Gemma Mengual en una imagen de archivo de 2013
Gemma Mengual en una imagen de archivo de 2013 - oscar del pozo

Gemma Mengual, de la natación al sushi

La exnadadora prepara su boda con el empresario Enric Martín para después del vera

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Gemma Mengual no necesita una piscina para desenvolverse como pez en el agua. Hace tres años, anunció su retirada definitiva de la natación sincronizada y ahora, está completamente volcada en su exitosa faceta como empresaria. La catalana ha cambiado el olor a cloro por el sabor a mar. Junto a su buen amigo brasileño Saulo, se ha sumergido en el mundo de la cocina japonesa. «Tengo dos restaurantes de sushi y una tienda especializada en productos japoneses», declara a ABC durante una entrevista en Barcelona, donde amadrina la primera tienda de GAP en España.

Enfundada en un pantalón y una camisa vaquera, haciendo gala del estilo casual de la marca que representa, a Gemma le cambia la cara cuando comienza a hablar de su nueva casa y de su familia. «Estoy muy ilusionada. Nos compramos una casa el año pasado, la estamos reformando y tenemos previsto mudarnos antes de verano. Tenemos mucho estrés».

Durante la entrevista, se le escapa varias veces «mi marido», pero no será hasta después de este verano cuando formalice su relación con el empresario Enric Martín. La exnadadora nunca soñó de niña con vestirse como una princesa el día de su boda y de hecho, el casarse siempre le ha generado cierta pereza. Ahora quiere formalizar su situación principalmente por sus hijos Nil y Joe, de 4 y dos años respectivamente. «Hace un par de años, desde que ya somos padres es un tema que sale. Siempre nos ha dado pereza, pero te das cuenta de que es lo mejor para organizar la familia». Una familia que por el momento no va a ampliar.

Aunque no tiene fecha, lo más probable es que pase por el altar en torno al mes de septiembre en Cataluña. «No queremos un bodorrio, sino algo más íntimo. Iré con un vestido blanco, pero no el típico. Mi madre por ejemplo se casó con un vestido verde pastel muy hippie y cuando veo sus fotos digo: qué guay».

En cualquier caso, no será complicado encontrar un estilismo que le siente bien. La que tuvo, retuvo y aunque ya no entrena las ocho horas diarias que le exigía su profesión, sigue luciendo una figura envidiable. No tiene ningún secreto, o al menos no quiere desvelarlo. «Siempre he sido bastante activa y a veces, es un tema de metabolismo. Con poco que haga mi cuerpo responde muy rápido. Soy de comer bien, huyo de la bollería industrial».

Gemma tampoco reniega de la cirugía estética y reconoce que si en algún momento necesitase someterse a la voluntad del bisturí, lo haría sin ningún reparo. Comprende a aquellas mujeres que ya han pasado por el quirófano, para mejorar esa parte del cuerpo con la que no se sienten a gusto. «Me parece muy bien, si es para sentirse bien con uno mismo. Si yo lo necesitara, lo haría y me gustaría que me respetaran». Lo que le genera más rechazo son los excesos en el retoque fotográfico. «Si son cosas sutiles está bien. Quién no quiere salir más favorecido en una foto. El problema viene cuando se abusa. Es una manera de autoengañarse. Quizá es la artista la que lo pide».

Donde Gemma pasa palabra y prefiere no ahondar demasiado es sobre el tema Anna Tarrés. En la actualidad no les une nada, por lo que no mantiene ningún tipo de relación con ella. En su momento la exnadadora señaló a la entrenadora como motivo de su retirada. Ahora se muestra mucho más comedida. «Soy quien soy y he llegado a lo que he llegado gracias a ella, pero no acabamos bien. Me sentí muy incomoda al final y no me compensaba seguir compitiendo».