Caroline de Maigret
Caroline de Maigret - Maya Balanya

Caroline de Maigret: «En Doña Letizia he visto una a una reina chic y moderna»

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Caroline de Maigret (Neuilly-sur-Seine, 1975) interrumpe su baño en la piscina del rooftop del hotel Urban en el centro de Madrid para atender a ABC. Sale del ascensor, junto a su hijo, enfundada en unos vaqueros y una camisa de rayas azules, con un bolso de Chanel. No lleva ni pizca de maquillaje y su pelo continúa mojado. Sorprende su naturalidad y su estilo cuidadosamente descuidado, ese «je ne sais quoi» inherente a la mujer parisina. Por eso, quién mejor que ella para diseccionar los atributos de las féminas «made in Paris». Junto a tres amigas, Anne Berest, Audrey Diwan y Sophie Mas ha publicado «Cómo ser parisina estés donde estés».

Caroline reconoce que existe una obsesión cultural por la mujer de París a la que se asocia con un ideal de perfección. Y éste es el primer cliché que se dispuso a desmontar. «Desde China a España pasando por América todo el mundo me preguntaba sobre la mujer parisina y nuestro estilo. Quería entender por qué la fantasía de la mujeres parisinas es tan fuerte y, después, eliminar ese falso concepto de que somos perfectas. Somos desordenadas, imprecisas y llenas de contradicciones, pero también divertidas y curiosas».

Niña bien

Ella iba para niña bien. Por sus venas corre sangre aristócrata y tiene vínculos con importantes políticos. Un buen día se escapó de casa y empezó a trabajar como modelo logrando fichar para firmas como Chanel, Balenciaga, Marc Jacobs y Prada. Ahora, a los 40 años, se define como «productora musical, pero también modelo, escritora, embajadora de una ONG, madre y ama de casa». Prefiere obviar el término «it girl».

Si tuviera que definir con una palabra a ese tipo de mujer que representa se quedaría con «effortless». Esa forma de ser chic, sin renunciar a la naturalidad. El estar perfecta transmitiendo la idea que no hay esfuerzos de por medio. «Las parisinas nunca van a reconocer que hacen dieta, que van al gimnasio o que han pasado por el quirófano. Lo esconden y mienten».

Pero el ser parisina es ante todo una actitud donde reina la moderación. Y esto se aplica en el maquillaje, la vestimenta y en el día a día en general. «Cuando me maquillo no me gusta llevar una máscara. Juego un día con un eyeliner muy marcado, otro día con un pintalabios rojo, pero no todo a la vez. Ocurre igual con la ropa. Tiene que haber un elemento que mande en el look».

El mismo principio rige con los retoques estéticos. «Uno se tiene que sentir bien con uno mismo. Yo fui afortunada y nací bella y me gusta lo que veo en el espejo cuando me miro. Pero si uno no está a gusto, los retoques están bien. El problema viene cuando uno se opera prácticamente la cara entera y parece otra. Es una manera de decir que eres viejo y has inventado un nuevo rostro».

La estancia de Caroline en Madrid coincide con la visita oficial de Doña Letizia y Don Felipe a París. «He visto una foto de la Reina ayer en el periódico y estaba muy elegante con un traje beige y se podría ajustar a la perfección a los valores de la mujer parisina de elegancia, naturalidad y sencillez». Aun así reconoce que tampoco está muy al tanto de los estilismos de Letizia porque no es una seguidora de las revistas de corazón. Se atreve a buscar su nombre en Google imágenes y nada más aparecer la primera foto comienza a ensalzar a su belleza.

Chico-chica

Paradójicamente, su ideal de mujer parisina, no es parisina. «Como menciono en mi libro los parisinos más famosos son extranjeros. No nacen en París, pero renacen allí, como Josephine Baker o Romy Schneider. Mi mujer de referencia es la actriz Charlotte Rampling. Me gusta la manera en la que juega con la masculinidad y la feminidad. Es guapa y elegante, pero a la vez tiene esa fuerza, esa mirada que transmite que es una mujer inteligente, que tiene algo que decir. Me gusta sentir que detrás de la belleza se oculta algo más».

Caroline hace hincapié en que una mujer es más que un físico, un look o una imagen y por ello, está encantada del auge de las redes sociales. En su cuenta de Instagram le siguen 258.000 fieles. Ha encontrado la mejor plataforma para hacerse oír. «Antes de que aparecieran las redes sociales yo era sólo una foto, una imagen. Instagram me ha dado voz, me permite mostrar lo que a mí me interesa, mis inquietudes y a la vez me sirve para promocionar mi trabajo». Sin duda, una espacio ideal para ejercer como embajadora del chic parisino sin al