Javier Fitz-James Stuart de Soto en la madrileña oficina de la Fortaleza de Belmonte. Su despacho está repleto de imágenes de sus tres hijos: Mencía, Sol y Álvaro
Javier Fitz-James Stuart de Soto en la madrileña oficina de la Fortaleza de Belmonte. Su despacho está repleto de imágenes de sus tres hijos: Mencía, Sol y Álvaro - ernesto agudo

Javier Fitz-James Stuart de Soto: «Cuando duermo solo en el castillo, me acojono»

El conde de Montalvo habla sobre el próximo de Combate Medieval que tendrá lugar en la fortaleza de Belmonte, propiedad de su familia. Además, opina sobre el trabajo que realiza Felipe VI y la situación actual de la nobleza en España

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Fue durante el invierno de 1960 cuando Anthony Mann llegó al castillo de Belmonte para rodar El Cid. Era la época dorada de Hollywood, cuando Sofía Loren y Charlton Heston, entre otros, viajaron a España para filmar este clásico del cine. En pleno rodaje, durante la recreación de un combate medieval, Heston se paró en seco: «¡Juro que he visto a una mujer allí arriba, en la torre del homenaje!». Un oriundo de la zona le comentó, con la misma serenidad del que habla del buen tiempo, que no pasaba nada: «Sólo es el fantasma de la emperatriz Eugenia de Montijo. ¡Acostúmbrate!».

Cincuenta y cinco años después, el castillo de Belmonte ha sufrido una gran transformación y ese combate que simulaba Heston se ha hecho realidad. Parece que el espectro sigue habitando en él. «Todos los castillos tienen su fantasma, pero cuando duermo ahí yo solo… me acojono», cuenta Javier Fitz-James Stuart de Soto, conde de Montalvo, que junto a su primo Hernando de las Bárcenas Fitz-James Stuart, ha llevado a cabo la rehabilitación del fortín familiar. «Empezamos la reforma en el año 2000, cuando Hernando y yo todavía trabajábamos en el sector de la banca. Por aquel entonces el castillo estaba cedido al ayuntamiento y pensamos que teníamos la responsabilidad de rehabilitarlo», dice.

Del 10 al 12 de octubre tendrá lugar el I Torneo Internacional de Combate Medieval en Belmonte —las entradas están disponibles en la página web de la fortaleza—, donde competirán 25 equipos de diferentes partes del mundo, seis de ellos españoles. «Hace dos años solo había un equipo español, a raíz de este torneo han surgido más y hasta el castillo tiene su propio equipo: los caballeros del castillo de Belmonte». Una agrupación donde, de momento, Javier y Hernando no han querido participar, pero no lo descartan. «La verdad es que nosotros no competimos porque, aunque vas muy bien protegido -con armaduras que pesan 40 kilos- los participantes se lesionan mucho. Con lo liados que estamos, si te lesionas una rodilla y te quedas cojo tres meses es un rollo», apostilla entre divertido y reflexivo. Y añade: «Al principio no teníamos ni idea de ésto y ahora somos expertos». Además del resto de actividades que la fortaleza ofrece durante el año, la intención es que este torneo sea de carácter anual. «Hay una zona de hostelería donde se degusta un menú medieval auténtico de finales del Siglo XV». Durante el torneo, en una de las verdes explanadas del castillo se montarán algunas tiendas medievales. «No descartamos hacer un Glamping», bromea Javier haciendo referencia a las tiendas de campaña de lujo.

Casado con María Chávarri desde 2003, Javier ha tenido dos hijos con ella, Sol y Álvaro. ¿Cómo llevan que su padre sea señor de un castillo? «Esta es una empresa turística de índole familiar y se tiene que llevar con normalidad, hacerlo de otra manera sería absurdo y contraproducente para ellos».

— Cayetano Martínez de Irujo comentó que le gustaría «volver a la época donde los caballeros se batían en duelo». ¿A usted le pasa lo mismo?

— Para nada. Supongo que él se refería al espíritu caballeresco que se practicaba en los siglos XIV y XV. Los torneos de Belmonte recuperan esos valores. Es algo muy romántico que ahora no se practica. Es legítimo decir que eran valores muy bonitos: cómo defender al débil o la valentía en el campo de batalla. Por el hecho de mirar atrás y recordarlo tampoco pasa nada, pero tenemos que vivir el tiempo que nos toca.

— ¿Cómo es el día a día de un noble en el siglo XXI?

— Exactamente igual que el de los demás. Hace años decían «¿ese en qué trabaja? No, ese es marqués». Ahora ya no. Hay gente que puede tener un patrimonio importante del que ocuparse, eso es a gusto del consumidor, pero no hay ningún privilegio, tampoco económico. Lo que intentamos es llevar unos títulos y apellidos con orgullo, respeto y honor, tratando de ensalzar a quienes los obtuvieron. En nuestro caso, hemos aportado nuestro granito de arena para que el castillo dure muchos años más.

— ¿Cómo valora a Felipe VI?

— Lo está haciendo fenomenal. No hay más que verlo, no para de trabajar y moverse por España. Para mí es un orgullo y tiene todo mi respeto y cariño. En su proclamación, el Rey hacía referencia a un tiempo nuevo y eso te hace ilusión. Es un Rey de nuestra generación y un impulso de modernidad a la institución. Creo que los Reyes lo están haciendo francamente bien.

— ¿Un noble puede ser de izquierdas?

— Ha habido gente con título nobiliario que era de izquierdas. Vivimos en una democracia, en un país libre y cualquiera puede tener la ideología que le apetezca en un marco de respeto. De hecho los hay, como fue la «duquesa roja». Yo no soy de izquierdas (ríe), pero igual otros sí lo son. Entre la nobleza no encontrarás a mucha gente con esta ideología; no es habitual, pero puede ocurrir. Hay más gente de izquierdas en Podemos que en la Diputación de la Grandeza de España, es algo lógico.

— Usted, que estudió en Boston, hace poco comentó que su hija Mencía se matricularía en EE.UU. También se publicó que usted se negaba a que fuera al Baile de Debutantes de París. ¿Quiere que ella siga sus pasos?

— Nunca me he negado a que haga algo, tampoco a que asista a ese baile. Ni siquiera recuerdo que Isabel (Sartorius) o ella me lo comentasen. Siempre le digo a Mencía que disfrute a tope, que vaya a un baile y a doscientos más. No soy de decir «no», soy más de decir «sí» a todo: a que viaje, lo pase bien, conozca gente, trabaje… Viví diez años en el extranjero y es una experiencia fantástica. Ella ya está allí y está muy contenta.

— ¿Cómo es su relación con Isabel Sartorius, la madre de Mencía?

— Nos llevamos bien, hablamos de vez en cuando por temas relacionados con Mencía.