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Alberto de Mónaco cumple 60 años: «Es pronto para pensar en abdicación»

El Príncipe se sincera sobre su vida familiar y su labor al frente del país con motivo de su aniversario

PARISActualizado:

«Cuando yo era niño, las personas de sesenta años me parecían muy viejas… Hoy, yo mismo, en mi cabeza ¡tengo entre 15 y 45 años..!». Apenas convencido de su edad, el Príncipe Alberto II de Mónaco celebra este miércoles su 60 cumpleaños con una ceremonia y espectáculo popular en la catedral del principado. Con motivo de su sexagésimo aniversario, el Príncipe ha multiplicado sus apariciones, concediendo algunas entrevistas excepcionales para hacer un balance de su vida, su función y proyectos en Mónaco, el principado de la familia Grimaldi, originalmente italiana, desde hace siete siglos.

Quiere la leyenda que el primero de los Grimaldi, Francesco «el Malizia» se apoderó con astucia de la primitiva fortaleza de Mónaco el 8 de enero de 1297. Desde entonces, la dinastía ha sido capaz de preservar su independencia contra las grandes potencias vecinas, Francia e Italia.

Una independencia tan celosamente preservada no ha sido el fruto de la fuerza o la potencia: el principado de Mónaco es un territorio minúsculo, cuya defensa comienza por reposar por algo más «íntimo», que el Príncipe Alberto II analiza de este modo en una entrevista concedida al diario «Le Figaro»: «No es posible comprender la relación íntima entre mi familia y el pueblo de Mónaco sin asistir a nuestros acontecimientos festivos. Hay entre nosotros, entre los Grimaldi y los monegascos, una relación muy particular, tejida a lo largo de siete siglos de historia. Formamos una pequeña comunidad muy unida».

Rol como padre

¿Cual ha sido la mayor satisfacción del Príncipe desde que asumió el poder, tras la muerte de su padre Rainiero? Alberto II responde con contundencia que lo primero son sus hijos Jacques y Gabriella, de tres años, fruto de su matrimonio con la bella y espigada Charlene. Respecto al ámbito profesional destaca: «Una gran satisfacción fue sacar a Mónaco de la lista de países no cooperativos en materia de información sobre la fiscalidad. En otro plano, me pareció importante participar en la negociación de los acuerdos de París sobre ecología y medio ambiente».

Alberto de Mónaco lanzó hace años el gran proyecto de ampliación marítima del principado de Mónaco, cuyo futuro pasa por el crecimiento marino y submarino. Ese proyecto, uno de los más ambiciosos de su historia, tiene una financiación pública y privada, cuando el turismo y el «arte de vivir» siguen siendo una de las primeras fuentes de ingresos.

Los mellizos Jacques y Gabriella de Mónaco junto a su madre
Los mellizos Jacques y Gabriella de Mónaco junto a su madre-EFE

En materia de sueños y hacer soñar las sucesivas sagas familiares tienen desde siempre una función capital en la imagen cosmopolita de Mónaco, cuya gestión es necesario dirigir con mano maestra. Alberto II recibió de sus padres, el Príncipe Rainiero y la Princesa Grace, antigua heroína de Hollywood, una educación única, que él recuerda con precisión: «Mis hermanas y yo tuvimos una infancia extraordinaria… Con la adolescencia, como es natural en esa edad, tuvimos altos y bajos. Luego, mi formación en los EE. UU. y mis relaciones con el mundo del deporte, la economía, el olimpismo, fueron una escuela única. Mis hijos todavía son muy jóvenes. Pero su educación ha comenzado».

En su día, hace meses, llegó a especularse con una eventual «abdicación». Alberto II responde entre risas contenidas: «En mi cabeza, todavía tengo entre 15 y 45 años… Quizá sea un poco prematuro. Es cierto que dejé caer, en una entrevista que llegado el momento, podría abdicar… A partir de ahí, mucha gente se precipitó un poco. Todavía es pronto para pensar en esos detalles. De momento, mis hijos me dan muchas alegrías. Lentamente, creo que comienzan a comprender que hay algo un poco particular en su condición y vida de niños. Pero todavía es pronto para abrumarlos con las cosas que serán abordadas cuando llegue el momento. De momento, lo esencial es que sean felices, como sus padres, como los monegascos».