Doña Cayetana con la tiara
Doña Cayetana con la tiara - juan gyenes

La tiara más querida de la duquesa de Alba está en Nueva York

ABC localiza la diadema en manos de un marchante en Nueva York. «Gigoló» era el caballo que la duquesa le compró a Cayetano

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Los diamantes de «La Rusa» centellean cuando salen de la oscuridad de una de las dos cajas fuertes de Joseph Saidian & Sons, un joyero y anticuario de Manhattan. «En los últimos años, apenas nadie la ha tenido en sus manos», asegura Ariel Saidian, quinta generación de una familia de marchantes de joyas judíos originarios de Irán, de donde huyeron en los años 80 con la revolución islámica.

La aparición de esta tiara resuelve parte del misterio que rodeaba a una de las joyas más apreciadas por la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart. La heredó de su abuela materna, María del Rosario de Silva y Gurtubay, duquesa de Híjar, duquesa de Aliaga, condesa de Salvatierra y marquesa de San Vicente del Barco, entre otras dignidades. La diadema fue uno de los complementos que Cayetana eligió para el famoso retrato que ejecutó el fotógrafo Juan Gyenes y siempre tuvo un valor sentimental especial para ella.

Sin embargo, un buen día la tiara salió de la propiedad de la Casa de Alba. «Al parecer, la vendió por un caballo», dice con cierta incredulidad Saidian, de 26 años, que conjuga una camisa seria con unas zapatillas de baloncesto retro. El joyero sigue la propia historia que la duquesa ofreció en sus memorias «Yo, Cayetana». En su relato, vendió «La Rusa» para comprar a «Gigoló», un caballo de competición para su hijo menor, Cayetano, jinete empedernido.

La revelación causó sorpresa, ya que Cayetana había peleado siempre por mantener la integridad del patrimonio de la Casa de Alba. Y destapó la duda entre joyeros, historiadores y coleccionistas: ¿qué habría pasado con «La Rusa»?

Piezas únicas

«Mi padre se la compró a un marchante de joyas muy reputado de EE.UU», dice Saidian, mientras acaricia el filo de platino de la diadema. Prefiere no decir el nombre del intermediario, ya fallecido, pero duda de si conocía los motivos de la venta por parte de la duquesa o de si éste a su vez lo compró de otra persona. «Siempre hay confusión en estos casos», asegura.

Saidian habla desde el pequeño cubículo que la empresa familiar tiene en el Manhattan Art and Antique Center, un bazar en la Segunda Avenida, a pocas manzanas de la sede de Naciones Unidas. Hay medio centenar de negocios diminutos, donde se arrumban antigüedades, joyas, cuadros, esculturas... Su padre, a los 60 años, sigue implicado en la compañía.

«Mi familia goza de gran reputación en piezas icónicas de joyería», asegura Saidian, que cita la tiara Westminster, que estuvo en posesión de Harry Winston, como una de las grandes piezas que han formado parte de su negocio. Ahora cuentan con tesoros como el broche de perlas creado para la reina Amelia de Portugal con motivo de su boda y otro broche que perteneció a la duquesa de Windsor, Wallis Simpson. «Siempre estamos interesados en adquirir piezas de esta relevancia», dice.

Entre los misterios que todavía rodean a «La Rusa» está su creador. Para algunos, es obra del joyero madrileño Ansorena. «Yo creo que el origen es ruso», opina Saidian, por el diseño kokoshnik, que era el tocado oficial que llevaban las damas de la Corte Imperial rusa.

Más de 200.000 euros

Saidian sí sabe cuánto se gastó su padre en la diadema, a principios de la década de 1990, pero prefiere no decirlo. Tampoco su precio actual de venta, pero deja claro que no habría conversación por debajo del cuarto de millón de dólares (más de 200.000 euros).

«Su valor no está en el número [incontable] de diamantes, eso es irrelevante», explica. «Lo que importa es su procedencia. En EE.UU. la figura de la duquesa de Alba no tiene tanta importancia, pero sí para los museos y la nobleza europea. Probablemente, la pieza acabe volviendo a Europa», pronostica.

Para, como para muchos de sus colegas en España, es «desconcertante» que Cayetana de Alba se desprendiera de ese tesoro. «Es difícil comprenderlo desde fuera. Quizá le traía malos recuerdos», dice en referencia a los disgustos que la tiara le procuró a la duquesa.

Lo relató la propia aristócrata en sus memorias. Era 1977 y se casaba su segundo hijo, Alfonso, con María de Hohenlohe. Hubo roces y tensión entre la madre, el hijo y la futura nuera, con «La Rusa» de por medio. «Era una joya muy querida y simbólica para la Casa y para mí –escribió Cayetana-. Y Alfonso, duque de Aliaga, grande de España, era el primero de mis hijos que se casaba. Yo entendía que no eligieran un lugar más adecuado para su boda (se casaron en Marbella), pero que ella no quisiera llevar nuestra diadema me costaba comprenderlo, puesto que yo se la había ofrecido con todo el cariño y respeto a la tradición. Finalmente, la aceptó a regañadientes».

Años más tarde la volvería a vestir, esta vez sin enfados, Matilde Solís, en su boda con el primogénito de la duquesa, Carlos.

Los motivos de la venta de «La Rusa» no convencieron al historiador José Luis Sampedro, autor de «La Casa de Alba. Mil años de historia y de leyendas». «Sospecho que la duquesa de Alba tendría más problemas económicos, más gastos, que la mera compra de un caballo, por muy bueno que este fuera.», sostuvo.

Lo único cierto es que la tiara ahora está custodiada en una caja fuerte de máxima seguridad de un banco de Manhattan, de donde solo sale en ocasiones excepcioniales, como hoy. «La Rusa» está a la venta, pero los Saidian no han perdido la cabeza por encontrarle comprador. «Esperamos a que las condiciones del mercado sean las adecuadas para una pieza de esta importancia», dice poco antes de cerrar su tienda, mediodía del viernes, para cumplir con el shabbat.