Andrea Janeiro fotografiada juntoa su madre, Belén Esteban
Andrea Janeiro fotografiada juntoa su madre, Belén Esteban - GTRES

Huérfanos digitales, el precio de ser hijo de un famoso

Los hijos de las celebridades están expuestos a las críticas y el escarnio en redes sociales y esto acarrea graves consecuencias en su personalidad y su manera de enfrentarse a la vida

MADRIDActualizado:

Las preguntas afiladas de los periodistas a Paula Echevarría que llegaron tras los primeros rumores de ruptura con David Bustamante abordaban desde sus diferencias conyugales a las posibles infidelidades. Los micrófonos acosaban a la actriz con preguntas indiscretas y compulsivas el día de la comunión de su hija. Pocos de los allí presentes parecían percibir mirada atónita de la pequeña Daniela escuchando las especulaciones sobre las ausencias, cuernos y borracheras de sus padres.

La críticas a las malas formas del hijo de Ana Obregón se sucedían en los programas de televisión al hacer zapping en los noventa y nadie se comedía al tacharlo de maleducado. De la vestimenta de hijas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero todavía se hace escarnio y el propio Iker Casillas, ejemplo de cordialidad y compostura, perdió las formas cuando uno de sus «haters» le recomendó tirar a su hijo al mar «a ver si flota».

El último escándalo mediático fue el acoso sufrido por Andrea Janeiro, la hija de Belén Esteban y Jesulín de Ubrique. La mayoría de edad de la menor confirmó los peores presagios de su madre y el día en el que se descubrió la imagen de la adolescente, la red la vistió de sátiras.

Kepa Paul Larrañaga, presidente de GSIA (grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia), cuenta que a esta situación se la denomina «Efecto Streisand», se produce cuando alguien quiere ocultar algo y la incertidumbre que despierta en los demás provoca el efecto contrario. Todo el mundo deseaba que Andrea Janeiro cumpliese 18 años para ver su cara sin pixelar, las consecuencias de su exposición fueron nefastas porque a la atención mediática se sumó un factor de nacimiento reciente: las redes sociales, un altavoz al alcance de cualquiera. Los comentarios maliciosos hacia el aspecto físico de la primogénita de Jesulín de Ubrique incendiaron las redes sociales en cuestión de minutos.

«Los usuarios de las redes sociales tienen que entender que detrás del personaje hay una persona que sufre, hay que educar a la sociedad para que aprenda a gestionar estas situaciones». Así lo afirma Silvia Álava, psicóloga de referencia en infancia. Kepa Paul añade un factor, la sensación de irrealidad que producen las pantallas: «Es como si lo que hubiese dentro no sintiese, como si fuese solamente un avatar». Según afirma el experto, los sociólogos que estudian el fenómeno observan que los denominados «nativos digitales» asumen internet como un ámbito más dentro de su entorno, sin embargo son los adultos quienes lo entienden como un entorno «virtualizado» donde lo que ocurre no forma parte de la realidad y esto es lo que provoca los «comentarios tan brutales».

El sociólogo considera que internet nos aporta herramientas muy útiles pero que, sin embargo, en ocasiones «nos quedan grandes». Aprecia un paralelismo en las interacciones en redes sociales similar al bullying que sufren los adolescentes en las aulas: «El líder de la clase hace un comentario gracioso y cruel de un compañero y gana popularidad, a él se une su cohorte que actúa alrededor del líder. Ellos emiten entonces más ataques para ganar liderazgo». Así se explica el sociólogo el porqué del triúnfo del la cultura del odio de los «haters».

Sufrir este tipo de comentarios denigrantes de forma masiva «aumenta la inseguridad de las personas que sufren esas críticas y pueden incidir en su conducta si no tienen trabajada la seguridad en sí mismos», asegura la psicóloga. Aconseja reforzar en los menores la confianza y la asertividad ya que, otro de los principales problemas que sufren los hijos de los famosos es que muchas de las personas que se acercan a elloslo hacen por ser hijos de quien son y «llega un momento en el que se sienten perdidos porque nunca saben si las personas que los rodean tienen intenciones sinceras o interesadas».

Silvia Álava cuenta que suelen ser víctimas de manipulaciones y engaños de personas que quieren «sacar algo de ellos». Esta presión la sufren tanto los adultos como los niños, pero tratándose de menores, el impacto sobre ellos se agrava sobremanera porque «no tienen una personalidad construida ni estrategias emocionales con las que defenderse», además, indica que «las personas que se convierten en rostros conocidos en la edad adulta tienen vínculos creados de la época anterior a ser famosos, en el caso de los hijos de las celebridades no es así, porque crecen siendo los ‘hijos de’».

La justicia, un paso por detrás

«El caso de Andrea Janeiro es grave, porque a las injurias se suma la publicidad, cuando buscas en Google su nombre lo primero que aparece son los insultos de las redes sociales». Marta Macho, abogada de lo penal experta en familia, resalta el agravante que supone que a través de internet los comentarios lleguen a más gente: «el mobbing sufrido en la oficina no sale del entorno de trabajo, pero de esos insultos se entera todo el que tiene acceso a internet y cuanto más alcance, más grave es el delito».

Sobre el desamparo que sufren los menores en medios de comunicación y redes sociales es tajante: «El Código Penal castiga de igual manera los delitos de odio que se sufren los menores en el entorno físico que en el virtual». Añade que la sensación de desamparo tiene que ver con la desinformación porque, «a pesar de haber muchos delitos de odio hay muy pocas denuncias, esto se debe a que la gente todavía no se atreve a ir a comisaría a denunciar».

Además, informa de que «aunque un delito por internet tenga el inconveniente de que llegue a más gente, lo que se puede sacar de positivo es que es más fácil seguir el rastro de esas personas y es muy fácil probar los hechos porque están por escrito». Los casos de acoso virtual se juzgan por la vía ordinaria, «se llama a declarar a todas las personas que participaron en ese delito de odio, que se sanciona con multas o cárcel. La culpabilidad pondera el juez».

Señala que la justicia, a pesar de ir «un paso por detrás» en cuestiones de delitos informáticos,«actuará y será igual para todos», sin embargo, explica que quien primero tiene que velar por la protección de los menores son sus padres «tratando de exponerlos lo menos posible hasta la edad adulta, en la que ellos puedan decidir si quieren que se hable de ellos o no». Indica que «hay muchos famosos que no hablan de sus hijos, esa es la mejor manera de protegerlos».

Después de los padres, según la abogada, son las propias empresas quienes tienen que hacerse responsables de los perfiles de sus usuarios, señala que existen muchas páginas web que no dejan completar los registros y operaciones si falla un número del DNI porque no reconocen la identidad del usuario, y con las redes sociales «debe ocurrir lo mismo».

El caso de Paula Echevarría es diferente al de Andrea Janeiro porque «los profesionales solo están haciendo preguntas y no están menoscabando la integridad de la persona», la abogada es clara: «Una cosa es que sea ético o moral hacer ese tipo de preguntas delante de un menor y otra es que sea un delito, la única solución a ese problema el uso del sentido común».

En lo que coinciden los tres expertos es en «la falta de respeto y de empatía que se aprecia en una sociedad capaz de insultar hasta la saciedad a una joven por su aspecto físico». Nadie parece imaginarse al otro lado de la pantalla a una adolescente acongojada asimilando esa información y preguntándose «qué hizo» para recibir todo ese odio.