Ana Torroja
Ana Torroja - Maya Balanya

Ana Torroja: «Hacienda utilizó mi caso para dar ejemplo»

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Ana Torroja lleva casi dos décadas triunfando como artista solista, pero todavía le preguntan por los once años que vivió junto a Nacho y José María Cano. La cantante reconoce que Mecano es como un viejo triángulo amoroso. Le cuesta tanto olvidarlo. La prensa y los fans también están allí para recordárselo. Y ella parece disfrutar con el ejercicio de nostalgia. «No me molesta que me sigan preguntando por Mecano, lo llevo contestando todos los días de mi vida», admite entre risas. «Mecano fue y es algo grande en la música en castellano y es difícil separarse de eso. No quiero separarme de eso. Piensa que sigo cantando esas canciones, están muy presentes», añade durante la charla con ABC. Tan presentes que ahora las reedita en «Conexión», su primer disco grabado en directo.

Tras una ruptura la tentación es grande. «¿Qué hubiera pasado si hubiéramos seguido juntos?», se preguntan muchos. «Pues a lo mejor habríamos hecho peores canciones. No sé si hubiéramos podido estar 30 años. Duró lo que duró y fue precioso», responde Torroja. Dicen que a los «ex» es mejor tenerlos lejos. Quizá ella esté de acuerdo. «No sé por qué la gente se empeña en que tengo que hablar todos los días con Nacho y Jose. Uno está en Miami, el otro en Londres, y yo ahora en ningún lado», dice. «No nos vemos mucho, pero cuando nos reencontramos es como si no hubiera pasado un solo día. Hay una conexión verdadera».

En «Conexión», su nuevo disco, la artista entona por enésima vez las estrofas de «La fuerza del destino», «Maquillaje» y «Mujer contra mujer». Pero esta vez lo hace en vivo y en los míticos estudios Churubusco de la Ciudad de México. Torroja ha decidido poner mar y tierra de por medio e instalarse una temporada en América. La oportunidad le llegó poco después de recibir la indemnización por el accidente de tráfico que sufrió en 2008 y tras cerrar un largo litigio con Hacienda.

—¿La tratan mejor allí?

—Los mexicanos son más fieles. Siempre digo que el público de allí es como un amigo que es para siempre, no importa si estás más gordo, más viejo, más feo o si lo haces peor. México me recuerda a Francia. Serrat, por ejemplo, es una leyenda en Francia, y aquí está muy olvidado. El español es más difícil...

—¿Más duro de conquistar?

—Sí, tienes que reenamorarlo cada vez que lanzas un disco o que subes a un escenario. Es un trabajo diario, pero eso también me gusta. Me gustan los retos.

—Su disco se llama «Conexión». ¿Está desconectada de algo?

—No me cuesta desconectar de las cosas que me hacen sufrir. No te pongo ningún ejemplo, pero por cuestión de salud mental y física soy rápida para desconectar del dolor.

—Hablando de dolor, en enero de este año finalmente se cerró el caso por el accidente de tráfico que sufrió en 2008. ¿También cierran las heridas?

—Para mí no es una herida. Para mí ha sido un regalo.

—¿Cómo es eso?

—El regalo de volver a nacer. Me han dado la posibilidad de volver a nacer y eso es un regalo porque te permite replantearte muchas cosas. He vuelto a prestarle a atención a ese niño que llevamos dentro y que tenía abandonado. Cuando pasas por cosas así aprendes que la línea entre la vida y la muerte es muy estrecha y que vivir el presente te hace mucho más feliz.

—¿Se puede vivir de vender discos?

—No, yo no (risas). Yo de los discos no vivo. Vivo de los conciertos, gracias a Dios. La gente sabe que ir a un concierto de Ana Torroja es ir a un buen concierto. Eso es lo que me da de comer.

—Supongo que el IVA cultural le saca «un pellizco». ¿Algún día lo bajarán?

—Yo creo que sí. Está haciendo mucho daño, lo veo en muchos compañeros. Se están cargando la cultura.

—¿Lo hacen a propósito?

—Yo creo que no, pero no lo sé. Sería un poco absurdo que no les interesara la cultura. Yo creo que la gente del Gobierno compra música y libros, y también va al cine y al teatro. Creo que ha sido una norma que han tenido que tomar, no sé si muy a pesar suyo, y que está haciendo mucho daño.

—¿Cuándo leeremos la autobiografía de Ana Torroja?

—(Risas). Ahí estoy, tengo que terminarla para finales de junio pero no sé si voy a ser capaz. Todavía no hay nada cerrado, pero escribir me está sirviendo para hacer catarsis.

—Ha llegado a un acuerdo con Hacienda por haber defraudado al Fisco. ¿Ha sido otra catarsis?

—(Largo silencio). Ha sido una de las experiencias más difíciles y más desagradables de mi vida. Seguramente si no me hubiera llamado Ana Torroja, no me habría pasado. Eso me ha hecho cuestionarme muchas cosas, incluso llegué a pensar en dejar la profesión.

—Pero la vocación se impuso a Hacienda y sigue cantando.

—En el momento del juicio, que fue muy desagradable, mi terapeuta me dijo: «No sabes el regalo que te están haciendo». Y tenía razón, aprendes mucho y sales reforzada. Descubrí una realidad que ignoraba por inocencia o por idealismo.

—¿Ha sido carne de una de esas llamadas medias ejemplarizantes?

—Por supuesto que sí. Hacienda utilizó mi caso para dar ejemplo, pero no solo lo ha hecho conmigo. No he sido la única famosa. Te das cuenta de que las cosas no funcionan como tú creías y aprendes mucho.

—¿Ha sido una sentencia injusta?

—Eso no te lo voy a contestar.

—Lo deja para un capítulo de sus memorias...

—Puede ser más de un capítulo.