Ana de Francia
Ana de Francia - JOSÉ RAMÓN LADRA

Ana de Francia: «En casa ya no tenemos paredes para seguir colgando cuadros»

Ocho meses después de la muerte del Infante Don Carlos, la Duquesa viuda de Calabria reanuda su agenda. Subastará 90 acuarelas de su autoría para salvar un monasterio madrileño

MADRIDActualizado:

Impecablemente vestida para la ocasión con una falda gris a media pierna, zapatos salón a juego, camisa blanca, chaqueta de punto grueso y unas llamativas perlas blancas. Así ha sido la primera aparición pública de la Princesa Ana de Francia tras la muerte de su esposo el Infante Don Carlos, Duque de Calabria, fallecido en octubre del año pasado. Poseedora de una elegancia y un saber estar innatos, impresiona a los asistentes a la inauguración de la colección de 90 acuarelas que contribuirán con su venta a la restauración del monasterio de las Comendadoras de Santiago (Madrid). Un convento fundado en 1680 por deseo de Felipe IV y su esposa, Mariana de Austria, y que tantas veces visitó Doña Ana con su marido.

La Princesa de Orleans no quiere ningún protagonismo a pesar de ser una de las impulsoras de la restauración del monasterio. «Había visitado este monasterio muchas veces con Don Carlos. Veíamos deterioradas muchas de estas obras que ahora se ven rehabilitadas, y sentíamos una profunda tristeza. Fue después del terremoto de Lorca, cuyos efectos se sintieron en el monasterio, cuando vi que se estaba viniendo abajo. Recuerdo que hablé con Don Carlos de hacer la exposición y recaudar fondos, pero lamentablemente él no lo ha podido ver. Cuando murió, pensé que era el momento de ponerme rápidamente a ello».

No hay más que escuchar a Emanuela Gambini, la arquitecta responsable de la rehabilitación del edificio, para ser conscientes de cómo la Princesa ha puesto todo su empeño para que el proyecto saliera adelante, a pesar de haber atravesado uno de los momento más complicados de su vida. A la muerte de su esposo el pasado octubre se unió la pérdida de su hermana Claudia de Orleans a finales del mismo mes. En palabras de la arquitecta: «Doña Ana es una auténtica artista, es tan artista que no se sabe valorar a sí misma. Ha sacado fuerzas de flaqueza para pintar en los momentos tan difíciles que ha vivido. Lo había prometido y lo ha conseguido». En el momento en que escucha esas palabras Doña Ana añade bromeando: «¡He cumplido!».

Ya en petit comité afirma: «Puse todo mi empeño en que se rehabilitara y, si no veo yo completamente acabado el trabajo, serán las generaciones posteriores». La Duquesa viuda de Calabria es madre de cinco hijos: Cristina, María Paloma, Pedro, actual Duque de Calabria, Inés y Victoria. Y es abuela de 19 nietos. Su discreción no le permite confirmar si alguno de ellos ha heredado su talento como acuarelista. Pero sí que rememora la estrecha relación que ha mantenido siempre la familia Orleans con la pintura: «Desde niños todos hemos tenido la suerte de contar con profesores buenísimos que venían a casa una vez a la semana». Doña Ana es la quinta hija del Príncipe Enrique de Orleans y de la Princesa Isabel, Condes de París. «Tengo una acuarela dibujada por cada uno de mis diez hermanos», dice, a lo que añade sonriendo: «Mis hijos me dicen que en casa ya no tenemos paredes para seguir colgando cuadros».

Tras su formación acuarelística, cuando era niña recibió clases en prestigiosas escuelas de París y Madrid, y en Portugal. Es la presidenta de Honor del Grupo Pro-Arte y Cultura, y de la Bienal «20 pintores unidos por la acuarela», cuyo objetivo es dar a conocer los valores de dicha técnica. Para esta exposición aporta 90 obras que se venden entre los 900 y los 1.900 euros. «La acuarela es la técnica que siempre se ha usado en mi familia. Todos los muros de casa de mis padres estaban decorados con acuarelas de familiares. Es una técnica rápida que me gusta, porque hay que tener claro lo que uno quiere hacer».