Ameerah Al Taweel
Ameerah Al Taweel - Jakob Polacsek

Ameerah Al Taweel, una princesa activista condenada al olvido

Tras su divorcio de Alwaleed Bin Talal, arrestado en Riad por corrupción, perdió su influencia y visibilidad

MadridActualizado:

Los días de gloria de Ameerah Al Taweel como epítome de mujer árabe y moderna que triunfa en una sociedad anclada al pasado duraron exactamente lo mismo que su matrimonio. Cinco años; desde 2008 a 2013. Al abrigo de su todopoderoso marido, el príncipe de Arabia Saudí Al Waleed Bin Talal, no solo vivió bañada en mármol y oro, sino que logró que su reivindicativa voz a favor de los derechos de la mujeres en el reino del desierto fuese escuchada.

Formaban el binomio perfecto. Él ponía la guita y ella se crecía día a a día, como motor del cambio. Despojada del velo y conduciendo a su antojo, en un país en el que las mujeres lo tienen prohibido hasta que el próximo junio entre en vigor una revolucionaria reforma, se alzó como la gran embajadora del progreso saudí a ojos de Occidente. Recorrió los platós de los principales canales norteamericanos de televisión con las palabras modernidad y rupturismo cosidas a sus labios.

La fascinación que ejerció Ameerah en el extranjero fue tal que se la llegó a comparar con Rania de Jordania o la jequesa Mozah de Qatar. Un paralelismo que a día de hoy se presenta un tanto desmesurado. ¿Qué ha sido de Ameerah? Siendo francos, nadie se ha vuelto a acordar de ella. Desde que en 2013 se divorciase del Warren Buffet árabe, con un patrimonio de 18.000 millones de dólares (17.000 millones de euros), se ha acomodado involuntariamente en un discreto segundo plano. Continúa con sus labores filantrópicas, pero sin la repercusión que logró antaño. Involucrada en foros a favor de la educación de las jóvenes saudíes, se ha vuelto invisible fuera de las fronteras de su país. Su exmarido tampoco ha corrido mejor suerte. Hace una semana era detenido por corrupción en la gran purga perpetrada por su primo y heredero a la corona, Mohamed bin Salman.

El de Ameerah constituye otro de esos casos de fulgurante escalada social. Nació en 1983 en una familia beduina. A los 18 años, conoció al príncipe Alwaleed Bin Talal, sobrino del anterior rey del país Abdullah, durante una entrevista para un periódico de la escuela. A pesar de sus 28 años de diferencia, en 2008 contraían matrimonio. Ella se convertía en su cuarta mujer y él en su mejor aval. Cambió su humilde vivienda por un palacio en Riad de 140 habitaciones. También supo aprovechar los contactos y la fortuna de su marido para formarse. Se graduó con matrícula de honor en Administración de Empresas en la Universidad de New Haven. Eso sí, ella no asistía a clase. Los profesores se desplazaban a palacio.

Muñeca para Occidente

Por supuesto, no faltaron las voces que acusaron a Al Waleed de utilizar a su mujer como una «muñeca para Occidente», una pura herramienta de marketing con la que rejuvenecer y suavizar su imagen. Qué duda cabe de que le otorgaba cierto aire de glamour. Tras divorciarse, curiosamente salió a la luz un viejo y oscuro caso de violación en Ibiza. Una modelo española le acusó de violarla a bordo de su yate, fondeado en Ibiza, en agosto de 2008. El Tribunal de Palma de Mallorca lo había cerrado en 2012, tras cuatro años de litigio. Al parecer, él lo solventó con una abultada propina.

Propietario de Kingdom Holding Company (KHC), uno de los grupos empresariales más exitosos del mundo, y y accionista de muchas empresas punteras como Citigroup, Apple y Twitter, Al Waleed no ha tenido ningún escrúpulo en silenciar algún que otro desliz a golpe de chequera. Ahora, tendrá tiempo para reflexionar sobre ello en una de las habitaciones del Ritz Carlton de Riad, la cárcel de oro donde están arrestados los once príncipes caídos tras una purga sin precedente en el reino.