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Hope Hicks, la joven apagafuegos de los excesos de Donald Trump

Escogida por el magnate del equipo de su hija Ivanka para la relación con la prensa, combina en dosis justas imagen exquisita y agresividad profesional

Hope Hicks, la joven apagafuegos de los excesos de Donald Trump

Estaríamos ante una versión moderna de «La Bella y la Bestia», si detrás hubiera una historia de amor. No parece el caso. Sencillamente, el estruendoso mundo de invectivas y frases altisonantes que ha construido Donald Trump, en su decidido empeño de presidir Estados Unidos, necesitaba una contraparte. Una mano que, de cuando en cuando, meciera la cuna del bocazas. Una cara amable y leal que afinara ante la prensa el grueso calibre con el que dispara el millonario neoyorquino.

Y Trump la encontró en el equipo de su hija Ivanka. Desde agosto, Hope Hicks, una singular belleza de 27 años, de indiscutible parecido con la top model y rostro de Estée Lauder Hilary Rhoda,pasó de vender las colecciones que firma la hija del patrón a convertirse en la eficaz colaboradora personal de Donald Trump. Cara amable y mano izquierda para sacar al jefe de los atolladeros. Trabajo no le falta.

«Esperanza» y «pardillos»

Hope Hicks, términos que traducidos literalmente del inglés significan «esperanza» y «pardillos», ha tenido que multiplicarse esta semana para hacer valer su nombre en la propuesta más polémica desde que su jefe se lanzara a la carrera electoral. Intensos días para matizar a los periodistas que su medida de cerrar las fronteras a todos los musulmanes sería provisional y limitada, «sólo hasta que se aclare» la investigación relacionada con el último ataque terrorista en San Bernardino (California). Una muestra del socorrido papel de apagafuegos que asume Hicks para encarrilar al hombre más polémico del mundo. Hercúlea tarea que George Arzt, experimentado asesor de prensa en el mundo profesional neoyorquino, considera «difícil, porque a Donald hay que dejarle ser Donald, a la gente le gusta que hable sin pelos en la lengua; pero, al mismo tiempo, sabes que mete mucho la pata, y eso puede tener un efecto acumulativo que le acabe restando apoyos».

Sería un error asociar a Hope Hicks con su apellido («pardillo»). Pese a su juventud, se maneja con sabia naturalidad, combinando firmeza y exquisitas maneras en todos sus contactos con los medios. En las llamadas a los periodistas, para suavizar los excesos; durante las entrevistas, para remarcar con datos bien trabajados los mensajes que pretende transmitir Trump, quien deja hacer con satisfacción a quien llama «belleza entre las bellezas». Pero también para reclamar al entrevistador, en plena faena, un mayor protagonismo de su jefe en la publicación. Durante la entrevista que Trump concedió recientemente a la revista «GQ» y en el momento de mayor tensión por las cuestiones planteadas, Hicks interrumpió a su jefe para espetar a la periodista: «Creo que merecemos la portada (de la revista) por consentir estas preguntas».

Hope ha llevado un soplo de aire fresco al entorno de veteranos ejecutivos que rodean al millonario. Su seguridad y soltura le han permitido encajar con hombres de colmillo retorcido como Corey Lewandowski. Se trata del correoso director de campaña de Trump, perro viejo en un mundo electoral en el que, pese a su filiación republicana, ha destacado siempre por manejar a los más controvertidos outsiders del partido.

Hope Hicks (Greenwich, Connecticut, 1988) no es una extraña en el mundo de las relaciones públicas, para el que se graduó en la Universidad Metodista del Sur. Más bien, lo lleva en la sangre. Su padre, Paul Hicks, maduró su carrera en la prestigiosa compañía Ogilvy y hoy es vicepresidente de Comunicación y brazo derecho del comisionado en jefe de la todopoderosa Liga de Fútbol Americana. Con orgullo paterno, aunque con argumentos profesionales, Hicks define a su hija como «una mujer que mantiene los pies en el suelo y que sabe diferenciar muy bien las cuestiones ligeras de las que son serias y reales». A lo que añade «un consumado dominio de la forma en que se consumen los medios en el mundo digital de hoy». Hope, sin embargo, ha sabido correr una cortina de discreción desde que llegó a la cercanía de Donald Trump, borrando todo rastro de ella en las redes sociales. Es una labor casi imposible encontrar hoy afirmaciones de ella que no representen a su jefe, lo que le ha granjeado el calificativo periodístico de misteriosa. La misma reserva que envuelve la trayectoria de su progenitor, no marcado políticamente pese a que realizó una donación al republicano Mitt Romney en una de sus campañas, en 2007.

Capitana del equipo

Las dotes para el liderazgo tampoco le son ajenas a Hicks, a juzgar por sus mentores. Durante sus años de estudios, fue capitana del equipo universitario de lacrosse, un exigente deporte, similar al hockey sobre hierba, muy practicado en el este de EE.UU. Liz Holmes, una de sus entrenadoras, ensalza de Hope su «inteligencia, capacidad para competir y para echarse el equipo encima cuando había dificultades, aunque con generosidad en las asistencias».

De su exitosa combinación de dulzura y determinación dio fe el posado que protagonizó con un águila Donald Trump, que fue portada de la revista «Time». La escena tuvo lugar en el despacho que el magnate ocupa en todo lo alto de su célebre Trump Tower, en Nueva York. Cuentan los testigos que durante la sesión de fotos, la naturalidad con la que sostuvo Hope el águila contrastaba con una latente tensión entre el millonario y el ave rapaz. ¿Incompatibilidad de caracteres?

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