayer en su mansión de Pocantico Hills, un enclave idílico en las afueras de Nueva York, en la ribera del río Hudson. Tenía 101 años.

Era el último nieto con vida de John D. Rockefeller, el magnate que construyó la mayor fortuna de EE.UU. con el negocio del petróleo y los ferrocarriles y que simbolizó el multimillonario despegue industrial estadounidense de finales del siglo XIX. Se le considera el hombre más rico de la historia moderna y dejó una fortuna mastodóntica que gozaba de plena salud en 1915, cuando nació David, su sexto y último nieto.

En una de sus últimas apariciones públicas, en 2016
En una de sus últimas apariciones públicas, en 2016- AFP

David Rockefeller se crió en la abundancia ilimitada que consiguió su abuelo. La mansión de sus padres, en la calle 54 de Manhattan, era entonces la residencia privada más grande de Nueva York, y un hervidero de mayordomos, cocineros, limpiadoras y niñeras. Su padre se ponía el esmoquin cada noche para la cena y su madre, un vestido de gala. Junto a sus hermanos, patinaban por la Quinta Avenida, en la esquina de su mansión, con una limusina detrás por si se fatigaban. Los veranos se refrescaban en la brisa atlántica de Seal Harbor (Maine), una de las zonas más atractivas de Nueva Inglaterra, donde los Rockefeller tenían una de sus muchas propiedades. Los fines de semana, en Pocantico Hills, una localidad cuyos terrenos el abuelo Rockefeller adquirió casi al completo.

David no tuvo la presencia política de su hermano Nelson, que fue vicepresidente en el mandato de Gerald Ford entre 1974 y 1977 y que antes había sido elegido gobernador de Nueva York en cuatro ocasiones, desde 1959 hasta 1973. El hermano pequeño se orientó hacia los negocios, en concreto, la banca, en la que lideró una de las grandes entidades de Wall Street, Chase Manhattan Bank. Entró en el banco nada más acabar la Segunda Guerra Mundial, en la que sirvió en el ejército de EE.UU. en el Norte de África y en Francia y del que se licenció como capitán.

Rockefeller con el Rey Don Juan Carlos y José María de Areilza en 1976
Rockefeller con el Rey Don Juan Carlos y José María de Areilza en 1976- EFE

Rockefeller acabaría convirtiéndose en el banquero más célebre de EE.UU. En 1961 ascendió a presidente de Chase Manhattan y promovió una agresiva expansión internacional de la entidad. Lo hizo a través de una diplomacia empresarial que le llevó de viaje por todo el mundo. Su apellido, sus contactos familiares y sus relaciones con el Gobierno le permitieron codearse en los años 70 con líderes internacionales como Leonid Brezhnev en la Unión Soviética, Zhou Enlai en China o Anwar el-Sadat en Egipto y, como consecuencia, abrir negocio en mercados donde hasta el momento no había entrado ningún banco estadounidense.

Coleccionista de arte

La banca, sin embargo, no fue toda su vida. Como buena parte de su familia, fue un ávido coleccionista de arte y un filántropo generoso. Amasó una colección de 15.000 obras de arte, fue presidente durante mucho tiempo del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) –que su madre había fundado– e impulsó a que las grandes empresas del momento invirtieran en arte. Se calcula que a lo largo de su vida donó unos 2.000 millones de dólares a diversas causas, con atención particular alMoMA, a Harvard –donde estudió– y a la Universidad Rockefeller, que fundó su abuelo. Fue también instrumental en la recuperación económica de la Nueva York de los años 70, para la que articuló una alianza entre miembros de la administración local y estatal y empresarios que le ayudó a salir de la quiebra.

El apellido Rockefeller está lejos de perderse. David deja cinco hijos, diez nietos y diez bisnietos, además de otros familiares de sus hermanos. Pero ninguno con la estatura pública del último gran Rockefeller.

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