Gente&Estilo - Gente

Jacques de Bascher, el hombre que enemistó a Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld

Aristócrata ocioso, más conocido como el «ángel negro», conquistó a dos de los mayores genios de la moda. Una biografía lo cuenta

Jacques de Bascher
Jacques de Bascher - ABC
JUAN PEDRO QUIÑONERO Corresponsal En París - Actualizado: Guardado en: Gente&Estilo Gente

La gran amistad de Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent terminó por ser una tragedia atroz cuando se interpuso entre ambos la figura de Jacques de Bascher, un dandi conocido como el «ángel negro», cuya primera biografía permite reconstruir algunas páginas mal exploradas de la historia de la moda en un París by night ya desaparecido. La periodista Marie Ottavi, la autora, ha interrogado a los últimos personajes que sobrevivieron a aquella vertiginosa historia de excesos durante los años 70 y 80, para reconstruir relatos íntimos que se confunden con las grandes convulsiones morales y culturales del final de siglo XX.

En la biografía firmada por Ottavi, Karl Lagerfeld, siempre activo y cultivando su propia leyenda, habla con amor, respeto y «distanciamiento» lírico de su personaje y de aquella época: «Soy el último superviviente de un mundo al que nunca pertenecí». Es una manera elegante de explicar su historia de amor con Jacques de Bascher, entre 1973 y 1989, el año de la muerte del «ángel negro», víctima del sida. Mirando hacia atrás sin ira, el Lagerfeld de la madurez evoca con delicadeza la figura de amante perdido. Asegura que la suya fue una pasión más «espiritual» que «carnal».

Aristócrata decadente, Bascher bebía, se drogaba, se abandonaba a «camas redondas» sadomasoquistas y seducía a hombres y mujeres con un encanto mórbido. El «Káiser» de la moda, por el contrario, era abstemio, no consumía estupefacientes y trabajaba con apasionada austeridad monacal.

Perversiones

Pierre Bergé, amante y socio empresarial de Yves Saint Laurent, también está muy presente en el libro sobre Bascher, aunque prefiere no explayarse. A su modo de ver, Bascher «pervirtió» a Saint Laurent, conduciéndole hasta un abismo, donde la promiscuidad sexual se sucedía sin fin. Y entre todos ellos, el fotógrafo Philippe Heurtault, que fue amigo y cómplice de Bascher, Lagerfeld y Saint Laurent. Su trabajo de aquellos tiempos gloriosos conforma algunas de las crónicas visuales indispensables de un mundo desaparecido y poblado por fantasmas llamados Andy Warhol, David Hockney, Paloma Picasso, Loulou de la Falaise, Thadée Klossowski (hijo de Balthus), la baronesa Hélène de Rotschild... Más ecuánime que Lagerfeld, más expresivo que Bergé, Heurtault guarda el recuerdo de un joven muy atractivo, menos «ángel negro» que seductor descarriado, quizá.

Nacido en el seno de una familia aristocrática, de la nobleza de provincias y con recursos venidos a menos, Bascher no trabajó jamás. «Dicen que no doy golpe: se equivocan, mi tarea esencial es inspirar a Karl…», diría, no sin cierta sorna, respondiendo a quienes hacían «chistes» de gusto cruel sobre su vida de ocio y placeres.

Bascher y Lagerferd vivieron su amor con «púdica» pasión. Cuando Saint Laurent cayó en los brazos, los lechos y las tentaciones sadomasoquistas de Bascher, estalló la crisis. Durante un tiempo, Pierre Bergé decidió «no intervenir», esperando que la pasión de Saint-Laurent terminara diluyéndose en el océano de los encuentros nocturnos y pasajeros. Hasta que advirtió, horrorizado, que la relación carnal de Saint Laurent y Bascher había tomado una dimensión «incontrolable». Aquel cóctel de alcohol, drogas y sexo «duro» terminó convirtiéndose en una amenaza para la obra de Yves, de consecuencias imprevisibles para la marca y el negocio común.

Temiendo que Saint Laurent se asomara al abismo, Bergé terminó entrevistándose con Bascher. Nada se sabe en detalle del contenido exacto de aquella conversación íntima, sin duda «enérgica» y «expeditiva», pero el «ángel negro» desapareció de la existencia de Saint Laurent sin separarse nunca de la vida de Lagerfeld, siempre fiel hasta la tumba.

La decadencia

La ruptura entre Bascher y Saint Laurent quizá fue una encrucijada. Aquel París nocturno, florecido entre la rue Saint-Anne -donde se encontraba un legendario club gay, Le Sept- y el faubourg Montmartre -el del mítico Palace- comenzaba a ser víctima de una cierta decadencia. Los clubes gay emigrarían pronto hacia el barrio del Marais y aquellas grandes veladas homosexuales fueron a menos, víctimas de excesos que terminaron con expeditivas intervenciones policiales. Comenzaron a esfumarse las secciones periodísticas de vida nocturna y los cronistas de nightclubing.

Bascher murió solo, en un hospital de provincias, acompañado de un Karl Lagerfeld envejecido que hoy vive instalado en el podio de un genio capaz de sobrevivir a las cenizas de un mundo extinto. Saint Laurent ya subió a los cielos de la gloria y, ahora, Pierre Bergé vela por su memoria, consagrándole museos.

Toda la actualidad en portada

comentarios