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Las púdicas memorias de Tom Jones, el hombre que reconoció acostarse con 250 fans al año

El músico de impactante mirada azul alardea de su amor conyugal, con la que lleva casada desde los 16 años

Tom Jones durante un concierto en Madrid
Tom Jones durante un concierto en Madrid - angel de antonio
luis ventoso - Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en: Gente&Estilo Gente

Tom Jones, de 77 años e hijo de un minero gales del carbón, empezó a la par de los Beatles. Pero mientras el 50 por ciento del grupo de Liverpool ya cría malvas, Sir Tom, rozagante y con su inefable bronceado de lámpara, presenta su autobiografía, lanza un nuevo -y buen- disco e inicia una gran gira por el Reino Unido, que culminará con un concierto en el O2 de Londres el mes que viene mano a mano con Van Morrison.

Todo eso sucede cuando el ex «Sexbomb» acaba de recibir un duro revés: tras cuatro años como jurado en el archipopular programa «La Voz», la BBC lo ha despedido drásticamente, sin explicaciones. Para más inri, el macho-man galés será sustituido por el andrógino Boy George. En los mentideros del mercado se dice que el añoso crooner se había desmarcado exigiendo casi un millón de euros por temporada. Sir Jones ha encajado mal el despido y lamenta la «falta de modales» de la BBC.

Esta semana se ha presentado la autobiografía de Jones, «En la cima y de vuelta», obra salida de una pluma mercenaria. El título es acertado. El artista, que ha vendido en su larga carrera cien millones de discos, parecía acabado a finales de los 70, relegado al circuito de casinos y restaurantes de Estados Unidos. Pero tuvo una espectacular resurrección en los 90, cuando su único hijo reconocido, Mark, se convirtió en su manager y lo llevó a pagos sonoros más contemporáneos, con una celebrada versión del «Kiss» de Prince, productores modernos y una aproximación a su propia figura de matador coñona y autoparódica.

Las tentaciones de la carretera

El morbo de la biografía radicaba en las peripecias amatorias de un hombre que se hacía llamar la «bomba sexual» y que llegó a alardear de que en sus años de gloria se encamaba con unas 250 seguidoras al año. Las fichaba desde el escenario y luego su equipo pasaba a la elegida a los camerinos. Pero Sir Tom ha corrido un tupido velo. En sus memorias se limita solo a apuntar que «la carretera ofrece tentaciones a las que difícilmente puedes sustraerte».

Jones incluso ha hecho estos días sentidas declaraciones proclamando que su único y gran amor es su mujer, Linda Trenchard, con la que lleva casado desde que tenían 16 años, en la clásica boda de penalti. «Ella sigue siendo el amor de mi vida», asegura el cantante. «Linda cree que ha perdido su chispa y que ya no luce como antes, pero está bien, yo tampoco. Cuando hablamos por teléfono los dos somos jóvenes otra vez y todas las oscuridades desaparecen. Es una mujer increíble y lo más importante de mi vida».

Lo cierto es que Linda y Sir Tom, a quien Isabel II hizo caballero en 1995, se ven de pascuas en ramos. Ella vive en California, enclaustrada en la mansión de Bel Air que el cantante compró a Dean Martin en 1974, cuando decidió instalarse en Estados Unidos huyendo del fisco laborista. Las infidelidades del cantante fueron clamorosas, aunque asegura que Linda solo se enfadó de verdad una vez, llegando incluso a golpearlo. Fue cuando lo vio en una revista en brazos de la bellísima miss mundo Majorice Wallace. Sir Tom tuvo también un hijo extramarital en 1987, con la modelo Katherine Berkey. Durante veinte años aseguró que él no era el padre, pero en 2008 una prueba de paternidad lo delató. No mantiene relación con aquel vástago.

El cantante asegura que todo lo que no sea Linda, una mujer que padecía depresiones desde joven y pelea con un cáncer, fueron solo «diversión y juegos». Sobre si se arrepiente de devaneos, declara que no, añadiendo en cita bíblica que «no puedes llorar sobre la leche derramada».

Charlotte Laws, una estadounidense de 54 años felizmente casada con un abogado de Oxford, ha explicado en la prensa sensacionalista inglesa el modus operandi del cantante, con quien perdió la virginidad a los 18 años tras asistir a uno de sus conciertos y solicitar verlo. Asegura que su propio hijo Mark se encargaba de gestionarle las citas y dice que Tom era un hombre educado, que se había cultivado a base de lecturas pese a dejar la escuela a los 16. Totalmente antidrogas, bebía contenidamente, aunque le encantaba el Dom Pérignon. Solía escaquearse de las invitaciones de fiesta de su amigo Elvis, que acababan al alba. Nunca acudía cuando tenía que cantar al día siguiente. Sobre la famosa bomba sexual, parece ser que la cosa no era para tanto: «Era apasionado, pero lo normal». Tras vivir varios meses con él, Charlotte fue despedida por su manager tras negarse a tomar precauciones anticonceptivas. Jones se negó entonces a verla, aunque con el paso de los años han mantenido su amistad.

«En toda mi vida no he tocado las drogas, ni siquiera he fumado un porro», asegura Tom Jones, que en su libro sí cuenta como a comienzos de los setenta asistió a fiestas desbordadas de cocaína. El cantante cultiva su imagen de minero de pinta y pub: «De donde yo vengo, la cocaína era lo que te daba el dentista. Lo llamábamos novocaína. En 1970, en un ensayo, me ofrecieron “el poder blanco”. Les dije: ¿Qué te crees, que soy el dentista?».

Lo más interesante de la autobiografía es en realidad su viaje musical, su reinvención y su recuerdo de las muchas luminarias de su época a las que conoció. El libro se abre con una escena reveladora de su amor propio. Un día de 1983, Michael Jackson y su hermana La Toya se presentaron en su mansión de Bel Air, diciéndole que siempre habían sentido curiosidad por verla por dentro. Al contemplar las fotos de Jones con The Beatles, Elvis, Frank Sinatra o Dusty Springfield, Michael le dijo: «¡Wow, Tom! Has tenido una gran carrera». El galés puntualizó: «Estoy teniendo una gran carrera», aunque lo cierto es que en ese momento rodaba olvidado por el circuito de restaurantes.

Sir Tom nació como Thomas John Woodward en Pontypridd, un pueblo minero pintoresco a 19 kilómetros de Cardiff. Cantaba desde niño en las fiestas de una familia muy musical y en un coro eclesial. A los doce años, una tuberculosis lo mantuvo casi dos años convaleciendo en casa. Escuchar música se convirtió en su único pasatiempo y su vocación.

Matrimonio

A los 16 años su vida dio un vuelco: se casó al dejar embarazada a Linda, abandonó la escuela y se puso a trabajar. Primero estuvo en una fábrica de guantes, luego fue peón de construcción y vendedor de aspiradoras. En 1963 funda el grupo Tommy Scott and The Senators y al año siguiente lo descubre su salvador, el manager londin ense Gordon Mills. Le cambia el nombre por el de Tom Jones, aprovechando la moda de la película de Tony Richardson que había ganado el Oscar ese año (su madre se llamaba Freda Jones, por lo que a Tom el cambio le pareció adecuado). Además le escribe una canción, «It’s not unusual», con la que se aúpa al número uno del Reino Unido en 1965. De allí a Estados Unidos, con el típico desembarco en el show de Ed Sullivan. Desde 1969 a 1971 llegará a tener su propio espacio televisivo, «This is Tom Jones», que se emite simultáneamente en Estados Unidos y Gran Bretaña.

El resto de su carrera será un tobogán, con una espectacular resurrección en 1999 con «Reload», disco multiplatino que vendió 1,2 millones de copias solo en Gran Bretaña e incluía el celebérrimo «Sexbomb». En 2010 publicará «Praise & Blame», una mirada a sus raíces musicales más sinceras que lo reconcilia con la crítica, que lo saluda como lo mejor de su carrera. Desde 2012, la televisión lo vuelve a meter en los hogares británicos. Con 77 años, mientras el bronceado y la impactante mirada azul aguanten, el viejo barítono salido de los campos mineros intentará seguir rugiendo. Tony Bennett, Bob Dylan, Van Morrison, Tom Jones… Todos siguen en las tablas defendiendo su lugar bajo el sol del siglo XXI. Aquí no se retira nadie.

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